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Opinión

Un equipo que no acompaña: Gustavo Sáenz pierde fuerza y se aleja la idea de un tercer mandato

El gobernador Gustavo Sáenz está solo y lo estaría más todavía en caso de algún conflicto social.

SALTA – Por Matilde Serra – La vida tanto de las personas como de los pueblos se construye sobre una base empírica que debiera servir de diagnóstico a los gobernantes, sólo que estos últimos no suelen hacer caso de los datos que la realidad les entrega. Y se aferran a continuar viviendo en una burbuja, que como en el caso de la provincia de Misiones, estalló como una pompa de jabón. Como lo que ocurre en el Gabinete de Gustavo Sáenz que, no tiene a nadie idóneo y capaz de acompañarlo.

De allí entonces que aquel viejo dicho que reza: «Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar», resulte ajustada y como una advertencia para las provincias vecinas, particularmente Salta donde todo parece estar tranquilo pero es como esos incendios forestales donde en la superficie no se ven las llamas pero el sotobosque está ardiendo.

Luego, deberían los funcionarios salteños observar las dificultades y problemas que enfrenta Misiones y los movimientos y la incipiente agitación social en otras provincias para tomar medidas preventivas a fin de evitar caer en situaciones similares. El manual más clásico de la política enseña sobre la necesidad de tener prudencia y anticipación para evitar desbordes futuros.

Ahora, la agitación social puede surgir por una variedad de razones que provienen de las  tensiones políticas, económicas, sociales o culturales, y en Salta, están presentes todas y en conjunto. Sólo un ánimo o un carácter más apacible del salteño unido a una dirigencia gremial tibia o vendida al poder quizás esté evitando que esta provincia no haya sido pionera en materia de desborde social.

Baste recordar nada más los recientes conflictos docentes que pusieron en jaque al mismo gobierno que debió ceder a los pedidos de los gremios desnudando además la incapacidad de quien estaba al frente del ministerio de Educación –Matías Cánepa- que ni siquiera pudo salir a poner la cara ante la circunstancia.

Hoy, la situación es más colorada que entonces porque a las falencias del sistema educativo salteño hay que añadirle la eliminación del Fondo de Incentivo Docente practicada por el gobierno nacional. Entonces: Problemas salariales en el sector, falta de cobertura de necesidades de personal en las escuelas, ausencia de jerarquización de la carrera docente, paralización de la capacitación, recortes presupuestarios y necesidades emergentes en el ámbito de la educación rural y para terminar de sumar ingredientes explosivos, el costo del boleto del transporte a $ 690. ¿Cuánto tiempo podrá resistir un gremio tan combativo como el docente esta situación?

Por último, conviene recordarle al gobierno salteño que debe tener cuidado y actuar con diplomacia en esta coyuntura ya que la docencia fue desde Roberto Romero el gremio que puso en apriete a los gobernadores. Incluso el mismo Juan Manuel Urtubey, que todos los gobernadores fue quien se destacó por su capacidad para desactivar conflictos hasta con un sector tan complejo como la policía, tuvo que ceder ante la docencia firmando un aumento salarial del 37% que hubo de hacer extensivo al resto de la administración pública. ¿Qué pasaría con un Gustavo Sáenz cuyo equipo adolece de todo tipo de diplomacia y capacidad resolutiva si se planteara una situación similar?

La rebelión de los Pitufos

Obviamente el subtítulo es una metáfora en tono humorístico aunque de trasfondo serio y complejo y que alude al movimiento policial de Salta. Decir “movimiento policial” puede resultar para el lego en estas cuestiones un tanto desproporcionado; sin embargo, es necesario conocer la idiosincrasia del policía y su cohesión en lo que tradicionalmente se denomina “espíritu de cuerpo”.

Si los docentes se han mantenido en una relativa calma en la turbulencia de estos tiempos, se debe a que no tienen un liderazgo, de hecho, los sindicatos docentes han sido deslegitimados ya y superados por las bases que responden en los hechos más a esa fusión extraña e indolente llamada “Autoconvocados”. Con la policía ocurre lo mismo, el cuerpo responderá a un líder que no se muestra aún, o bien, está adormilado entre una plana mayor complaciente con el oficialismo gobernante.

