SALTA – (Por Matilde Serra) – Las elecciones el año próximo en Salta, presentan algunos desafíos y circunstancias interesantes de abordar. Eliminadas las PASO que resultaban una herramienta válida de participación ciudadana bajo la premisa del ahorro de presupuesto, el sistema electoral en Salta se ciñe aún más direccionándose hacia un voluntarismo político que regula el gobierno provincial.
Por otro lado, en el estado actual de cosas, las PASO, tampoco tendrían sentido porque no existe en Salta vida partidaria alguna. Los partidos políticos están literalmente desaparecidos, la ausencia de militancia eliminó el semillero y no hay líderes que renueven la oferta electoral, de donde realizar unas elecciones PASO realmente carece de sentido.
Si bien la crisis de identidad partidaria es un fenómeno prácticamente nacional, en Salta, es consecuencia de la venalidad de los dirigentes de los diferentes espacios que hicieron primar sus intereses personales y negociaron sus posiciones enviando a votar por la lista oficial. Así, los partidos terminaron siendo furgones de cola del oficialismo. La mansedumbre de la militancia terminó de completar el cuadro. Cuando algunos quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde.
El caso más emblemático es el del dirigente, Miguel Nanni, quien “entregando la tropa” al mandamás de turno logró sentarse dos periodos seguidos en la Cámara de Diputados de la Nación, sólo para demostrarle al país que el radicalismo de Salta, otrora la cocina de dirigentes de una talla dialectal histórica, estaba ahora representado por un individuo que no sabía leer, que registraba la “pole position” en ausencias y que apenas había presentado un par de proyectos.
En el radicalismo, ningún dirigente inició otra “Revolución del Parque” para defender el sufragio y Nanni, terminó jugando como alfil de Gustavo Sáenz en una de las dos listas de Juntos por el Cambio.
Por el lado de la izquierda ocurrió lo mismo. Diluidos el socialismo y perdidos los de la izquierda nacionalista que tenían todavía alguna inspiración en Abelardo Ramos, los que vieron la punta del ovillo fueron Claudio del Pla y familia, junto a un insólito personaje Lopez, quienes formaron una verdadera Pyme familiar aglutinando a todo el espacio de la izquierda bajo la bandera “troska” del Partido Obrero. Terminado el negocio, es decir, los mandatos, el PO se desarticuló y a otra cosa.
Un ala de inspiración kirchnerista como “Libres del Sur” que dice conducir todavía, Carlos Morello, y que administraba una sustancial cantidad de planes sociales, luego de vituperar en todos los colores a los gobernadores de Salta, terminó alegremente siendo un alto funcionario, incluso ahora, conduciendo esa “rara avis” llamada UPATECO, que dice ser una universidad de oficios. Tampoco hay izquierda.
El sector del centro y los añejos conservadores, desaparecidos hace décadas, conforman desde ese mismo tiempo, en mayor o menor medida, los gabinetes oficiales. Tampoco allí hay oferta electoral.
La única expresión que ha quedado en pie es el Partido Justicialista, tal vez por su dimensión, su entidad histórica y su masiva cantidad de afiliados, pero en los hechos, tampoco representa a nadie. De hecho, los bloques en la Legislatura, que dicen estar conformados por peronistas, en su mayoría no resisten archivo, sea porque en realidad vienen de otros espacios y se mimetizaron de peronismo en el camino y por conveniencia y oportunidad, o sea porque no vienen de ninguna parte ya que no tienen ninguna trayectoria ni militancia política.
Es un dato de la realidad que el PJ de Salta no tiene ningún tipo de impacto político ni de penetración en el territorio, y esto por tres razones: la primera, porque los militantes sienten que han sido abandonados por la dirigencia, ya que prácticamente ninguno de los funcionarios del régimen provienen de las bases. Los cargos claves están ocupados por paracaidistas que llegaron a Salta traídos por alguno de los popes políticos, pero no provienen del pueblo y lógicamente no los representan.
