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Opinión

Sáenz y el reclamo justo de una provincia que espera obras y no solo discursos

El gobernador volvió a reclamar obras para el norte, pero la provincia aún espera resultados concretos en infraestructura y gestión.

Gustavo Saenz
Sáenz

(SALTA).- El gobernador Gustavo Sáenz volvió a reclamar un federalismo real y obras de infraestructura para el norte argentino, esta vez durante la celebración por los 120 años de la Cámara de Comercio e Industria de Salta. Su discurso, cargado de referencias a las asimetrías entre el centro y el interior, tuvo el mérito de poner sobre la mesa una demanda histórica de la provincia. Sin embargo, el reclamo corre el riesgo de convertirse en un latiguillo vacío si no se traduce en gestiones concretas y en resultados palpables para los salteños.

El planteo de Sáenz es correcto en su diagnóstico. Las provincias del norte reciben menos transferencias nacionales, sufren el freno de obras clave y compiten en desventaja con los grandes centros urbanos por la radicación de inversiones. La demanda de un federalismo que contemple las particularidades territoriales antes de tomar decisiones desde los escritorios centrales es legítima y necesaria. El problema es que el gobierno provincial ha hecho de ese reclamo su principal bandera discursiva sin que se traduzca en una mejora sustancial de la infraestructura salteña.

La celebración de la Cámara de Comercio e Industria fue el escenario elegido para reiterar el pedido de obras, pero los empresarios que escucharon el discurso saben que las rutas siguen en mal estado, que la conectividad es deficiente y que la logística encarece cada producto que sale de la provincia. El federalismo que Sáenz reclama no se construye solo con discursos, se construye con gestión, con presupuesto y con una articulación efectiva con la Nación que vaya más allá de las declaraciones públicas.

La relación entre Salta y el gobierno de Javier Milei ha sido de colaboración en algunos aspectos y de tensión en otros. Sáenz ha sabido mantener un equilibrio que le permite reclamar sin confrontar abiertamente, pero ese equilibrio tiene un costo para la provincia, que sigue esperando las obras prometidas. La paciencia de los salteños tiene un límite, y el gobierno provincial debería tenerlo en cuenta.

El federalismo es una causa noble, pero también es una responsabilidad de doble mano. Mientras Sáenz reclama a la Nación, su propio gobierno debería revisar por qué la inversión pública provincial no alcanza para compensar las deficiencias de la infraestructura. La provincia necesita un plan de desarrollo a largo plazo que no dependa exclusivamente de la voluntad del gobierno de turno en Buenos Aires

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