SALTA – (Por Matilde Serra) – En la historia como en la naturaleza, nada se pierde y todo se transforma. Los usos y los modos de la política argentina atrasan por lo menos medio siglo, tal vez más. Y de una manera que el ciudadano contempla atónito, nuevamente, políticos como el gobernador, Gustavo Sáenz, o el intendente, Emiliano Durand. Ellos insisten en un modo de promocionar sus gestiones -suponiendo que las hubiera-, a la usanza de tiempos en que la prensa proponía una agenda que se movía al ritmo de las rotativas; es decir, para hoy. Mañana no se sabe.
Esta forma de comunicar es radicalmente obsoleta y le genera al ciudadano costos millonarios que son sufragados con los impuestos, mientras el mundo se mueve al modo que dictan los algoritmos en las redes sociales. La prueba está en la elección lograda por el presidente, Javier Milei, que llegó al Sillón de Rivadavia sin partido ni militancia, sin siquiera un plan de gobierno. Porque como ya es sabido, Milei no ganó en las urnas sino en los teléfonos.
Pero no sólo se trata del canal sino del mensaje. La Libertad Avanza, sin ninguna idea política que valga la pena, sin principios democráticos incluso, hasta diciendo la verdad en el sentido del ajuste que se venía, ganó ampliamente. Visto así, en la provincia de Salta, bien se puede afirmar que no ganó Milei, sino que perdió Gustavo Sáenz.
El análisis resulta sencillo; ¿cómo se comprende que el gobernador con todo el aparato del Estado y los recursos, obtenga resultados tan vergonzosos frente a un adversario virtual, literalmente? Por un lado, algo ha cambiado y por otro lado, nada cambia en Salta.
En los últimos meses, una renovada campaña comunicacional por parte del gobernador Gustavo Sáenz, adoptó una estrategia que recuerda mucho a las tácticas empleadas por Emiliano Durand en su momento. Ambos funcionarios han optado por mostrarse como figuras accesibles y cercanas al pueblo, empleando un discurso que busca conectar emocionalmente con la gente a través de la familiaridad y la humildad. En entrevistas recientes, Sáenz ha reforzado esta imagen, insistiendo en su deseo de ser recordado como el «gobernador amigo de la gente».
La estrategia del gobernador Sáenz se centra en presentarse no solo como un político, sino como una figura accesible, dispuesta a sentarse en un café o una plaza sin la barrera de la seguridad, charlando con los ciudadanos como uno más. Este enfoque, aunque no es novedoso, cobra especial relevancia en un contexto donde la política se encuentra cada vez más distante del electorado, un dato que pareciera no terminan de comprender ni Sáenz, ni Durand, ni mucho menos sus asesores. La persistencia de esta estrategia plantea cuestiones críticas sobre el uso de la propaganda demagógica.
Este fenómeno de «ser amigo de la gente» a través de la cercanía y la empatía no es exclusivo de la política contemporánea. De hecho, a lo largo de la historia, otros líderes han utilizado estas tácticas para construir una imagen favorable y consolidar su poder, a menudo con propósitos cuestionables. La comparación con los postulados de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, ofrece una perspectiva inquietante sobre el uso de la propaganda para manipular la opinión pública, lo cual revela en su aplicación la distancia mental que tienen estos gobernantes respecto de la realidad.
¡Heil Sáenz!
En su tiempo, y esto fue hace siete décadas atrás, como para marcar la vetustez de las prácticas de estos gobiernos salteños, Goebbels entendía a la propaganda como una herramienta para moldear la percepción pública y controlar la narrativa política. Su enfoque se centraba en la repetición constante de mensajes simplificados y emocionalmente cargados para influir en la opinión de las masas. Según Goebbels, «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad», y la propaganda debía ser diseñada para apelar a las emociones más básicas de la gente, en lugar de a su razonamiento crítico: “Miente, miente, que algo queda”, es el eslogan más reconocido y como se ve, más utilizado por la administración provincial y municipal.
El electorado de Salta, tanto en Capital como en la provincia, viene escuchando desde hace décadas lo mismo. Por lo tanto, si el sistema no cambia, entonces la democracia se convierte en demagogia.
En este sentido, la estrategia de Sáenz puede ser vista como una forma contemporánea de esa demagogia populista, vacía de contenidos y de proyectos políticos, donde la cercanía y la empatía se utilizan como herramientas para ganar el favor del electorado, mientras que se evitan discusiones más profundas sobre políticas y resultados concretos.