El segundo motivo por el que el PJ salteño es inexistente, resulta de la ausencia de proyecto político y militancia. La casa partidaria del PJ es un elefante blanco vacío, literalmente un mausoleo donde se ha extinguido toda vida partidaria, tanto que otro de los reclamos de los militantes es que allí no se hacen reuniones de ningún tipo y tampoco se llega ninguno de los funcionarios, ni siquiera el gobernador.
Un arresto de reavivar la vida militante lo ha dado una suerte de “tour” político iniciado por su presidente, Esteban “Tuty” Amat, acompañado por su vice, Gastón Galíndez, saliendo a los pueblos y reuniendo a los referentes, pero en una geografía tan extensa como Salta, eso no resultó tampoco suficientes y según se comenta en los corrillos internos del propio partido, al lugar donde van sólo reciben reclamos y denuncias de abandono.
Por último, el problema más grave que enfrenta el PJ y ahí nomás el propio gobierno de Gustavo Sáenz, es el emperramiento del gobernador en mantener a los mismos que hace por lo menos dos décadas vienen medrando en el Estado.
Una de las frases que más escucha en los ambientes peronistas es aquella que dice: “Si el año próximo ponemos a los mismos, perdemos”. Algunos incluso, se animan a profetizar que el resultado frente a La Libertad Avanza será calamitoso. La mala noticia es que según aseguran en el entorno del propio gobernador Sáenz, los candidatos a diputados y senador nacional, así como a la Legislatura provincial ¡Serán los mismos!
Perder mucho con muy poco
El dato más sensible que parecen no escuchar en el entorno de Sáenz es el cansancio de la gente de ver repetirse las figuritas mientras a la gente lo único que le cambia es su realidad que cada vez está peor. Es lo único que les cambia, el deterioro.
El problema para los salteños es que la opción que se viene armando para el año próximo, que es La Libertad Avanza al modo salteño, no es para nada mejor que la que puede proponer el oficialismo.
El mascarón de proa de los libertarios es, Emilia Orozco, una joven que las circunstancias inverosímiles de la política colocaron en el candelero y por las razones antes apuntadas, más un hábil manejo de redes sociales y un histrionismo muy particular, terminaron depositándola en la Cámara de Diputados de la Nación.
Pero diseccionando el pensamiento político de Emilia Orozco, no es posible hallar absolutamente nada profundo, más allá de una habilidad oral para desempeñarse que ninguno de los prospectos oficialistas tiene. Le juegan a su favor la juventud, su casi nada de trayectoria política y un manejo de Tik-Tok que ningún otro político tiene. Pero nada más.
En el círculo amarillo de los libertarios, se especula con ubicarla en el senado provincial el año próximo, cosa casi más que probable que suceda y desde allí potenciarla como candidata a gobernador para el 2027. La idea no es descabellada cuando se mira la oferta que hay y que probablemente haya. Pero pensar que Orozco le aportará a la provincia un cambio revolucionario es una utopía. Sólo pensar que estuvo mezclada en el fragote para intentar indultar a los genocidas, ya habla de dos cosas de esta mujer: es disciplinadamente rígida a los dictados del presidente, Javier Milei, y no mide ni discierne el trigo de la paja.
Tampoco hay que desmerecer el semillero que La Libertad Avanza está conformando con los jóvenes de Salta, algo que ningún otro partido político está haciendo. En ese montón ya se hacen notar algunos con mayor capacidad pensante más desarrollada que los viejos dinosaurios de un extinto peronismo.
El jefe de esa patota, Alfredo Olmedo, que en su discurso se ufana de no tener archivos que lo salpiquen, se olvida de algunas causas -varias- que saltan con sólo visitar Google. Además, poca fortuna para Salta puede ser un posible y futuro candidato a lo que sea, un personaje que en un foro internacional como el Parlasur, fue destituido por sus comportamientos irracionales.
