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Opinión

La fiscal Sofía Cornejo Solá difundió públicamente sitios de bullying entre menores

En lugar de ceñirse al guion institucional sobre protocolos de seguridad escolar, la fiscal Cornejo Solá optó por un camino más directo y absolutamente contraproducente para la psiquis juvenil.

Sofía Cornejo Solá

SALTA.- (Por Diego Nofal) La transformación de ciertos funcionarios judiciales en figuras televisivas es ya una marca registrada de la política salteña y en ese circo la fiscal Sofía Cornejo Solá compite palmo a palmo con la exjueza Ada Zunino. Ambas desfilan por los canales de aire con una soltura envidiable buscando esa popularidad efímera que en esta provincia suele confundirse con currículum idóneo para ascender. La maniobra es bastante transparente y se asemeja a la de un caniche toy bien peinado que mueve la cola frente a las cámaras esperando que el dueño del poder le alcance un caramelo o un jugoso aumento de salario. La fiscal Cornejo Solá parece necesitar con urgencia justificar los metros cuadrados de su residencia en el exclusivo San Lorenzo Chico y para ello no duda en exponerse hasta el ridículo.

Sin embargo hay una diferencia sustancial entre la actual Defensora del Pueblo y la titular de la Fiscalía de Ciberdelitos y esa diferencia se llama fineza o simple y llana prudencia comunicacional. Mientras Ada Zunino al menos cuida las formas y simula cierta gravedad institucional frente a las cámaras, Sofía Cornejo Solá actúa con la sutileza de un elefante en una cristalería jurásica. La reciente entrevista concedida por la fiscal a raíz de las alarmantes amenazas de tiroteos en escuelas salteñas dejó un ejemplo prístino de su capacidad para empeorar aquello que supuestamente intenta arreglar. Resulta inverosímil que la máxima autoridad provincial contra el delito informático termine regalándole a los propios acosadores un mapa del tesoro del escarnio adolescente.

La escena fue tan bochornosa como predecible y alcanzó para que el periodismo local se agarrara la cabeza con resignación profesional. En lugar de ceñirse al guion institucional sobre protocolos de seguridad escolar, la fiscal Cornejo Solá optó por un camino más directo y absolutamente contraproducente para la psiquis juvenil. Mencionó con nombre y apellido digital las plataformas y los sitios de redes sociales donde los menores de Salta se dedican específicamente a escrachar y violentar psicológicamente a sus compañeros. Uno esperaría que la funcionaria a cargo de perseguir el ciberbullying se guarde esos datos para una investigación seria y reservada pero ella prefirió convertirse en la principal community manager de los bullies provinciales.

Cualquier padre o educador con dos dedos de frente sabe que en el ecosistema escolar la viralización de un espacio de odio equivale a darle una medalla de honor a sus creadores. Para un adolescente que maneja estos foros clandestinos el hecho de que una fiscal salga en la televisión nombrándolos no es una denuncia represiva sino un diploma enmarcado de popularidad. Se lo contarán por WhatsApp a sus amigos lo celebrarán con stickers obscenos y aquellos compañeros que aún no conocían el sitio ahora tienen la dirección exacta para sumarse a la lapidación virtual de algún pobre chico de primer año. Es un despropósito tan gigantesco que roza lo surrealista y demuestra que la fiscal desconoce por completo cómo funciona la mente de un nativo digital.

Esta no es la primera vez que la doctora Cornejo Solá demuestra que su manejo de la temática cibernética es tan volátil como la señal de internet en la Quebrada del Toro. Hace apenas unos meses la funcionaria sostuvo con una convicción férrea y un gesto adusto frente a los micrófonos que las empresas de telefonía celular tenían intervenidas las líneas de todos sus clientes. Según su peculiar teoría las compañías monitoreaban llamadas y mensajes en tiempo real y le pasaban a ella un informe detallado cada vez que detectaban algo mínimamente sospechoso o irregular. Fue una declaración tan grave que en cualquier país serio hubiera desatado un escándalo de espionaje masivo sin precedentes y varias comisiones investigadoras en el Congreso.

Por fortuna para la tranquilidad de los salteños y para la desgracia del rigor periodístico a la fiscal Cornejo Solá ya casi nadie le cree ni el pronóstico del tiempo. Si esa afirmación sobre el espionaje telefónico la hubiera soltado un juez de primera línea o un ministro del gabinete provincial hoy estaríamos inmersos en una crisis institucional de magnitudes bíblicas con cables de Wikileaks y renuncias forzadas. Pero como la autora es la fiscal de ciberdelitos el episodio se disolvió en el aire como un chisme de verdulería dejando apenas un regusto amargo de vergüenza ajena y la certeza de que su torpeza verbal actúa como un escudo protector inexpugnable.

Lo más grave de este papelón reciente es que ocurre en un contexto de tensión social exacerbada por hechos de violencia juvenil que mantienen en vilo a toda la comunidad educativa de Salta. La funcionaria específicamente designada para frenar estos flagelos digitales se ha convertido en una suerte de guía turística involuntaria del bullying y el escrache escolar. No es solo una metedura de pata de una profesional poco avispada es una negligencia funcional que deja al descubierto la fragilidad de nuestras instituciones judiciales frente al avance del maltrato adolescente. Uno se pregunta con genuina perplejidad cuántos pifies más necesita acumular esta mujer para que alguien en el Poder Judicial se anime a mover el tablero.

Resulta francamente incomprensible que tras semejante catarata de desatinos públicos esta señora continúe al frente de una Fiscalía Penal que debería ser un bastión de la prudencia y la estrategia investigativa. Mientras tanto en los patios de los colegios y en los grupos cerrados de mensajería los chicos ya tienen un nuevo tema de conversación cortesía de la fiscal Cornejo Solá. El gobierno salteño la quiere como caniche toy para la foto mediática pero el juguete está resultando demasiado caro de mantener y sus ladridos empiezan a morder a quienes debería proteger. Si la popularidad televisiva es el único camino para escalar en la justicia provincial más vale que empecemos a rezar para que el próximo fiscal de turno sea al menos un poco menos bruto frente al micrófono.

Diego Nofal, miembro de FOPEA

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.