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Opinión

La Salta de unos pocos: concentración de poder y recursos

Aquella frase de Sáenz: “Salta es una provincia pobre”, es una mentira, porque si hay provincia rica es esta; sólo que Salta es una provincia empobrecida

pobreza en Salta
pobreza en Salta

SALTA – Por Matilde Serra – A esta altura de los hechos, resulta inaceptable escuchar en los discursos oficiales, particularmente cuando el gobernador, Gustavo Sáenz, desea halagar los oídos de los salteños en esta etapa de nueva campaña enderezada a una tercera reelección, que “Salta tiene futuro”, o aquello tan trillado de la “Salta que nos merecemos”, o también “Todos juntos salimos adelante”.

La mendacidad y la repitencia del mensaje confluyen en una disminución de la credibilidad como lo muestran las encuestas que ubican a Sáenz debajo de otro vendedor de ilusiones como, Emiliano Durand, o bien, en el último puesto en el ranking de gobernadores a nivel nacional.

Porque en las actuales circunstancias, Salta ni tiene futuro, no es, mucho menos “la Salta que nos merecemos”, y menos todavía que “vamos a salir juntos”, porque nadie merece vivir en una provincia disminuida, el futuro nunca puede ser la pobreza derramada y aquí los únicos que “salen adelante”, son los funcionarios. Es muy extraño el concepto de movilidad social que tienen quienes gobiernan en Salta: pocos crecen, la mayoría se hunde gradualmente en la pobreza.

Aquella frase de Sáenz: “Salta es una provincia pobre”, es una mentira, porque si hay provincia rica es esta; sólo que Salta es una provincia empobrecida, que es muy distinto. Esta distinción no es un mero juego de palabras, sino que tiene profundas implicancias sobre cómo se debería comprender la realidad social, económica y política de la Región.

Amerita en este punto detenerse a conceptualizar esta cuestión de la contradicción que representa pensar en una “Salta pobre”, donde en realidad, habría que decir “pobres los salteños”, con la aplicación de políticas erradas, o bien, directamente sin políticas.

Contradicción porque Salta es rica en historia, en cultura, en recursos naturales. Es rica en diversidad, tanto geográfica como humana. Desde las imponentes montañas de los Andes a sus valles fértiles; su flora y fauna, su potencial agrícola, y la pujanza de su gente son muestra de esa riqueza que no se puede negar. Basta esta mención para reafirmar: el problema son los funcionarios que están vacíos de contenidos y llenos en sus bolsillos.

Es extraño que pareciera que Salta sólo es sinónimo de turismo, con una capacidad casi inagotable para atraer visitantes de todo el mundo, no sólo por su belleza natural sino también por su patrimonio cultural. Sin embargo, a pesar de estas fortalezas, la mayoría de los salteños siguen enfrentando la paradoja de la desigualdad y la falta de oportunidades.

Una Pobreza Estructural, No Natural

Hay que advertir al lector sobre la necedad de los gobernantes salteños, o bien su lisa y llana mala intención en el decir y en el obrar, porque el problema de Salta no es la falta de riqueza, sino la distribución y administración que hace de la misma.

Tantos años de malas administraciones han quebrado la inercia del crecimiento dañando las posibilidades de pobreza hasta convertirla en un fenómeno estructural. La pobreza en Salta, recorre la médula de un espinel que se inicia en el pequeño productor y finaliza en el empresario privado que no está solventado por el Estado. Es tragicómico observar cómo tanto el intendente de la Capital como el propio gobernador, Sáenz, ahora izan la bandera del emprender como la nueva panacea, cuando el progreso sólo está reservado a unos pocos a costa del bienestar de la mayoría.

Un ejemplo claro y contundente es la distribución de obras municipales sólo entre cinco empresas y de modo discrecional. No menos sugestivos que los servicios relativos a la minería que también quedan en cabeza de unos pocos. La concentración del poder político, económico y social en manos de unos pocos actores —los mismos de siempre— ha perpetuado un modelo de desarrollo excluyente y desigual.

De esta manera, es igualmente posible afirmar de que en Salta el Estado ha sido literalmente privatizado, incluso antes que con Javier Milei, porque sólo unos pocos grupos de poder que han manejado siempre a la provincia son los que han establecido un sistema en el que las oportunidades están restringidas a sus propios círculos. Esto no sólo incluye a la élite económica tradicional, sino también a sectores políticos que se reciclan constantemente, asegurando que la balanza siempre se incline a su favor.

