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Salta

Bozal legal para el ex diputado Andrés Suriani y su campaña en contra del aborto

Se lo impuso una jueza subrogante del Juzgado de Violencia Familiar y de Género 2, quien benefició a una médica sindicada como “abortista” por el ex legislador en un mensaje subido a un grupo de WhatsApp. Un fallo que traerá cola.

Andrés Suriani
Andrés Suriani
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Un día después de jurar como jueza subrogante, Gisela Centeno firmó un fallo a través del cual impuso un bozal legal a Andrés Suriani, ex diputado provincial y referente del sector Provida, dándole así un fuerte golpe a la campaña que lleva adelante en contra del aborto.

La decisión, cabe señalar, la tomó en el marco de una denuncia radicada por la médica señalada por Suriani como la responsable de numerosos abortos que se realizan en el hospital Materno Infantil, en función de la Ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

En su resolución, la magistrada pone de manifiesta la denuncia de la profesional, quien afirmó que su honor se vio afectado por el escrache llevado adelante por el exdiputado en un grupo de WhatsApp, del cual ella no era integrante, pero que, debido a la viralización del mismo, terminó siendo público.

Por su parte, Suriani, al presentarse ante el juzgado no desconoció el mensaje ni las alusiones realizadas en el mismo respecto a su pensamiento en contra del aborto y respecto a los profesionales médicos que reciben ingresos por esta práctica.

Al margen de ello, el exdiputado afirmó que el mensaje fue emitido dentro de la órbita privada, amparada en el artículo 18 de la Constitución Nacional, por lo que rechazó la acusación realizada en su contra por la médica y aseguró que lo sucedido fue como resultado de la violación de su intimidad.

Sin que hubiera solución entre las partes, en una audiencia de conciliación, la jueza analizó el caso y se volcó por favorecer a la médica, enmarcando las acciones de Suriani como hechos de violencia de género que tuvieron como víctima la denunciante.

Compromiso internacional

Para ello, Centeno dedicó varios párrafos de su fallo con transcripciones textuales de tratados y convenios internacionales asumidos por el Estado Argentino, los cuales obligan a los operadores de la justicia a extremar las medidas que protejan el derecho de las mujeres.

En cuanto al derecho a la privacidad, con menos patrocinio internacional pero protegido por la constitución, la jueza reconoció que el mensaje surgió del ámbito íntimo, pero que debido a gran difusión se tornó en público, responsabilizando a Suriani por ello, pero no a los medios que lo reprodujeron.

Tampoco fue clara respecto a los parámetros y argumentos de los que se valió para determinar la responsabilidad de Suriani por la viralización del mensaje. Con el mismo criterio, siempre a favor de la víctima, sostuvo que el escrache a la médica supero el estándar de la libertad de expresión.

Con estos argumentos, la jueza intimó a Suriani a fin de que se abstenga de ejercer actos de violencia psicológica en medios de comunicación masiva, cualquier red social (vía telefónica, Facebook, whatsapp, Twitter, Instagram, etc.) y o cualquier otro medio que afecten la libre elección, dignidad y la imagen de la denunciante, bajo apercibimiento de desobediencia judicial y remitir las actuaciones a la justicia penal.

También lo exhortó a la estricta observancia de la normativa vigente en materia de violencia de género, Ley Nacional 26485, Ley Provincial 7888 y las Convenciones sobre Derechos de las Mujeres que gozan de rango constitucional (artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional), Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) y Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convención de Belém do Pará).

Con este fallo, la jueza le dio un golpe artero a la campaña del sector Provida, al cual Suriani era funcional y una pieza clave, por lo que no se descarta que el litigio siga, probablemente, con la presentación de algún recurso para hacer caer el fallo de la jueza.

Fundamentos

Para Centeno, en la causa se encuentra acreditada la “descalificación sufrida por la denunciante por ser no objetora de conciencia, y las implicancias que ello genera en la libre elección de las mujeres y personas con otras identidades de género con capacidad de gestar a decidir libremente y conforme a sus convicciones personales sobre su vida reproductiva”.

Según aseguró, el uso del término «Sicario» aludido a la médica, provocó que la profesional “se sintiera agraviada, discriminada, estigmatizada, degradada y expuesta, no sólo en el ámbito laboral frente a sus pares, sino también socialmente, sintiendo temor por su grupo familiar frente a la sociedad en general, atento a la existencia de personas que se encuentran en contra de la interrupción voluntaria del embarazo”.

En vista de ello, insistió en la necesidad de “garantizar el cumplimiento de los compromisos asumidos por el Estado Argentino en materia de Salud Pública y Derechos Humanos de las mujeres, resultando dable destacar además que, la progresividad de los derechos de las mujeres en los diversos ámbitos en los que desarrolla sus relaciones interpersonales no trae aparejado la regresividad de otros derechos”.

Respecto a la argumentación de Suriani, la jueza dijo que tal argumento “pretende confinar los hechos a la esfera privada y sostiene que la difusión de su mensaje constituye una violación a su intimidad y su correspondencia privada. Sin embargo, un examen detenido de la cuestión me permite arribar a la solución contraria”. Precisó, para ello, el rol que las dos partes cumplen en la sociedad, y la esfera o ámbito en el que el mensaje fue difundido. Aseguró que el mensaje publicado por Suriani, no fue dirigido a una persona en particular, sino que “lo fue entre sus contactos en el grupo de WhatsApp de la Red Celeste, el que trascendió del ámbito privado a la esfera pública, a punto tal que fue replicado por diversos portales”, situación que no estaba dentro de la capacidad de dominio del exdiputado, sin embargo, lo responsabilizó por ello.