Los hechos y circunstancias ocurridos recientemente con el resultado del balotaje denuncian que la herencia residual presenta los primeros síntomas de la descomposición que está sufriendo el tejido social. Al reclamo legítimo de los que «marchan a cuenta», también es necesario agregar que se hace necesario repensar
en un nuevo Contrato Social.
El Sistema está agotado. La eliminación de los partidos políticos para imponer un sistema electoral basado en Frentes ya sufre la metástasis consecuencia de una concentración de poder exagerada. Bastaría mirar a cualquier democracia exitosa para comprobar que el sistema argentino está calcificado por la permanencia
“ad eternum” de políticos algunos ya cercanos a la tercera edad.
Esta gente es incapaz de comprender los cambios globales y de conciencia
que se están operando en el mundo. Pensar que la cuestión política se
decide entre izquierdas o derechas es tener la visión de un topo. Esa dicotomía ya fue superada, hoy se juegan en la política otros estándares donde principios como la libertad, el progreso, la expansión de la conciencia, la superación de todo dogma, entre muchos otros, son los nuevos paradigmas a los que hay que atender.
En Salta ya quedó demostrado, por ejemplo, cómo los gremios han quedado superados por las bases y los gobiernos han demostrado su incapacidad para contener a la gran masa que además de necesitada es aguijoneada por los militantes de un sistema nihilista que ya no existe en el mundo. Las columnas que marchan van como ganado sin objetivo ni finalidad.
La cuestión y el desafío ahora pasan por imaginar políticas que contengan a esos sectores que ya no se sienten representados ni por los gremios ni por los mismos gobiernos. Esto último surge del dato que arrojan las últimas elecciones de este año donde la abstención y el voto en blanco han sido la nueva mayoría. No sólo las
instituciones intermedias son ya legales pero no legítimas sino también los gobiernos locales y cuando eso ocurre se abre la puerta a la anomia y al caos social.
En Salta es urgente y necesario consolidar el liderazgo del gobernador para la nueva etapa que debe iniciar el próximo 10 de diciembre a fin de que el agua no se
termine de desmadrar y para eso es imperioso colocar gente con capacidad para manejar la crisis, abrir instancias de diálogo en orden a las nuevas ideas que se van
a imponer y que protejan a la figura del gobernador porque cuando la crisis golpea a la imagen del que gobierna se pone en peligro la institucionalidad.
Existen cuatro pilares claves en la resolución de los problemas sociales: La Educación porque sin un sistema educativo moderno, que prepare para el «No trabajo», para trabajos que todavía no existen y se continúe en la senda de «enseñar» con principios decimonónicos y perimidos sólo se entrenan manadas de chicos y jóvenes que se lanzan a la calle pensando en trabajos que ya están dejando de existir.
Luego, es importante un Sistema de Salud potente, que contenga desde la «Salita» hasta el hospital de alta complejidad. En el siglo XXI no se puede tener ciudadanos
haciendo colas desde la madrugada para obtener un turno a tres o más meses. Los turnos hoy se piden por teléfono. Pero nada hacemos con esto sin una política
pública de conectividad y con centros hospitalarios que tengan desde la curita hasta el remedio complejo. Y nada nacemos si los hospitales tienen todo eso pero no tienen médicos. Se trata de darles a los profesionales condiciones para el arraigo regional.
De hecho, hay aspectos de la Educación y la Salud que deben municipalizarse. Pero para eso tenemos que tener intendentes que por lo menos hayan terminado el
secundario y sepan que existe Google y ahora la Inteligencia Artificial. La Seguridad es otro asunto que requiere una mente moderna y la seguridad es consecuencia de la educación. Los pueblos educados en una conciencia cívica reducen el delito. Así, la fuerza policial debería dejar de ser en el inconsciente colectivo sinónimo de «Infantería y palo» para volver a ese antiguo concepto del «policía amigo».
Pero para eso que hoy suena a utopía es preciso modernizar la formación de la Fuerza y unificar el mando eliminando las «tribus» con cacicazgos regionales. Como todo cuerpo uniformado debe existir una cadena de mandos que termina en el ministro de Seguridad, o sea, este debe comprender cómo se maneja una tropa. ¿Se entiende? Por fin, el eslabón más importante en un staff es el Ministro de Gobierno
que debe actuar como componedor de la situación social.
Este puesto no es para nada menor porque no sólo debe contener, armonizar la política con los distintos sectores sino generar instancias políticas. Para eso es necesario un individuo capacitado (que por lo menos pronuncie las «S») y esté al corriente del cambio global. Debe ser alguien que haya leído a Rousseau y comprenda la necesidad urgente de un nuevo Pacto Social o «Contrato Político»
según las ideas que hoy modelan a los países más modernos.
Un gobierno, en definitiva, debe mirar por lo menos a veinte años más allá y advertir que no vivimos una época de cambios sino UN CAMBIO DE ÉPOCA donde la
absolutización del poder provoca conflictos como los que se están viendo. El uso de la Inteligencia Artificial para buscar consejos no es un dato a desdeñar. Los ministros deben ser personajes ilustrados, porque no basta un título para serlo sino que se requiere de una mentalidad que vaya más allá del común. Si un conductor no conoce la hoja de ruta terminará estrellando el vehículo.
Ilustrados significa tomar ejemplos de nuestros grandes muertos. Hoy tenemos que saber advertir el mundo de posguerra que se viene. Más allá del lamentable saldo humano la guerra entre Ucrania y Rusia y entre Israel y los grupos terroristas cuyo final es incierto aún, igualmente es una oportunidad para las economías regionales. El siglo XX dejó excelsos ejemplos de doctrina política donde abrevar. Los principios sociales de Alem, Yrigoyen.
Los postulados de Palacios, los criterios éticos de Lisandro de la Torre y sobre todo
la doctrina Justicialista. Juan Domingo Perón habrá sido todo lo que se quiera pero fue un pensador y un visionario. En aquella conferencia de la CGT de 1974 definió con claridad meridiana el mundo que se venía y hoy todo eso está ocurriendo. El “trasvasamiento generacional” es un principio liminar de Perón que los mismos autopercibidos peronistas parecen desconocer porque no cumplen. Se terminó
el tiempo de la democracia de los amigos y para los amigos. Estamos viendo los resultados del estancamiento del Sistema.
Es el momento preciso para que Salta de un ejemplo de haber comprendido este signo de los tiempos convocando a los más capaces, a los que piensen en términos
de Inteligencia Artificial y hayan llegado por lo menos al Renacimiento. Diálogo, gestión asociada, asesores capacitados, convocatoria abierta, equidad social, entre los más importantes son presupuestos necesarios e inmediatos. De otra manera nunca dejaremos de ser una aldea. Y para colmo con un conflicto social grave.