Siempre, en toda elección, hay ganadores y perdedores; pero en esta oportunidad por el volumen político de lo que estaba en juego, a pesar de haber ganadores hay grandes perdedores. Obviamente, que el primer gran perdedor es Sergio Massa ya que no sòlo perdió la presidencia, sino que fue el mascarón de proa del barco kirchnerista-peronista que se hundiò. Porque hay que pensar que en esta elección la vigencia del peronismo, ese protagonismo como árbitro de la cuestión política de casi un siglo de historia se perdió.
El tema de fondo es que junto a Massa se han hundido, o por lo menos dañado gravemente todos aquellos que lo apoyaron, formando en la primera línea de caído el gobierno de Salta donde su Mandatario, Gustavo Sáenz, salió a nivel nacional a jugar un apoyo pleno y explícito al hombre que desde el ministerio de Economía de la Nación estaba haciendo las veces de un presidente de facto.
Ese apoyo abierto de Sáenz a su amigo personal, Sergio Massa, puso en juego mucho más que una elección, sino que asumió el carácter de un verdadero plebiscito de SU propio gobierno local. ante los salteños, Sáenz puso a consideración qué estaban opinando los salteños de su gestión. Y el resultado fue contundente como se vio.
Porque el gobierno de Gustavo Sáenz hubiera sido descollante, si acaso en Salta la gestión gubernamental hubiese tenido niveles de excelencia, seguramente el resultado hubiera sido más benigno. Los altos niveles logrados por La Libertad Avanza en municipios manejados por intendentes íntimamente ligados a Sáenz denuncia que al salteño no le interesa lo que está haciendo el gobierno provincial ni menos los municipales. El electorado salteño votó contra un sistema, contra una forma de hacer política.
Se puede decir sin temor al equívoco que hubo desde el oficialismo una subestimación de la capacidad de discernimiento del electorado pensando en que la vieja política del puntero, del bolsón, del dinero, el transporte al lugar de votación y sobre todo el apriete, volvieran a funcionar. El resultado fue un gasto millonario para nada.
Los municipios más emblemáticos de la provincia donde los intendentes son más saencistas que el propio Sáenz, son paradójicamente donde Javier Milei cosechó los porcentajes más altos. Esta no es una lectura menor que deben hacer, revela que ha terminado un tiempo y una forma de hacer política.
En la volteada cayó también el intendente electo de la Capital, Emiliano Durán, que acompañó al gobernador Sáenz hasta dentro del cementerio con su apoyo explícito a Sergio Massa. Luego, si Sáenz con haberse jugado con declaraciones de tono soberbio y manifiesto comprometió las posibilidades de un tercer mandato como especulaban en su entorno; Durán, directamente ha hipotecado su reelección en la Capital.
El razonamiento no es tan complejo, el voto masivo a Milei no sólo expresa un hartazgo de la ciudadanía hacia un gobierno que hundió literalmente al país en la pobreza y la postergación sino que también le está diciendo a la clase dirigente aquel axioma gritado en el año 2001 y nunca cumplido: ¡Que se vayan todos!
Claro que por las circunstancias excepcionales en que se dan estas circunstancias y a la luz de los resultados y dado que las próximas elecciones serán en 2025 para renovar Cámaras y Concejos Deliberante y en el 2027 para renovar gobernador e intendentes, el mensaje hoy serìa ¡No sigan!
El imperio de sostener un sistema y ganar las elecciones de Sergio Massa lo hizo apelar a todo tipo de artilugio incluso más allá de lo electoral. Ese apriete operado sobre los gobernadores, en particular el de Salta -Sáenz-, se trasladó a cada provincia. En Salta, desde el oficialismo saencista no se ahorraron aprietes ni dinero para imponer, primero a Pablo Outes como diputado nacional y luego al mismo Massa como presidente.
Todo le resultó útil a Sáenz para amedrentar a propios y ajenos para intentar lograr su propósito: mensajes de WhatsApp al primer círculo, luego a los cuadros advirtiendo que sus puestos estarían en peligro de perder Massa. Reuniones con los intendentes para literalmente apretarlos con la coparticipación, operativos en las escuelas del interior donde habrían votado hasta los fallecidos, todo fue válido para el oficialismo a la hora sacar a las calles a la horda oficialista. Pero no alcanzó y ahora habrá que pagar los platos rotos.