La imagen de un gobernador o de un intendente que se mezclan con la gente y se presentan como uno de ellos sirve para crear una conexión emocional, pero esta estrategia también contribuye a desviar la atención de las verdaderas cuestiones políticas y de gestión.
La demagogia, en su esencia, busca manipular a la opinión pública mediante la apelación a emociones y deseos, en lugar de presentar argumentos racionales y sustanciales. ¿Será porque no tienen ninguno?
Así, el gobernador o el intendente “amigo de la gente» puede convertirse en una figura simbólica cuyo valor real se mide más por su capacidad de generar una imagen positiva que por sus logros concretos en el gobierno.
Planteada así esta cuestión, es el momento de pensar hasta cuándo se puede mantener engañado a un pueblo prolongando un discurso tan vacío como las gestiones.
En un contexto donde las promesas y la propaganda de hechos que no son tales, la presentación de “adelantos” que no se traducen en resultados tangibles, la persistencia de este tipo de propaganda puede tener efectos perjudiciales tanto para la democracia como para el bienestar de la ciudadanía.
Seguramente no se dan cuenta de que están jugando con fuego al lado de un polvorín social que puede estallar en cualquier momento. Un ejemplo consagra esta valoración, cuando hace apenas unos días con bombos y platillos se promociona la inauguración del Centro de Convenciones de la ciudad de Cafayate. La propaganda de este evento mostró un lugar equipado y adornado, todo muy cuidado, pero ocurrieron dos cosas: Primero, no se invitó a participar al pueblo, verdadero destinatario de semejante obra, según lo dijo Sáenz en sus discursos, y en segundo lugar, al día siguiente, el lugar fue desmantelado de todo mueble y adorno. Para más, y como una burla siniestra, se invitó “al pueblo” a visitar las instalaciones.
Esta misma puesta en escena, precedida de los discursos triunfalistas ha ocurrido en hospitales y otros lugares de la provincia. Podría llamarse incluso, “La política de la maqueta”, termino y me llevo todo.
El uso y abuso persistente y prolongado en el tiempo de una propaganda demagógica puede llevar a una normalización de la mentira y a la creación de una narrativa que se desvía cada vez más de la realidad objetiva. Ciertamente, Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, entendía la importancia de la repetición en la creación de una verdad aceptada. Y una verdad aceptada está muy, pero muy cercana a una ficción.
Digamos en beneficio de estas administraciones que es verdad que en la política contemporánea esta repetición sistemática del “verso vernáculo” se naturaliza y los ciudadanos empiezan a aceptar la retórica demagógica como la norma, mientras las promesas incumplidas y la falta de resultados se vuelve evidentes.
El Papel de los Medios y la Información
En una era de información instantánea y omnipresente, los medios de comunicación juegan un rol crucial en la difusión y perpetuación de la propaganda. La falta de un periodismo crítico y la predominancia de medios que refuercen la narrativa oficial pueden contribuir a la prolongación de la ilusión creada por la propaganda demagógica. Cuando los medios se alinean con los intereses del poder, el escrutinio y la rendición de cuentas se ven comprometidos, permitiendo que la gestión ineficaz y las promesas vacías continúen sin la presión adecuada para cambiar.
La resiliencia del pueblo y el despertar crítico
La capacidad del pueblo para permanecer engañado depende en gran medida de su resiliencia y acceso a información veraz. Como en todo, la confianza es el límite de la resistencia y a medida de que las promesas incumplidas y la falta de resultados se vuelven más evidentes, puede surgir un despertar crítico producto de la frustración acumulada puede llevar a una mayor demanda de rendición de cuentas y a un rechazo de la retórica demagógica.
El pueblo argentino y el salteño en particular, es demasiado paciente y pasivo, aunque sociológicamente está demostrado que como toda paciencia esta tiene un límite. Ese límite ya fue probado y demostrado con el voto masivo dado a Javier Milei. En Salta, continuar en esa insistencia podría suponer un cambio de escenario estratégico violento que quizás ya tenga -como en el cine- “Nombre de mujer”.
Porque los pueblos -y la historia lo ha demostrado- reaccionan contra la manipulación y la ineficacia. La acumulación de descontento y la presión social pueden forzar cambios significativos, siempre y cuando exista un entorno alternativo; léase, otros candidatos y otros nombres.
La obstinación en continuar proponiéndole a la salteñidad los mismos ejemplares para re-reelegirlos, así como el empecinamiento en mentir a través de la propaganda demagógica, pueden llegar a ser para estos gobiernos, provincial y municipal, tan letales como caminar por el borde de un risco con los ojos vendados. La caída, puede ser fatal.-