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Ni flores ni bombones: el 8 de marzo, una jornada de lucha para revisar privilegios y abolir el patriarcado

Se necesitarán 18 años para cumplir con el cupo mínimo del 1% de cargos y puestos del Estado para la población travesti, trans y no binaria.

8M
Fuente: Alejandro Mora en Instagram.
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BUENOS AIRES.- El pasado 8 de marzo (8M), se llevaron a cabo manifestaciones en todo el territorio y en más de 40 países alrededor del mundo. El Día Internacional de la Mujer ha sido resignificado por las colectivas feministas como una fecha de lucha, donde se reflexiona sobre los privilegios en lugar de regalar bombones, felicitaciones vacías, piropos o poemas no pedidos o innecesarios y se combate contra la instauración del patriarcado

En Argentina y en muchas partes del mundo, las mujeres siguen experimentando una menor tasa de actividad y mayores niveles de desocupación, especialmente entre las mujeres jóvenes. Incluso cuando acceden a trabajos, suelen ser de menor calidad y en sectores con menores ingresos. Además, a este ritmo, se necesitarán 18 años para cumplir con el cupo mínimo del 1% de cargos y puestos del Estado Nacional para la población travesti, trans y no binaria.

8M por salarios justos, reconocimiento del trabajo comunitario y justicia no patriarcal

A partir de las 4 de la tarde del 8M, el colectivo “Ni Una Menos”, junto con trabajadoras de centrales sindicales y de la economía social y popular, convocó a una marcha hasta el Congreso en la ciudad de Buenos Aires. Las discusiones de este año giraron en torno a dos grandes ejes: la situación económica y la justicia patriarcal, clasista y racista que prevalece en la sociedad. 

En cuanto a la situación económica, los sectores sindicales exigieron salarios que superen la inflación, mientras que los movimientos sociales pidieron reconocimiento al trabajo comunitario realizado por las trabajadoras de la economía popular durante la pandemia. En cuanto a la justicia, se hizo hincapié en la revictimización de las mujeres en casos de violencia de género y la criminalización y persecución de lideresas populares.

Desde hace años, la invitación a movilizarse viene acompañada de un paro de actividades de las mujeres y disidencias. Esta iniciativa busca evidenciar que el trabajo es tanto formal como informal, doméstico y autogestivo. La organización de estas huelgas ha facilitado el cruce entre trayectorias sindicales y militancias feministas, demostrando que el movimiento feminista está presente en el sindicalismo y viceversa y que el 8M es un símbolo de lucha en todo el planeta.