Connect with us

Hi, what are you looking for?

Elintra.com.arElintra.com.ar

Salta

Juzgan a 5 policías de Salta por el asesinato a golpes de un joven en un móvil policial

Se trata de uno de los casos de abuso policial más emblemáticos. Ocurrió el 26 de agosto de 2019, cuando una patrulla de policía intervino en el robo de un celular. Tras detener a un sospechoso, lo mataron a golpes porque se resistió.

Salta
Salta
banner

SALTA.- Desde hoy, la sala IV del Tribunal de Juicio juzgará a cinco policías de Salta por el brutal asesinato a golpes de un Cristián Exequiel Gallardo, un joven de 23 años de barrio Finca Independencia, a quien habían detenido por su participación en el robo de un teléfono celular. Debido a su resistencia, los uniformados lo introdujeron en un móvil policial y le aplicaron fuertes golpes, los que derivaron en su deceso.

El caso, comparado por su crueldad con las torturas aplicadas a dos detenidos en la comisaría de General Güemes en julio de 2012, ocurrió el 26 de agosto de 2019, cuando un vecino de esa barriada denunció el robo de su teléfono celular, lo que motivó la intervención policial.  

Además de los policías, también será juzgado un testigo, vecino de la zona, quien está acusado de haber falseado datos para favorecer a los policías, cuya actuación no pudo pasar desapercibida debido a un video grabado que se difundió en las redes sociales, en el cual se puede escuchar los gritos de dolor de la víctima.

En el juicio, según lo informado, el fiscal penal 1 de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, Leandro Flores, llevará adelante la acusación en contra de los policías Ricardo José Antonio Llaves, Lucas Maximiliano Ozuna, Ricardo Ezequiel López y Jorge Antonio Olea por el delito de homicidio culposo en concurso real con vejaciones calificadas.

Elio Maximiliano Moya, en tanto, será juzgado por falsedad ideológica en concurso ideal con encubrimiento agravado. Y contra Ángel Ismael Lozano se requirió juicio por falso testimonio en concurso ideal con encubrimiento.

El debate, que comenzará esta tarde, a partir de las 15, será presidido por el juez Roberto Lezcano junto a los vocales Maximiliano Troyano y Norma Vera. Dada la cantidad de testigos, se prevé que el juicio se extienda hasta el 3 de mayo próximo.

Dada la temática del caso, no se descarta que durante distintas audiencias se lleven adelante marchas en repudio por el abuso policial, una problemática que siempre está presente en los operativos que lleva adelante la policía local.

La detención


Según surge del expediente, el día del hecho, Gallardo fue detenido por la supuesta sustracción de un teléfono celular y una mochila. Todo se produjo cuando Llaves, Ozuna, López y Olea intervinieron para demorar a quienes fueron apuntados como los autores del asalto.

Dos de ellos huyeron por los techos, mientras que Gallardo se refugió en un lavadero y en su poder tenía un arma blanca, con la que supuestamente habían atacado al damnificado, arrebatándole su teléfono y otras pertenencias.

Gallardo, al ser descubierto en su escondite, se resistió abiertamente y se trabó en lucha con dos policías, quien procuraban sacarlo del inmueble. En este punto, la fiscalía alude que los efectivos, habiendo sido capacitados con técnicas de sujeción para este tipo de procedimiento, aplicaron maniobras inadecuadas, impropias y excesivas en su afán de aprehenderlo.

Mientras uno de los policías lo arrastró, cruzando su brazo y antebrazo desde el cuello haciendo presión, el otro trataba de sujetarlo de los pies. La intervención de estos efectivos no resultó suficiente para reducirlo dado que al salir a la vereda del inmueble Gallardo logra zafarse e intentó huir, pero a escasos metros fue detenido por dos efectivos que le aplican golpes de puño a la altura del abdomen y en el antebrazo izquierdo.

En la caja del móvil

Con el joven diezmado por los golpes propinados, los policías lo llevaron hasta la caja cubierta del móvil policial, donde esposado, lo pusieron boca abajo y continuaron aplicándole trato riguroso con golpes de todo tipo, lo que causó que el joven comenzará a gritar pidiendo ayuda, lo que llevó a un vecino a filmar el vehículo policial, grabación que se convirtió en una prueba clave para el caso.

Posteriormente, en la dependencia policial, Gallardo comenzó a tener dificultades para respirar, por lo que luego se solicitó una ambulancia, que, al llegar, constató que ya estaba sin vida, lo que motivo una profunda investigación de la justicia.

Entre las pruebas reunidas, la fiscalía destacó el informe de autopsia realizado al fallecido, donde se confirma que el deceso de Gallardo se produjo por isquemia aguda de miocardio, lo que fue corroborado por los profesionales médicos que integraron la Junta Médica que realizó la necropsia en forma posterior.

Los médicos también verificaron en su cuerpo numerosas lesiones producto del trato que recibió de parte del personal policial durante el procedimiento de detención y traslado. En base a ello, el fiscal Gustavo Torres Rubelt, quien pidió el juicio, sostuvo que los acusados “inobservaron los reglamentos que le incumben y le dispensaron un trato áspero y riguroso, provocándole lesiones en diversas partes del cuerpo”.

Respecto a Moya, se advirtió que con fecha 26 de agosto de 2019, encontrándose de oficial de servicio de la Base del Sector 6, consignó datos y situaciones que no correspondían a lo acontecido tras el arribo de Gallardo y la descompensación que sufrió. Tampoco se correspondían con los registros en el Libro de Guardia de la Dependencia, con la única intención de favorecer a sus colegas involucrados a fin de que eludan la persecución penal.

Sobre Lozano, la fiscalía señaló que, en ocasión de prestar declaración testimonial, omitió referir a las circunstancias acaecidas dentro de la caja del móvil cuando Gallardo fue subido para ser trasladado a la Base del Sector 6A de B° Democracia. Si bien expresó que allí Gallardo se resistió a que le colocaran las esposas, nada dijo de lo que exhibe el video aportado a la causa por `parte de la hermana del damnificado, en el que se aprecia la agresión perpetrada por uno de los policías. Debiendo entenderse que su silencio favorecía la situación a quienes lo auxiliaron tras el ilícito que sufrió en la vía pública, en el que había intervenido Gallardo.