Por temor o por prudencia, el gobernador, Gustavo Sáenz, en su discurso de asunción del segundo mandato caminó por el filo de la navaja asumiendo una postura firme para los salteños, pero dejando el mensaje subliminal de que no será el duro que mostró en la campaña con el actual gobierno nacional. Tal vez por consejo de sus asesores, Sáenz, no mostró un carácter de gaucho aguerrido como en los tiempos en que defendía a Sergio Massa,sino más bien se mostró como un felino manso, de esos que se dejan acariciar, pero gruñen un poco para demostrar que no están del todo domesticados.
Si bien para el momento del discurso de Sáenz en la Legislatura salteño, el presidente, Javier Milei, no había expresado todavía nada en su exposición en la explanada del Congreso Nacional, en el mundo político ya eran sabidas las líneas generales de la política que se viene, principalmente el ajuste que como ya fue anunciado «va a caersobre el Estado y no sobre los privados». El problema es que en Salta la línea que separa ambos órdenes es muy delgada porque la gran mayoría de los privados vive y sino forma parte del Estado.
Entonces ¿Cómo se ajusta en Salta? El primer fantasma que sobrevolaba durante la campaña y que formaba el centro del discurso de Sáenz era la advertencia de que si se quitaba la coparticipación había que cerrar la provincia porque no se pagarían ni los sueldos. Ahora se sabe que la coparticipación no se toca, pero sí se recortarán las transferencias discrecionales a las provincias de donde se nutren muchos negocios conexos al Estado y se pagan parte -o gran parte- de los costos políticos, entendiendo portales, asesores «ad aeternum», agrupamientos políticos y hasta empleados públicos que jamás aparecen.
O sea, esos fondos que ya no vendrían mantienen la estructura política que juega en el terreno en tiempo de elecciones. Cuenta también el hecho de que, al no existir aprobado un presupuesto nacional, tampoco se puede hacer lo propio con el provincial, por lo que la economía al menos por ahora se manejaría con el mismo esquema restando los montos que se vayan recortando desde Nación.Incertidumbre sobre el futuro inmediato sería la expresión más acertada.
¿Y con el gabinete, qué hacemos?
Lógicamente, conexo con lo anterior se sigue la cuestión del gabinete que acompañará a Sáenz durante este segundo mandato, sobre todo en orden a los desafíos que propone este cambio de paradigma político, económico y social. La sensación que recorre el espectro político y dirigencial de Salta es de decepción ya que se esperaba un cambio más significativo de nombres, especialmente atendiendo a esa nueva coyuntura nacional, pero no; el gabinete de Gustavo Sáenz es más de lo mismo, o peor de lo mismo.
Huelga abundar más sobre las dos designaciones más esperadas y criticadas como fueron la de Cristina Fiore en Educación, nombramiento que ya produjo corcoveo en los gremios que no aceptan a la figura de la «Rulitos» y dicen -según una fuente cercana- «Con Fiore no podemos esperar más que lo mismo que tuvimos con Cánepa, nada», e inmediatamente armaron una rueda de conversaciones de donde se filtró que «Si no hay un cambio profundo, se va a repetir el escenario de todos los años, las clases demoradas por los paros». Será que protestarán al estilo norteamericano, circulando, porque ya saben lo que pasará si realizan el tradicional ritual de cortar el ingreso de la ciudad o las calles céntricas.
Un alto jefe policial dijo sarcásticamente en estos días «Los muchachos de infantería le están pasando lustre a los bastones». Por lo demás, el pétreo, Sergio Camacho se mantiene en Infraestructura a la vez que hace las veces de Coordinador en el escritorio que utilizaba el ahora diputado nacional, Pablo Outes. El náutico -por la lancha que gasta en el Dique Cabra Corral-, Ricardo Villada, se mantiene en Gobierno, Derechos Humanos y Trabajo; en el ministerio de Economía y – Ministerio de Producción y Desarrollo Sustentable: Martín de los Ríos y su tradicional ponchito; Mario Peña en Turismo; Marcelo Domínguez en Seguridad y Federico Mangione en Salud Pública. O sea, cambiar un poco para que nada cambie.