Por lo demás, esta patriada de Sáenz tendrá para la provincia de Salta un doble costo, tanto político como económico. Político, porque la relación Nación-Salta, ya nace devaluada con un mandatario que no sólo apoyó explícitamente a Sergio Massa sino que vertió conceptos adjetivando a Javier Milei. Y económica porque es de suponer que el esfuerzo por negociar los recortes que promete el programa de Milei pueden llegar a ser más complicados.
Ahora claro, tal vez, Gustavo Sáenz ponga en juego su conocida capacidad camaleónica para «cambiar de palo», como demostró durante su gestión en la Municipalidad de Salta a la cual llegó como «peronista» y se comportó como un fundador del PRO obteniendo del entonces presidente, Mauricio Macri, beneficios económicos que le permitieron generar obras que lo mostraron como un gran administrador. Lástima que Macri no pudo continuar un periodo más y el kirchnerismo retornante lo dejó sin la misma cantidad de recursos mostrándolo en su primer periodo como gobernador como lo que es, Gustavo Sáenz, nomás.
El tema es que aquel era un tiempo donde los políticos podían disfrazarse de algo según exigieran las circunstancias, pero ese escenario ahora cambió radicalmente, es más, ha desaparecido. Y para colmo de males, en esta oportunidad se sentará en la Casa Rosada un presidente que les ganó a TODOS JUNTOS. El domingo se terminó una etapa de la historia política contemporánea y con ella se destrozaron los restos de partidos políticos, sobre todo del peronismo. Dicho de otra manera, hoy, el gobernador de la provincia de Salta enfrentará a un presidente con una fuerza política emergente en la soledad de un campo electoral netamente desfavorable y sin partido político que lo respalde porque el peronismo fue destruido por la ingeniería política que el oficialismo armó para este año.
La parada no es fácil porque a los problemas que traerá la aplicación de una política restrictiva que según ya analizan en los círculos cercanos a Sáenz impactaría primero en los miles de Agrupamientos Políticas (AP) que vienen heredados en algunos casos desde Roberto Romero con altos importes sin prestación alguna, luego, en el «dinero de la política», o sea aquel que mantiene a los grupos militantes por llamarlo así o «punteros» que son la fuerza de choque en cada elección y finalmente, la pléyade de asesores, eufemismo para designar a los amigos que cobran por el sólo hecho de serlo.
La otra preocupación que le sobreviene al gobernador Sáenz por estas horas es la posible paralización de la obra pública que pasaría a ser de gestión pública-privada y que hasta que se implemente como sistema se calcula a priori que dejaría a unos seis o siete mil salteños sin trabajo.
La política de apriete salvaje, si se quiere aplicar el término, operada sobre los intendentes y en particular sobre los electos que los obligó a predicar a Massa en sus municipios, dejó varios heridos en el camino. A ello hay que sumarle que las dudas sobre la coparticipación comprometen las relaciones con los alcaldes que a esta altura del año ya miran hacia el Grand Bourg buscando salvar el fin de año con los sueldos y aguinaldos. Esto se agrava cuando casi todas las gestiones municipales que finalizan este fin de año dejan los municipios en rojo.
Tampoco tiene ya Sáenz herramientas judiciales a las cuales echar mano ya que él en función de su genuflexión con el gobierno nacional fue uno de los más entusiastas firmantes de la Solicitada promovida por el presidente, Alberto Fernández, para ampliar el número de jueces de la Corte Suprema a 25 miembros.
Esa iniciativa subió todavía más la tensión entre el Gobierno nacional y el máximo Tribunal y los gobernadores pensaron que sería una buena propuesta «federal» que impactaría sobre la cuestión de la coparticipación. La zanahoria que siguieron los gobernadores fue pensar que con ese criterio de federalismo podrían tener su propio juez en el Alto Tribunal.
