Connect with us

Hola, ¿qué estás buscando?

Elintra.com.arElintra.com.ar

Semanario

Gustavo Sáenz: Se terminó el tiempo de cambiar todo para que nada cambie

Tiene dos méritos, el que haberse construido políticamente a sí mismo, porque no heredó el poder ni fue ayudado para fundar un espacio con nombre propio, y el de no tener ningún escrúpulo en ponerse la camiseta que más le convenga a sus intereses.

Por Matilde Serra

Hay dos cosas que no se le pueden negar a Gustavo Sáenz, su militancia política y su capacidad para mimetizarse con los distintos gobiernos de turno. Una tercera sería su afición a convertir el gobierno en un asilo de amigos sin advertir que los tiempos exigen tener una mirada fría de estadistas antes que ser un proveedor de beneficencia a los cercanos.

Por lo demás, Gustavo Sáenz, tiene dos méritos, el que haberse construido políticamente a sí mismo, porque no heredó el poder ni fue ayudado para fundar un espacio con nombre propio, y el de no tener ningún escrúpulo en ponerse la camiseta que más le convenga a sus intereses. Esa carrera de construcción de poder comienza hacia 1995 cuando después de la derrota electoral que sufriera el Partido Renovador de Salta, que había llegado a serla segunda fuerza política superando al peronismo, cuando este último se unió logró reconquistar su hegemonía al ritmo de «Todos unidos triunfaremos».

Y resultó verdad. Por aquellos años la artimaña pergeñada para engañar al electorado llamada «Ley de Lemas» conseguía colocar en la silla municipal a un histórico peronista, Juan Carlos Villamayor, un pintoresco personaje, lenguaraz y actor de comedia política que terminó sus días envuelto en un escándalo por supuestos pedidos de coimas que tuvo alcance nacional. Son recordadas sus palabras ante quien «le tendió la cama», un empresario al que le dijo: «Unos están al 20, otros están al 30%».

Tal fue aquello que «Villita» fue entrevistado en directo por Mariano Grondona en el Programa «Tiempo Nuevo», donde revalidó que además de supuesto coimero era un papelonero. De ese cuño proviene Gustavo Sáenz, que estrenó su título de político como primer concejal de Villamayor, aunque no pudo ser presidente del Cuerpo en virtud de los acuerdos preexistentes, pero allí nacía un producto muy particular de la política salteña. Desde allí a un acuerdo político-societario,siempre en términos políticos se entiende con Miguel Isa, hubo sólo un paso.

Y mientras el populachero Isa desandaba sus continuas reelecciones como intendente de la Capital de Salta, Sáenz se empeñaba en continuar construyendo poder, siendo reelegido también por cuatro veces con concejal, un «cursus honorum» que inició a los 25 años como presidente de la Juventud Peronista, cuando esta existía. Tras revistar como jefe de Gabinete y secretario de Gobierno, presidió Cooperadora Asistencial en tiempos de su «maestro» Miguel Isa, para saltar luego como senador de la Capital con la nada despreciable cantidad de votos que requiere un intendente para coronarse, aunque esa zaga se truncó cuando la ciudadanía cansada de Isa votó masivamente al Partido Obrero cuya representante, Grabriela Cerrano, le ganó la banca

Una “traición” oportuna y la denuncia contra “la vieja política”

Los resultados adversos hicieron reaccionar a Sáenz en contra de su propia matriz, el justicialismo, a cuya cúpula acusó de haberle soltado la mano lo que significó su alejamiento y el inicio de un nuevo modus operandi que se podría definir en la letra de aquella canción «No soy de aquí, ni soy de allá». Aquel 2015 fue fundamental y quizás fundacional para Sáenz cuando entre gallos y medianoche terminó inscripto como candidato en el armado que lideraba Juan Carlos Romero como candidato a gobernador secundado por Alfredo Olmedo.