Ahora bien, la policía tiene dos versiones en su morfología institucional; por una parte, es la pirámide jerárquica que comanda quien ejerce la jefatura de la Fuerza, pero por otro lado, están las “tribus” por llamarlas de alguna manera, que son los distintos grupos afincados en cada lugar de la geografía salteña y que responden a “caciquejos” locales. Prueba de ello han sido los grupos de policías desviados de su vocación que fueron sorprendidos formando siempre gavillas localizadas.

Si todavía resta considerar algo más para abonar esta hipótesis, es el fracaso en su gestión del primer Jefe de Policía nombrado por la entonces recién asumida Gestión Sáenz, el Coronel (RE) Juan Manuel Pulleiro que venía de revistar nada menos que como Jefe de la 5ta. Brigada de Montaña. Esta experiencia sumada a sus estudios universitarios sobre seguridad no sirvieron a la controlar a una Fuerza que se amotinó en su momento y que casi le cuesta el puesto además al ministro de Gobierno, Ricardo Villada.

Bastaría que desde algún sector de esa pluralidad de “jefachos” –como los llaman en la jerga policial-, alguno se decida a liderar un reclamo que ya se expresó con el acampe de los retirados frente a la misma Casa de gobierno, para que se encienda una chispa que pueda resultar en un motín a lo Misiones. El gobernador Sáenz debería preguntarse entonces: ¿Hay algún ministro en condiciones políticas de intervenir en una cuestión tan delicada como sería esa? Mirando a ojo raso nomás el plantel ministerial hay que concluir que no. El gobernador Gustavo Sáenz está solo y lo estaría más todavía en caso de algún conflicto social.

La policía siempre tuvo la misma estrategia en Salta. Desde tiempos antiguos primero comienzan a manifestarse los retirados o los familiares, es obvio, los uniformados no lo harán porque va en ello su trabajo, pero esta vez y por las mismas razones que a los otros sectores el apriete viene parejo, sumado además el disconformismo y la falta de reconocimiento que la Fuerza tiene hacia el ministro de Seguridad, Marcelo Ramón Dominguez, de quien opinan que es “un académico de escritorio que jamás supo lo que es poner el pecho por dos mangos”, como lo expresara un alto miembro de la cúpula policial.

Otros vendrán que tu casa desordenarán

La soledad del gobernador, Gustavo Sáenz, va creciendo alrededor suyo como una mancha de aceite. Sólo los hijos y entenados más cercanos –y más beneficiados, obviamente- lo escuchan y ejecutan –mal, también obviamente- los deseos e indicaciones del “Supremo”; incluso más, hasta sueñan y por estos últimos tiempos lo dicen públicamente, con un tercer mandato del reformador de la Constitución provincial y que expresó su palabra de cumplir dos mandatos.

De ese anillo de genuflexos a sueldo, a muy buen sueldo, por cierto, para abajo, la realidad es muy distinta y diversa. Ya el otrora monolítico bloque de diputados se ha partido oficialmente, porque verbalmente desde hace largos meses los “saencistas” venían diciendo de su disconformidad por ser tenidos en cuenta sólo a la hora de levantar la mano.

En los hechos, todavía la Cámara de Diputados y de Senadores aparece unida junto al gobernador, pero en verdad es que ya las grietas comienzan a notarse y a medida que se acerquen las elecciones del año próximo las diferencias y espacios serán mayores, sin duda.

De hecho, en las últimas dos semanas, un prominente miembro de enlace, podría llamarse, entre la Legislatura y el Grand Bourg, comentó que “arriba” están mirando con cierto recelo el tour peronista que inició el presidente de la Cámara de Diputados y del propio Partido Justicialista, Esteban “Tuty” Amat, quien levanta su carpa circense peronista cada semana en un municipio distinto, repartiendo diplomas y distinciones a los compañeros, expresando que los tiempos de la “CAP” (Comisión de Acción Política) han terminado y ahora comienza el momento del retorno al peronismo.

El mismo relator de lo anterior agregó que sobrevuela en el ambiente la sospecha de que este paseo provincial es la avanzada de una futura candidatura a gobernador en 2027 de Amat. Si bien la política carece de toda lógica, algunas veces uno más uno da dos y en este caso los números de la operación estarían cerrando.

Otro miembro del peronismo ortodoxo opinó que la patriada del “Tuty” Amat es “oportuna y necesaria” ya que los libertarios se están armando y presentarán un partido sólido el año próximo. Esto, sumado a que si el presidente, Javier Milei, logra bajar los beneficios de la recuperación macroeconómica con que presume hasta ahora a los bolsillos de los trabajadores, del pueblo común, la derrota del peronismo se puede cantar desde ahora mismo.

