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Opinión

Gustavo Sáenz quedó debajo de Jaldo y Figueroa en el ranking de gobernadores

El gobernador salteño obtuvo un 53,4% de imagen positiva en octubre, pero el análisis advierte que la encuesta no refleja los resultados de gestión.

Gustavo Sáenz
Gustavo Sáenz

(SALTA) – (Por Diego Nofal).- Gustavo Sáenz figura tercero en el ranking de gobernadores con mejor imagen positiva correspondiente a octubre, según el relevamiento de la consultora CB Global Data que lo ubica con un 53,4% de valoración favorable detrás de Rolando Figueroa y Osvaldo Jaldo. Este dato, que el oficialismo probablemente exhibirá como un logro, merece sin embargo una lectura más matizada y menos triunfalista de la que se suele hacer en la provincia.

Un 53,4% de imagen positiva significa que casi la mitad de los salteños no comparte la evaluación favorable del gobernador y ese porcentaje no es un dato menor. La política provincial suele conformarse con la porción de aprobación y olvida que gobernar implica atender también a quienes disienten o desconfían de la gestión. La imagen positiva no puede convertirse en una excusa para ignorar las demandas de una sociedad que sigue esperando soluciones reales.

El ranking mide percepciones y no resultados concretos de gestión y esa distinción es fundamental para no confundir popularidad con eficacia. Sáenz puede tener una imagen aceptable pero los indicadores de pobreza, empleo informal y caída del consumo siguen mostrando una realidad mucho más compleja que la que reflejan las encuestas de opinión. La gestión pública no debería medirse por la simpatía que despierta un dirigente sino por la transformación efectiva de la vida de la gente.

La comparación con Figueroa y Jaldo también invita a reflexionar sobre los modelos de gestión que se están validando en el norte argentino. Mientras Neuquén exhibe indicadores de empleo y exportaciones que contrastan con la media nacional, Salta sigue dependiendo de la obra pública y del empleo estatal como motores de su economía. La diferencia no es solo de imagen sino de estrategia de desarrollo a largo plazo.

El oficialismo debería resistir la tentación de festejar un tercer puesto que no cambia sustancialmente el escenario político provincial. La imagen positiva es un activo que se administra con humildad y no con soberbia porque la confianza ciudadana es volátil y se pierde con la misma facilidad con la que se construye. Los salteños necesitan hechos y no solo encuestas favorables que alimenten el relato oficial.

La oposición también tiene una responsabilidad frente a este tipo de mediciones y no debería limitarse a descalificarlas sin proponer una alternativa creíble de gobierno. El electorado necesita contrastar propuestas y no solo escuchar críticas a la gestión vigente. La política salteña ganaría mucho si el debate se centrara en ideas y no en la coyuntura de las encuestas de ocasión.

El tercer puesto de Sáenz en el ranking nacional es un dato más de un contexto político que no se transforma por una medición de octubre. La provincia sigue esperando que la imagen positiva se traduzca en mejores hospitales, escuelas más dignas y un mercado laboral que ofrezca oportunidades reales a los jóvenes. Mientras eso no ocurra, cualquier celebración por un puesto en una encuesta resulta prematura y vacía.