El sector romerista apostaba a su «pollo», Guillermo Durand Cornejo como candidato a ganar la intendencia de la Capital y Sáenz revistó allí con la bendición de su amigo, Sergio Massa, que lideraba a nivel nacional el sector antiK del peronismo. Fue el estreno del discurso saencista contra «la vieja política» y su lanzamiento como cantante e imitador de Sandro más cercano a un encantador de serpientes que a un estilo artístico. Sin embargo, ese pasar de político de raza a showman le dio buenos resultados, una técnica que aplicaría luego en su campaña a gobernador donde no expresó ni una sola idea política salvo vaguedades y canciones. En esa oportunidad, Juan Manuel Urtubey, revalidó su título como gobernador superando a la fórmula Romero-Olmedo, con la denuncia de Romero de fraude.

El delfín, Durand Cornejo tampoco pudo llegar a la intendencia y el único producto que les quedaba como esperanza para salvar el momento era potenciar a Sáenz para la intendencia, cosa que el romerismo se negó a hacer. Gustavo Sáenz,se quedaba solo. Hay que reconocer que abandonado por su propio grupo emprendió en soledad la campaña hacia el sillón del Centro Cívico Municipal y lo ganó, un favor de su mentor, Miguel Isa, que era candidato a la vice gobernación con Urtubey.

Había una razón para esto,Durand Cornejo había prometido terminar con los manejos de la Cooperadora Asistencial, algo que daba en el eje del protagonismo político de Isa. En esas circunstancias aparecería el ofrecimiento de Sergio Massa para acompañarlo como candidato a la vicepresidencia de la Nación. Si bien la aventura no tuvo final feliz, sirvió para impulsar la figura de Sáenz a los planos nacionales, algo que sabría aprovechar muy bien.

“Tengo estos principios, pero sino le gustan,tengo estos otros”

En ese punto es donde comienza a demostrarse la camaleónica habilidad de Gustavo Sáenz para quedar siempre bien parado con quien sea que estuviera en el gobierno nacional.

La primera prueba fue, Mauricio Macri, con quien estrechó una relación tal que le permitió recibir distintos aportes del gobierno nacional con los que realizó obras en la Capital nunca hechas hasta ese momento. Favores que devolvió apuntalándolo a Macri en la provincia donde los votos le eran mezquinos. Como dice el dicho «obras son amores»,lo realizado en la Capital tal vez haya sido el atenuante frente a los escándalos de las facturas truchas, una reunión con un operador y el fiscal Carlos Stornelli que le valió la acusación mediática de «valijero» y alguna extraña explosión en el edificio municipal que conmovió a toda la ciudad y que jamás se aclaró.

