(SALTA).- Por Diego Nofal.- El intendente Emiliano Durand recorrió la zona del río Arenales para advertir a las familias asentadas en sectores inundables sobre el riesgo ante posibles crecidas por el Súper Niño. Hasta ahí, una escena previsible. El problema es que la advertencia llega después de meses en los que la Municipalidad se dedicó a pedir recursos y a discutir con Nación, sin que se vean obras de prevención estructurales que cambien la situación de quienes viven en las márgenes.
Durand dijo que el hecho de que un río no haya crecido antes no significa que no lo hará en el futuro. Es cierto. Pero también es cierto que saberlo no alcanza: si el municipio conocía el riesgo, debía actuar antes, no limitarse a recorrer la zona cuando el fenómeno climático ya está encima. Las familias no necesitan solo advertencias; necesitan obras, reubicación digna y un plan concreto.
La Municipalidad realiza limpieza, desmalezamiento y monitoreo hidrológico. Son medidas útiles, pero paliativas. No reemplazan canalizaciones, defensas, planificación urbana ni una política habitacional seria. Mientras se anuncia prevención, la falta de obras estructurales deja a los vecinos en la misma vulnerabilidad de siempre.
El intendente pidió colaboración y que abandonen las zonas de riesgo antes de que sea tarde. La resistencia a dejar viviendas construidas durante años es comprensible, pero la responsabilidad no puede recaer solo en las familias. ¿Dónde está el plan de reubicación? ¿Cuántas viviendas se construyeron? ¿Qué obras se licitaron? ¿Qué partidas se ejecutaron? Sin respuestas, el llamado a mudarse suena a transferencia de culpa.
La prevención de desastres exige coordinación entre municipio, provincia y Nación. Nadie lo discute. Pero la Municipalidad no puede usar la pelea con Nación como excusa permanente. Reclamar fondos es parte de la gestión; ejecutar obras también. Y en ese punto, la ciudad sigue en deuda.
Salta debe aprender de experiencias pasadas. La seguridad de los vecinos no admite improvisaciones, demoras burocráticas ni campañas de advertencia que llegan cuando el riesgo ya está instalado. Si el municipio se pasó pidiendo recursos y discutiendo con Nación, lo mínimo que debe ahora es rendir cuentas: qué hizo, qué falta y cuándo estarán las obras que promete.