El problema es que a diferencia de otras derrotas que fueron coyunturales, de darse el escenario de un Milei consolidando la economía y mejorando el consumo, esa derrota será estructural y terminaría de desparramar a un peronismo agónico y exhausto, sin líderes, sin programa alternativo y sin candidatos.

Sólo los necios  e interesados que parecen editarle a Gustavo Sáenz un  “Diario de Yrigoyen”, pueden pensar en un tercer periodo y que todo el armado político que han hecho hasta aquí y que les funcionó volverá a serles útil. Los tiempos han cambiado, no existe un orden ni un liderazgo en el peronismo nacional, menos en el de Salta, y esto tiene a los militantes, a ese grueso grupo de votantes que sufre a diario la recesión económica, esos que en las villas, en los agrestes lugares rurales y se derraman a diario por las calles viendo que los únicos que viven bien y cada vez mejor son los funcionarios, muy “calientes”.

Un fenómeno que nadie parece contarle a Gustavo Sáenz es que esos militantes barriales, la gente de los barrios, esos que históricamente votaron cualquier cosa que les proponía el peronismo y el pseudoperonismo, ahora se expresan en cada mitin y dicen verdades que en Grand Bourg caerían bastante mal.

Ha ocurrido en el encuentro en homenaje a Eva Perón donde la “militancia” mayoritariamente femenina, por supuesto, a los alaridos reclamó la ausencia de todo funcionario supuestamente “peronista” desde el gobernador para abajo. Salvo, Walter Wayar, Gastón Galíndez, Marcelo López Arias y algún que otro dirigente sindical o barrial, nadie más asistió.

Durante ese acto se escucharon calificativos irreproducibles contra los diputados nacionales, Pablo Outes y sobre sobre todo contra Pamela Calletti y Yolanda Vega por su condición de mujeres “peronistas”. También cayeron en la volteada, Socorro Villamayor, Cristina Fiore y Laura Cartuccia, todo un ramillete para quienes las mujeres pidieron lisa y llanamente la expulsión del Partido Justicialista.

Y este es el mayor síntoma de que la dirigencia padece un autismo grave porque a pesar de esa manifestación de rechazo de las bases y que además se escucha también en las reuniones que preside el propio Esteban Amat en su calidad de presidente del PJ Salta, en la primera reunión del Consejo del Partido Justicialista se aplaudió a los diputados nacionales “peronistas” que votaron a favor de la Ley Bases. Fueron tratados como “Héroes de Malvinas”, dijeron un grupo de furiosos peronistas.

Conclusión

Es evidente que en Salta y a la luz de los acontecimientos que vienen sucediéndose, el oficialismo tendría que bajar del Limbo en que vive, sobre todo el gobernador, Gustavo Sáenz, para tomar contacto con la realidad porque el caldo de cultivo para cualquier tipo de desborde ya tiene todos los ingredientes y se viene cociendo a fuego lento. ¿Van a esperar a que se ponga a punto caramelo?

Por otro lado, cuando falta un año para las elecciones legislativas, el gobernador Sáenz, debería meditar en que el mayor error que puede cometer –y todo dice que lo hará- sería volver a presentar los viejos nombres de funcionarios que llevan dos o más décadas dando vueltas en el bolillero. Nuevas figuras es la clave para enderezar esta nave ya bastante escorada.

Y en tercer lugar, tomar conciencia real de la gravedad de la cuestión social que está recalentándose. Tal vez, el gobernador carece de servicios de inteligencia que le anticipen lo que está pensando la gente, pero si el periodismo lo sabe, sólo que complaciente ante la pauta no lo publica y todo sigue cuesta abajo en la rodada.

Un tercera periodo para Sáenz, primero sería anticonstitucional, luego, tal como está la situación, tienen que asumir que el tablero fue pateado y que un tiempo de gestionar la política a dedo se va terminando. No darse cuenta o no querer aceptar lo que está ocurriendo y mantenerse obstinados en la misma historia de siempre, no sólo traerá como resultado una derrota ante los libertarios, sino que habrá sido el fin del peronismo como partido hegemónico en Salta.

Y la posteridad dirá: “Sáenz, lo hizo”.-