SALTA – (Por Pablo Kosiner) El pasado 1 de Julio se cumplieron cincuenta años del fallecimiento del ex presidente constitucional Juan Domingo Perón, creador del Movimiento Nacional Justicialista y de una ideología política en función de la cual gobernó nuestro país en tres oportunidades, siempre de manera democrática.
Las actuales circunstancias políticas y sociales de nuestro país, obligan mas que hacer un recordatorio histórico sobre su figura, a poner sobre la mesa si la realidad argentina en cuanto a los criterios de desigualdad social vigente, responden a los parámetros que Perón imaginó para su “comunidad organizada, la responsabilidad de quienes gobernaron en nombre del peronismo, y que salida tiene el peronismo hacia el futuro. Planteándose como primer desafío potenciar un proceso de reconciliación con la sociedad que le dio la espalda en la última elección.
El sondeo del Observatorio de la Deuda Social de la UCA en el último trimestre del 2023 al momento de finalizar el gobierno de Alberto Fernández, registró un índice de pobreza del 44,7% lo que implica 17,5 millones de argentinos viviendo con niveles de bajos ingresos, viviendas precarias, educación insuficiente, o inseguridad alimentaria. Situación que sin la vigencia de planes sociales hubiese representado en ese momento un 49%.
Dentro de ese esquema social al finalizar ese gobierno que dijo gobernar en nombre del peronismo, 4,2 millones de compatriotas vivían en la indigencia, o sea un 9,6%.
Pero, ¿cuál era la realidad en este aspecto en 1974, al momento del fallecimiento del General Perón? Y allí la respuesta es escalofriante. La pobreza por ingreso afectaba solo al 4,6% de los argentinos con una desocupación mínima del 3%.
La elección de este dato vinculado al desarrollo de los niveles de pobreza no es antojadiza. Siendo la “justicia social” el concepto medular sobre el cual se construye y proyecta el peronismo, la evolución de la pobreza nos permite afirmar a priori que la estructuración social argentina al finalizar el último gobierno peronista dista mucho de representar una organización social en la que se encuentre consolidada una convivencia pacífica y prospera estructurada sobre la base de la igualdad de oportunidades, la vigencia plena de los derechos humanos y la equidad en la que cada persona pueda desarrollar el máximo potencial y sobre lo cual se desarrolle una sociedad en paz.
Obviamente si tomamos en cuenta la aplicación de las nuevas políticas ultra liberales, anarco capitalistas y desreguladoras del actual presidente Milei, estos índices de desigualdad y exclusión han aumentado tal como lo demuestra la evolución del índice Gini en los últimos seis meses, los indices de la UCA y las tasas de desempleo reconocido por el propio INDEC en datos oficiales.
Estos datos deben completarse con una realidad política, la consecuencia directa de los dos últimos gobiernos peronistas fue la imposibilidad de su reelección o sucesión de otro presidente peronista. Pero lo más llamativo es que a los dos le suceden gobiernos que se definían mas vinculados a la derecha (Macri) o ultra derecha (Milei).
Cristina no pudo garantizar la elección de Scioli y Alberto ni siquiera pudo aspirar a su reelección teniendo que recurrir a Massa quien pese a grandes esfuerzos no pudo garantizar el triunfo electoral.
Entonces. ¿Que hacer frente a un movimiento que lejos de haber cumplido con el mandato ideológico de su líder y conductor, no logró consolidar un esquema de movilidad social ascendente y progreso y quedó preso de los planes sociales extraordinarios para evitar la profundización de la exclusión?
Como hacer para no seguir desaprovechando las oportunidades que la sociedad argentina le da al peronismo cada vez que ante el descontento llegan opciones que pretendiendo gobernar en nombre de la libertad de mercado, la destrucción del estado y las desregulaciones generan realidades peores, mas injustas, y desiguales que aun los errores del mismo peronismo a la hora de gobernar.
Esa es la gran discusión del momento. Frente a tamaño problema, la primera conclusión sería que sin el peronismo es muy difícil, pero con el peronismo sólo no alcanza. Que ya no existen liderazgos únicos en los que la discrecionalidad y la falta de debate anulen al resto.
Asumiendo toda la tarea pendiente y los errores cometidos, el peronismo debiera constituirse en eje convocante de un gran espacio nacional, popular y democrático en el que la coincidencia fundamental debería ser no desde la identidad partidaria sino de los valores a confrontar con la visión perversa, individualista, egoísta y ultra economicista de los libertarios gobernantes.
Entender que el debate de hoy no es de partido sino desde que lugar se reconstruye un nuevo contrato social que vuelva a tejer lazos de equidad y desarrollo en los que la gente este adentro y no afuera.
El desafío está planteado, y es recuperar la relación desde la política hacia la sociedad, construir nuevos liderazgos para consolidar una gran concertación nacional para recuperar un Estado al servicio de los argentinos y recuperar niveles de inclusión social y laboral que hagan real homenaje a los postulados de Juan Domingo Perón.