Esta situación impacta en el proyecto que mantenían «in pectore» los cercanos a Sáenz de un tercer mandato en el año 2027 echando mano al expediente de una interpretación jurídica del artículo de la Constitución Provincial que le permitió un tercer mandato a Juan Carlos Romero y a Juan Manuel Urtubey. Así, Sáenz ya no podría pensar más que en dejar el gobierno cuando finalice su segundo mandato ya que existe jurisprudencia en el caso de las postulaciones de Juan Manzur como vice en Tucumán y la de Sergio Uñac para gobernador en San Juan, observadas por la Corte Suprema porque podrían, en principio, poner en riesgo la periodicidad de funciones de gobierno consagrada en la Constitución Nacional.
Los que perdieron en Salta
En definitiva, los dos grandes perdedores en Salta son Gustavo Sáenz y Emiliano Durán que siguió la suerte de sus mentores, el gobernador y el todopoderoso, Nicolás Demitròpulos. Y todo el problema reposa sobre una operación armada hace largo tiempo que funcionó hasta las elecciones pasadas pero que ahora ya quedó obsoleta. El sistema de Frente ha llegado a su fin.
Es que el electorado, la ciudadanía, ya no compra las fórmulas que le preparan en los cenáculos privados y le ofrecen a votar. Hasta aquí, en Salta no hubo democracia plena porque la gente no elegía sino que legitimaba con su voto lo que se decidía en los acuerdos de cúpulas.
En el medio juega la cuestión de la legitimación de los candidatos porque en las últimas elecciones el grueso de los intendentes y el propio gobernador, Gustavo Sáenz, ganaron legalmente las elecciones, es verdad, pero con porcentajes que no superan el 30%; es decir, el universo del 70% en promedio no los legitimaron. Esto debilita al sistema democrático y resuelve que la enfermedad termine alcanzando a los autores y propagadores del virus, por decirlo así.
Otro gesto antidemocrático aplicado por el gobernador Sáenz y que contribuyó a debilitar el sistema fue la eliminación de las PASO, con lo cual se coartó la posibilidad de participar y elegir a los afiliados de los partidos. De esa manera las fórmulas presentadas bajo la forma de Frente atomizaron a los partidos políticos y consagraron como candidatos a personajes designados por el dedo del gobernador.
Esa estrategia se volvió en contra del propio gobierno de Salta ya que el voto que consagró a Javier Milei se movilizó desde las redes sociales y allí jugaron su parte los jóvenes y adultos a los que se les privó de participar directamente.
Ese sistema impuesto con la eliminación de las PASO dio lugar una serie de irregularidades conexas como la prolongación de facto y antidemocrática operada por el gobernador de Jujuy Gerardo Morales en favor de Miguel Nanni quien formó como un vasallo de Sáenz y también pagó el precio del cambio de mentalidad quedando fuera de toda expectativa. Deberá dejar su banca en el Congreso Nacional en diciembre y perderse en la noche de los tiempos.
En definitiva, lo que asoma en el horizonte político de Salta son nubes negras que harán que el gobernador, Gustavo Sáenz, inicie su segundo mandato debilitado por todas partes: en lo económico, con los recortes que aplique la nueva administración nacional, con su partido de base -el Justicialismo- destruido, con dirigentes inmediatos a èl que como las aves carroñeras advierten este escenario y ya están armando sus huestes para ir por el sillón gubernamental en el 2027 y con un electorado que ha despertado y mira a Sáenz con ojeriza.
La carencia absoluta de un sistema de comunicación política que le permita al gobernador Sáenz conectarse de manera eficiente con la gente es, por fin, otra ausencia a la cual jamás le dieron importancia. Se terminó también la época del «panem et circenses» imitando a Sandro o entonando alguna disonante zamba en los festivales.
Decir comunicación no es perorar en el micrófono de la Radio Aries con un producto ya vencido como Mario Peña que tiene una audiencia mínima, tampoco reportajes ocasionales con periodistas del elenco estable. Un demócrata habla para todos y con todos.
El domingo pasado terminó un tiempo histórico y un modo de hacer política «a la criolla». el triunfo de Javier Milei no sólo impuso una nueva forma de hacer política que quizás abre la puerta a la formación de un nuevo partido político de alcance nacional. ¿Qué harán los peronistas y radicales? ¿Los de la izquierda?
En suma, Sáenz no sólo enfrentará los desafíos descritos, sino que deberá afrontar la tarea de conducir a la provincia hacia un nuevo tiempo político donde habrá que generar una reforma política que exhume partidos y abra la puerta a nuevas expresiones, sobre todo municipales.