El Círculo Vicioso del Empobrecimiento

Ahora toca lidiar con un gobierno nacional que terminó cooptando al gobernador Sáenz, convirtiéndolo en un entusiasta firmante de esa rara avis política llamada “Pacto de Mayo», que no sería otra cosa que una maniobra política disfrazada de federalismo, donde, en lugar de un acuerdo de cooperación entre el gobierno central y las provincias, lo que realmente se firmó fue un pacto de vasallaje moderno.

Así, este pacto implicaría un compromiso de los gobernadores para subordinar los recursos provinciales y las decisiones fiscales al gobierno nacional, a cambio de beneficios económicos o favores políticos inmediatos, que por supuesto, no tendrán ningún tipo de derrame social, además de resultar un contrato de subordinación donde las provincias han entregado una parte crucial de su autonomía en la administración de sus recursos al poder central, como es el aval prestado a la implementación del Régimen Integral de Gobernabilidad Institucional (RIGI), que en la práctica, que en los hechos no es más que un mecanismo de control y centralización del poder en manos del presidente Milei.

Así, el famoso discurso saencista respaldado en la figura del General Güemes es puro verso y la apelación a los Santos Patronos una alegoría que no salvará a la provincia ni a los salteños del sismo económico que vendrá.

Mientras las oportunidades de desarrollo siguen concentradas, las condiciones de vida de las grandes mayorías siguen siendo precarias. Las inversiones en educación, salud, infraestructura y empleo son insuficientes y, en muchos casos, meramente simbólicas. En lugar de políticas públicas que impulsen el desarrollo genuino, hemos visto esfuerzos por mantener una base clientelista que asegure la perpetuación en el poder de los mismos actores de siempre.

Este ciclo perpetúa la pobreza y alimenta un círculo vicioso de dependencia del Estado y del favor político, donde el acceso a los recursos básicos se convierte en una moneda de cambio electoral. Así, la pobreza se institucionaliza y se convierte en un mecanismo de control social y político.

De esta manera, y repitiendo aquello que los íntimos adjudican a Gustavo Sáenz haber expresado en el sentido de que “Quiero pasar a la historia como el gobernador que más poder ha tenido”, va por buen camino, porque el acuerdo con el gobierno nacional, lejos de fortalecer la autonomía provincial, se encamina a reforzar un esquema de dominación política y económica que perpetúa la desigualdad entre la nación y las provincias. Y dentro de las provincias, entre funcionarios y ciudadanos de a pie.

El cambio necesario: Redistribución del poder y solidaridad

La segunda paradoja que se da en la provincia de Salta, es aquella que por lado -como se ha expresado- consolida el poder en pocos, es que esos pocos corren el riesgo de perder todo poder y manejo a manos de los mismos con quienes pactaron, o sea La Libertad Avanza.

Romper con esta estructura empobrecedora tiene un solo camino que no es otro que una reestructuración profunda de su poder político y económico. Allí en donde tallan los intendentes, verdadero factor de retraso del progreso mientras continúen administrando -si así se puede llamar- a sus municipios al modo feudal.

Este cambio tampoco vendrá porque los intendentes son la clave electoral para que el gobierno provincial continúe sumando mayor manejo y concentración de poder. Excepto, claro, un factor que ya fue probado y terminó en calamidad para Sáenz y los intendentes: el hartazgo del pueblo.

Ya queda muy poco tiempo en términos de acción electoral y no se avizora ni el más mínimo intento de reestructurar nada. La prueba de que el monopolio político se acentúa la demuestra la intención del gobernador, Sáenz, de formar para las elecciones legislativas del año próximo un solo gran frente dentro del cual participarán todas las expresiones que deseen, o que dejen participar, claro.

La cuestión es simple, o se cambia el esquema, o la derrota que dentro del mismo gobierno perciben, reducirá al partido justicialista a una mínima expresión y no existiendo más partidos posibles en Salta, es muy probable que se repita el resultado observado en diciembre del año pasado: que en Salta, no ganó Javier Milei, sino que perdió Gustavo Sáenz.

Y esta derrota puede ser definitiva. –