Cuando la forma de votar puede cambiar la historia
El año próximo habrá dos situaciones interesantes. Una elecciones anticipada, tal vez demasiado, probablemente en el mes de mayo para elegir representantes locales y luego la nacional para operar el recambio de diputados y senadores nacionales.
En Salta, otra vez jugarán con el cuestionado voto electrónico cubierto de suspicacias que van desde la desconfianza técnica hasta preocupaciones sobre la transparencia y seguridad del proceso electoral.
Sería temerario avanzar sobre estas cuestiones, pero una de las críticas más escuchadas -y denunciadas- ha sido siempre el temor de que un actor malintencionado pudiera alterar los resultados sin que se detecte.
También las fallas en las máquinas que al ser sistemas complejos, pueden fallar por razones técnicas (caídas de software, mal funcionamiento de hardware), lo que podría afectar la integridad del voto, y que de hecho han manifestado estos males.
También aporta al cuestionamiento la falta de auditoría pública confiable, ya que a diferencia del voto en papel, el voto electrónico es más complicado de auditar de forma independiente. La historia más reciente enseña que en Salta y otras regiones que han utilizado el voto electrónico, se precipitaron las críticas sobre la falta de auditorías previas profundas y públicas, lo que genera suspicacias sobre el funcionamiento del sistema. En definitiva, es un sistema cuestionado por su supuesta falta de transparencia y control ciudadano.
Pero para las elecciones de término nacional, ya se utilizaría en Salta la Boleta Única de Papel (BUP), cuya implementación ha avanzado en el Congreso nacional, ya aprobada en el Senado en el mes de junio de este año. Si bien debido a las modificaciones observadas todavía espera su sanción definitiva por la Cámara de Diputados, pero si se aprueba en su totalidad, la BUP se utilizaría a nivel nacional a partir de las elecciones de 2025.
Como se sabe, la BUP, ya se ha utilizado en algunas provincias como Mendoza y Córdoba, comprobándose que el proceso electoral resulta más equitativo, transparente y sustentable.
La aplicación en Salta de este sistema cambiará sin duda el modo de las elecciones ya que proporciona al votante todas las opciones de los candidatos en un solo documento, facilitando su elección sin necesidad de ingresar al cuarto oscuro a bucear para hallar una boleta en particular. Al reducirse el riesgo de confusión con la variedad de boletas que, en algunos sistemas, son muchas y pueden confundir al electorado, especialmente a personas mayores o menos familiarizadas con los candidatos, la voluntad del ciudadano se expresa de manera clara y precisa.
Son dos términos que la política local no le estarían conviniendo, esto de elegir de manera clara y precisa. Porque precisamente, el negocio político de “la casta” ha sido la confusión en el modo que se detalló al comienzo.
En Salta, la política se puso en una licuadora y lo que salió de allí se llamó gobierno, pero los salteños en los últimos años nunca tuvieron claro a quién votaban. Tal ha sido el desajuste y la aplicación de que en el río revuelto está la ganancia del pescador, que, en las últimas dos elecciones, un mismo candidato se promocionaba por el partido A, luego, en el camino, trazaba alianza con el sector B, y el día en que se cerraban las listas en el juzgado electoral, estaba en la boleta C. Así, no hay democracia que aguante.
Por ahora, nada más, se puede advertir a los protagonistas de que el diario del lunes ya no se edita más. El tráfico de las redes sociales casi ya ha destruido todas las formas conocidas de hacer política.
La demostración más palmaria de esto último son los resultados de las últimas elecciones donde el gobierno provincial invirtió fortunas en posicionar a sus candidatos y personajes como Emilia Orozco y Julio Moreno, desde las redes y aprovechando la avalancha nacional, casi dejan al gobernador Sáenz sin alfiles en el Congreso Nacional. Bien lo decía Perón: “La única verdad es la realidad”.