(SALTA).- (Por Diego Nofal).- La invitación que Javier Milei extendió a Gustavo Sáenz para el encuentro con el Papa León XIV en el Palacio Libertad expone una vez más la fragilidad de la agenda provincial frente a los gestos de la política nacional. Mientras el gobernador se apresta a participar de una ceremonia protocolar en Buenos Aires, los problemas estructurales de Salta permanecen sin respuestas concretas y sin una hoja de ruta que trascienda la foto institucional.
La convocatoria presidencial alcanzó a todos los legisladores nacionales por Salta sin distinción de bloques y fijó el encuentro para el domingo a las 18.30 con un estricto código de vestimenta. El gesto de Milei hacia Sáenz puede leerse como un guiño de distensión, pero también como una señal de que la relación entre ambos sigue atada a la conveniencia y no a una coordinación seria de políticas públicas para el norte argentino.
El gobierno provincial no ha explicado qué temas llevará Sáenz a la mesa con el Presidente más allá de la formalidad del evento con el Sumo Pontífice. La salud pública sigue en conflicto con los anestesistas y el transporte urbano atraviesa una crisis de frecuencias que el Ejecutivo niega, mientras la agenda oficial se llena de actos protocolares que no resuelven los problemas cotidianos de los salteños.
La presencia de Sáenz en el encuentro con el Papa no debería ser un fin en sí mismo sino una oportunidad para plantear las urgencias de una provincia postergada en materia de infraestructura, financiamiento educativo y asistencia a los sectores más vulnerables. Hasta ahora no hay señales de que el gobernador vaya a utilizar ese espacio para algo más que una pose republicana sin contenido transformador.
La política salteña parece atrapada en una lógica de gestos hacia el poder central que no se traduce en beneficios tangibles para la gente. La invitación de Milei es un reconocimiento formal, pero también una vidriera que exhibe la ausencia de un plan provincial propio para resolver los problemas que la misma gestión provincial no logra contener.
El encuentro con el Papa León XIV puede ser una ocasión para reflexionar sobre el rol del Estado y la responsabilidad de quienes lo conducen. Sáenz tiene la oportunidad de demostrar que su participación no es un simple trámite protocolar sino un compromiso real con las demandas de una sociedad que espera respuestas y no solo fotografías.