De allí en más, la política se convirtió para Gustavo Sáenz en una perinola donde apostaba al «Toma todo» y tendió lazos en su momento con Patricia Bullrich, reuniones sociales en la casa de Horacio Rodríguez Larreta y por supuesto, asados en El Tigre con Sergio Massa. Cuando el proceso político lo alcanzó este año dispuso poner en juego toda esta experiencia y apostó a todos; claramente al lado de Massa pero también a Juntos por el Cambio colocando alfiles en las dos listas de ese espacio, dejando muy en claro y repitiéndolo que «Mi límite es Javier Milei». La necesidad tiene cara de hereje Perola realidad electoral hizo que todos los puentes tendidos por Gustavo Sáenz fueran arrasados por el contundente triunfo de Javier Milei, y demostrando que a las palabras se las llevan los votos, fue el primero en presentarse en el Hotel Libertador para saludar al presidente electo y reunirse con dos de sus futuros funcionarios, a horas de haber firmado junto a otros gobernadores un acuerdo para garantizarse el dinero para los sueldos y aguinaldos. En política vale todo y más cuando la situación es crítica como la presente y se puede ver con algún manto de piedad estos continuos saltos de izquierda a derecha de Sáenz, pero el problema ahora más que nacional es local porque el hombre que predicaba contra la «vieja política», a punto de iniciar su segundo mandato no sólo no ha avanzado hacia una modernización en la concepción de hacer política sino que profundiza el modelo muy salteño de «amigos son los amigos y más que amigos». La realidad muestra que tanto a nivel internacional como nacional el sistema ha ingresado en una etapa totalmente nueva, incluso desconocida que obliga a pensar el poder como una herramienta hacia el futuro y aconseja abandonar las viejas prácticas conservadoras de digitar el poder a través de acuerdos de cúpulas. Así, durante los primeros cuatro años mantuvo ya en modo hasta caprichoso a ministros que no daban la talla para afrontar las situaciones que se les proponían. Tres casos paradigmáticos se podrían consignar que fueron el ministerio de Seguridad, siempre ocupado por hombres ajenos a ese tema,sin idea de lo que significa ordenar y mantener a la fuerza policial con el resultado de que la criminalidad en todo sentido se ha incrementado en la provincia. El otro caso aún más lacerante ha sido el del ministro de Educación, Matías Cánepa, quien está en el cargo desde el minuto cero y de no ser por la presión de las circunstancias podría haber continuado, tal es su expresado públicamente deseo. Cánepa no jerarquizó la carrera docente,suspendió la Resolución que permitía las capacitaciones y no pudo arreglar ninguno de los conflictos docentes que en el último año alcanzaron límites nunca vistos. Tampoco fue eficiente la labor del ministro de Gobierno, Ricardo Villada, quien por su estratégico cargo debió haber ordenado una oposición responsable, haber abierto vías a una participación mayor y generado las ideas políticas que los cambios antes mencionados reclaman. En esa área no hay construcción política de ninguna clase en un momento en que el consenso para asegurar la gobernabilidad para el periodo que viene es imprescindible. Todo sigue siendo,ni siquiera más de lo mismo, sino peor de lo mismo. A días de asumir el segundo mandato sólo dos nombres son nuevos en el gabinete,siendo que «nuevos» es un eufemismo ya que se trata de reemplazar a Cánepa por Cristina Fiore, una multicargo todoterreno y servicio que a lo largo de décadas fue ocupando funciones públicas de todos los colores nunca fue más allá de una aplicada «firmà aquí». En un tiempo donde la educación y el conocimiento son las materias más sensibles para el progreso de una sociedad se echa mano de lo «viejo» para pensar algo nuevo. Peor resulta la situación en Desarrollo Social, un área que toca al nervio de una gestión de gobierno y donde existen serias dudas si habrá para repartir lo que antes se daba en orden al criterio del presidente electo que sostiene la necesidad de terminar con la justicia social, es decir, el reparto a título gratuito. En ese sitio se ha nombrado a Mario René Mimessi, un intendente que deja al municipio de Tartagal que gobernó estos cuatro años envuelto en llamas literalmente. A esta altura no sorprendería que el próximo equipo de gobierno se integre con elementos surgidos de aquel procedimiento llamado en el ejército «revolver el fondo de la olla», y extraer lo que se encuentra para ponerlo en la primera fila. Para quien ha tenido la habilidad de sortear los enormes desafíos que sus 25 años de militancia política le opusieron y salir ganador siempre, es una contradicción continuar manteniendo procedimientos que son anteriores a la época de la llegada de Juan Domingo Perón al poder. La sociedad ha expresado que requiere un cambio, que no quiere más de lo mismo ni con los mismos, por eso, sería importante que Gustavo Sáenz, de cara a un nuevo mandato y con un presidente que promete cambiar los paradigmas económicos,políticos y hasta sociales vigentes hasta ahora, proceda de otra manera, llamando a formar un gabinete de consenso y con los más capaces de la sociedad. Ese cambio expresado por la sociedad es a la vez un llamado de atención y un peligro para quienes pretenden continuar con los procedimientos de la vieja política. No sea cosa que insistir con los mismos procedimientos y personajes termine haciendo realidad aquella frase del mismo Perón: «La sociedad marchará con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes».