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Opinión

DE FRENTE A LAS CÁMARAS, DE ESPALDAS A LA GENTE

El presidente presentó el Presupuesto General de la Nación para el año 2025, lo hizo en cadena nacional y tuvo un bajísimo rating.

Javier Milei - Presupuesto 2025
Javier Milei - Presupuesto 2025

SALTA – Por Pablo Kosiner – La práctica parlamentaria indica que la presentación del proyecto de ley del Presupuesto General de la Nación se realiza remitiendo el mismo al Congreso Nacional, una alocución introductoria por parte del Ministro de Economía de turno, luego la distribución del mismo a la totalidad de legisladores nacionales para poder ser analizado y a posteriori el trabajo en la comisión pertinente con la visita de los diferentes funcionarios del Poder Ejecutivo a efectos de explicar la manera en que el mismo Presupuesto piensa ser ejecutado.

Por primera vez se da la circunstancia de que sea el mismo presidente de la Nación el que decide concurrir personalmente a presentar el Presupuesto en el recinto del Congreso asumiendo en su persona el rol de explicar el sentido y objetivos del mismo. Situación que en principio se pensó que generaría una gran expectativa no solo en ámbitos políticos y económicos sino en la población general.

Sin embargo, el pasado Domingo a las 21 hs, fecha de la cita, se generó en todo el país un “apagón televisivo” que sorprendió a los mismos ideólogos de esta estrategia, quienes pensaron que la sociedad argentina estaba expectante al discurso del primer mandatario, y que se reunirían las familias argentinas en horario central de la televisión a ver y escuchar al presidente. No sucedió.

Incluso las consultas callejeras del día Lunes demostraron que casi la totalidad de los entrevistados no habían visto el discurso presidencial, no sabían nada sobre lo enunciado y que claramente no asociaban ese hecho con la problemática que afecta día a día a la economía de los argentinos. Un gran paso en falso de los estrategas del presidente.

Ahora bien, si nos detenemos en lo expresado por el presidente Milei, esa apatía social respecto sus palabras fue ampliamente justificada. El presidente estuvo lejos de explicar de que manera se organizaba un presupuesto que pueda generar un marco de políticas publicas que favorezcan un crecimiento dando de lugar a una etapa de reactivación económica que, cuidando el equilibrio fiscal, altere las curvas peligrosamente ascendentes de los niveles de pobreza, desocupación y recesión.

Nos encontramos con un presidente que sigue insultando al que piensa diferente, el domingo le toco el turno a la calificación de “ratas inmundas”. Un liberalismo muy raro. El que piensa como el gobierno es un “héroe”, y si no casi que no deberías existir. De libertad nada.

Como concepto central se vuelve a reiterar la idea de un jefe Estado que odia al Estado, a tal punto que en esta oportunidad afirmo que venía a “ponerle cepo al Estado”.

Aquí conviene aclarar que el Estado no es una “cosa diabólica” y ajena a cada uno de nosotros. El Estado como organización es la población, el territorio y el gobierno con su estructura de poderes. Por lo cual ponerle “cepo” al Estado es cancelar las posibilidades de progreso y desarrollo de la sociedad en la totalidad del territorio de nuestro país.

Es valido plantear la necesidad de reorganizar el Estado y hacerlo más eficiente, pudiéndose discutir los criterios o prioridades, pero destruirlo maniatándolo implica automáticamente condenar a nuestro país a una degradación permanente y en ese camino estamos.

El presidente ratificó el rumbo del ajuste recesivo para bajar la inflación. Condenar las medidas contraciclicas implica negarse a la aplicación de políticas económicas que deben diseñarse para hacer frente a la crisis económica que nos afecta. Entregar toda la posibilidad de reactivación a la voluntad del mercado es ignorar la historia de nuestro país.

El presidente Fernando de la Rúa tenía “inflación cero” al momento de la mayor crisis social, mientras los aduladores del mercado de ese momento son los mismos que hoy alientan al presidente Milei a insistir en ese rumbo.

Párrafo aparte merece la obsesión de seguir cargando sobre las provincias la presión a ceder recursos. A la caída de las transferencias directas del 14% en el primer semestre, la inexistencia de la obra pública, la falta de agenda de los funcionarios nacionales incluso del mismo presidente en el interior del país, el abandono de los programas de políticas nacionales, ahora se le suma una nueva exigencia: un ajuste de $60.000 millones. Claramente el Pacto de Mayo firmado en Julio era un “contrato extorsivo” como en algún momento lo anticipé.

En definitiva, el discurso del presidente fue de frente a las cámaras de televisión, pero de espaldas a la gente. Lo sucedido el domingo a la noche puede ser la alerta de haber comenzado a desmoronarse los niveles de apoyo que el presidente tenía sostenidos en las expectativas de cambio que no solo se demoran, sino que se transforman paulatinamente en decepción. Por lo menos para los que en algún momento creyeron en Milei.