Como el miedo no es zonzo y Sáenz si no lo sabe por lo menos lo intuye, o al menos alguien le debe estar advirtiendo, el cambio operado en el país es significativo y con esta gente la provincia sería inviable. No es una opinión sino un dato empírico que surge del mismo resultado electoral que lo consagró para un segundo mandato que revela que casi un 70% de la población no acepta su gestión. Por eso se comenta que este gabinete es transitorio y duraría hasta febrero o marzo del año próximo cuando para entonces ya se tenga noticias ciertas del presupuesto nacional, de la política a implementar y sobre todo, ver cómo están las relaciones entre la provincia y el gobierno nacional.
El otro interrogante que circula es qué pasará con la pauta publicitaria a los medios que tienen a la gestión Sáenz blindada y no se escribe ni una línea sobre las cuestiones de la política profunda de Salta. Alguno de los posibles afectados por un eventual recorte sostuvo lacónicamente que «Hecha la ley, hecha la trampa». Donde también existe movimiento de voces interno es en la Policía de Salta donde se sabe desde siempre que hay algunos jefes que al modo de tribus capitanean algunos sectores de la Fuerza y se estarían moviendo para descabezar a la cúpula con la cual no estuvieron de acuerdo nunca, pero en orden a un criterio adoptado hace largo tiempo se decidió privilegiar la tranquilidad política y social antes que los reclamos internos.
Tal vez, producto de ese movimiento interno habría sido la redacción del Decreto Nro. 854, en virtud del cual, el gobernador Sáenz le aceptaba la renuncia al jefe de Policía, Comisario, Mariano Ceballos, quien en una desprolija maniobra política terminó siendo confirmado en el cargo lo mismo que su segundo, el Comisario, Pablo Vilte. La explicación oficial dijo que la aceptación de las renuncias fue «sólo una formalidad», atendiendo a que ante el inicio de otro mandato gubernamental correspondía poner a disposición esas dimisiones. Aceptable desde el punto de vista ético, pero confuso desde lo político.
Entre los uniformados corre el rumor de una supuesta «operación» para hacer creer que había llegado el tiempo de irse de Ceballos y Vilte que al final se quedan. Entre esos»jefes tribales» se manifiesta cierto desagrado por el modo en que la situación se saldó y expresan que se siente manipulados. La cadena de mandos no está compacta y no estaría funcionando aquella máxima que disciplina: «Subordinación y valor». A la confirmación de cargos ministeriales le siguió la asunción de secretarios de Estado que en total suman unos 45, cuyas funciones serían asistir a los distintos ministros. Las redes sociales acusaron el impacto de todos esos nombramientos, en su casi total mayoría personajes que continúan reciclándose y se preguntan los ciudadanos¿Dónde está el ajuste de la política?
El Boletín Oficial denuncia la recuperación de personajes que revistaron en anteriores gestiones y que regresan con nombramientos matrimoniales incluso repartidos en distintas áreas. Bien es cierto que Gustavo Sáenz no tiene nada que ver con el viejo tronco justicialista pero los ingresados tampoco tienen relación con el saencismo más rancio.
Hacia la tercera Gestión saencista en la Capital
El viejo dicho reza que «nunca segundas partesfueron buenas» y la experiencia reciente dicta que las terceras menos, y en los hechos, para el ciudadano capitalino de Salta, la que comenzó es la tercera gestión de Sáenz y que más allá de algunas obras viales importantes y otras menores, los grandes problemas de la periferia urbana como el crecimiento de los asentamientos debido a la incesante migración del interior que sigue en abandono, la falta de agua potable en esos lugares y en el mismo centro y macrocentro; la falta de cloacas y un deficiente sistema de iluminación y una inseguridad creciente, por decir de los más importantes nada más, continúan en este tercer periodo para una masa ciudadana que constituye prácticamente la mitad del electorado de la provincia de Salta.
En estas circunstancias, donde la política en el país está dando una vuelta de campana, se impone poner en juego a la imaginación para ir sufragando los problemas que se avecinan que sumarán a los ya existentes y no resueltos.La prudencia política aconseja migrar hacia un gobierno de consenso y buscando a los más capacitados porque los acuerdos con los distintos sectores sociales serán la base de una estabilidad o gobernabilidad .Por este camino la Gestión para Sáenz puede convertirse en una cuesta arriba muy empinada y escabrosa,casi tan peligrosa como maniobrar en un camino estrecho y bordeando un precipicio