SALTA – Entre los años 1995 y 1997, el ex gendarme Sergio Raúl Nazario, de estrecha relación con la familia Romero, asumió y se desempeñó como Secretario de Seguridad de la Provincia bajo el primer gobierno de Juan Carlos Romero, quien se jactaba de la eficiencia de su alfil por tener a raya manifestantes sociales, en especial, después de haber cesanteado a miles de trabajadores estatales.
Con mano dura, Nazario parecía destinado a un extenso reinado extenso, pero solo duró dos años y no porque el gobernador, ahora senado nacional, estuviera molesto por su gestión, sino por la denuncia de una persona que lo reconoció como uno de sus torturadores en el centro clandestino Olimpo.
Es más, sostuvo que el entonces funcionario de Seguridad se hacía llamar “Estevez”, apelativo al que se le agregó luego el rango de comandante, cuando en realidad nunca llegó a esa jerarquía. Con su pasado emergiendo como la punta de un iceberg, Romero se apuró a desplazarlo.
Así, de pronto el rudo secretario de seguridad desapareció. No se supo más nada de su vida hasta 2002, cuando el ex juez Claudio Bonadío (f) ordenó su detención, casualmente, por una investigación iniciada en su contra por su participación en numerosos y graves delitos de lesa humanidad.
En 2019, Nazario estaba alojado en la Unidad carcelaria N°34 “Campo de Mayo” del Servicio Penitenciario Federal, cuando finalmente el Ministerio Público Fiscal de la Nación formalizó que sea juzgado por delitos de lesa humanidad, en el marco de la causa conocida como ABO, por tratarse de un circuito represivo que incluía tres centros clandestinos de detención: Atlético, Banco y Olimpo.
Condena
El jueves pasado, en tanto, el Tribunal Oral Federal 2 de la Ciudad de Buenos Aires, integrado por Jorge Gorini, Rodrigo Giménez Uriburu y Nicolás Toselli condenó a Nazario, junto al ex gendarmes Miguel Pablo Lugo, a la pena de 25 años de prisión por considerarlo partícipe necesario del delito de privación ilegal agravada por haber sido cometida por funcionario público con abuso de sus funciones o sin las formalidades prescriptas por la ley, y por mediar violencia y amenazas, en concurso ideal con el delito de imposición de tormentos agravados en relación con las condiciones de cautiverio impuestas, reiterado en 124 ocasiones, de las cuales 90 se encuentran agravadas por su duración mayor a un mes, e imposición de tormentos agravados por la condición de perseguido político de la víctima en 124 ocasiones.
Los jueces indicaron que esos delitos concurren materialmente entre sí y en forma ideal con el delito de abuso deshonesto agravado en un hecho y con el delito de violación agravado por grave daño a la salud y por el concurso premeditado de dos o más personas reiterado en siete ocasiones.
La pena, impuesta a Nazario y a otros represores juzgados por los mismos hechos, fue impulsada por el fiscal general Alejandro Alagia, el auxiliar fiscal Agustín Vanella y la auxiliar fiscal Berenice Timpanaro, integrantes de la Unidad de Asistencia para causas por Violaciones a los Derechos Humanos durante el Terrorismo de Estado
En relación a intervención de Nazario, la fiscalía repasó los distintos testimonios que acreditaron la funciones que cumplió el acusado en el circuito represivo, y puso de relieve su desempeño como enlace entre centros clandestinos de detención. «Con todas las pruebas analizadas tenemos acreditado que Sergio Raúl Nazario, nombre de cobertura ‘Esteves’, intervino en el centro clandestino Olimpo como miembro de la inteligencia de Gendarmería Nacional», sostuvo.
La acusación coincide con el requerimiento de juicio elevado en 2019, en el que los fiscales explicaron las imputaciones penales contra Nazario. Al respecto, los fiscales dijeron que “se han valorado diversos elementos probatorios” existente contra el acusado.
Pruebas
Tal como surge del legajo personal de la Gendarmería Nacional Argentina, Nazario, luego de realizar un curso de Técnico en Inteligencia, prestó funciones en la Dirección de Inteligencia hasta el 23 de marzo de 1979.
“En el informe de antecedentes y calificación del año 1977/78, el Comandante Mayor Héctor Domingo Yemmi, en su juicio ampliatorio respecto de Nazario señaló que se trataba de un oficial “en comisión cumpliendo difíciles tareas las que realiza a entera satisfacción, serio, correcto, subordinado. Me merece concepto de sobresaliente”, señaló respecto al ex funcionario de seguridad salteño.
Los fiscales aseguraron que Nazario “al desempeñar sus funciones en el Olimpo, utilizaba el apodo “Estévez”, a los fines de no ser identificado”. Sustentan esa afirmación en los testimonios de dos personas, quienes tuvieron una posición privilegiada para los hechos, porque compartieron destino en el Destacamento Móvil 1 de Campo de Mayo, donde habrían conocido a los gendarmes que luego fueron afectados al Olimpo –entre los cuales se hallaba Nazario-.
“En esos testimonios se otorgaron precisiones respecto a la implicación de Nazario en el circuito represivo en cuestión, las cuales, al ser cotejadas con el resto de los elementos, resultan ser verosímiles y significativas para acreditar la vinculación de Sergio Raúl Nazario con los hechos”.
Por otra parte, las pruebas acumuladas, permitieron a los fiscales sostener que el ex secretario de Seguridad romerista tenía asistencia perfecta a uno de los centros clandestino. “Los testigos lo señalaron como parte de la patota: “iba todos los días, desde que empezó a funcionar el Olimpo hasta que cerró. Él iba a hablar por teléfono con una detenida, pactaban a cambio de información. Se la llevaban por unos días y después volvía. Nazario andaba en un Renault 12 y siempre lo dejaban estacionado afuera”, dijeron. Además, se constató que “Nazario antes y después del traslado del 6 de diciembre, cumplía funciones en el Olimpo, no se lo puedo deslindar de haber realizado un aporte necesario para el simulacro de traslado para su posterior de las personas individualizadas”.