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Opinión

El precio de pertenecer a la casta

El gobernador, Sáenz, terminó vendiendo esos valores vernáculos y religiosos al presidente Milei.

Gustavo Sáenz

SALTA – (Por Matilde Serra) Desde que Gustavo Sáenz, saltara de la Cámara de Senadores a la intendencia de la Capital, demostró un pragmatismo inusual en los ejemplares de la clase política salteña, y es su capacidad de estar siempre en la foto del presidente de turno. Pasó con Mauricio Macri, con Sergio Massa, de quien fue candidato a vicepresidente y aliado férreo -aunque se durmió la siesta- en las elecciones y ahora forma parte del selecto grupo de los gobernadores que vendieron su alma al presidente, Javier Milei.

En estos tiempos, y menos en política, nada es gratis. Todo tiene un precio y quedará ver ahora cómo queda su figura en una provincia que según la última encuesta de la Consultora Zuban, e el 22 de setiembre próximo pasado, el 60,7% de los salteños desaprueba la gestión del presidente Milei. Mientras que un 38,2%, todavía apoyaría favorablemente el ajusta del gobierno nacional. Paradójico, en la que fuera una de las tres provincias del país donde más se votó a Milei para consagrarlo en la presidencia. La muestra incluyó la opinión de 8.660 personas mayores de 16 años en todo el país.

El dato puede alcanzar niveles significativos, habida cuenta de que la maquinaria electoral con vista a las elecciones del año próximo ya se ha puesto a marchar. Si bien todavía esta maquinación no alcanzó aún al ciudadano, en las reuniones que se realizan en los círculos cerrados más cercanos al poder ya se tallan nombres y posibilidades.

Diagramar el mapa de la casta

Tal como han cambiado las cosas, en principio, parecería que Sáenz, esta vez no armaría frentes incluso con los adversarios sino que todo se resolvería en un solo gran Frente saencista que incluya al Partido Justicialista y a todos los sellos posibles que sirvan al propósito de imponer los candidatos que decida el Grand Bourg.

Respecto de quienes serían los bendecidos, hasta ahora sólo son trascendidos que harían temerario nombrarlos ahora. Pero lo que sí se puede avanzar es que las posibles listas estarían conformadas por los mismos nombres de siempre. Lo cual ya viene causando malestar en los cuadros medios que están avizorando que nuevamente quedarán relegados por el círculo de amigos.

Hasta ahora es lo que se cosecha de los comentarios que deslizan los más cercanos a Finca Las Costas, que declaran que “todo está bien así”. Que no hace falta “pensar en cambiar a nadie” y que ellos pueden resolver la cuestión electoral. Todo a desprecio de los dirigentes y afiliados que están reclamando de una vez participación.

Una de las figuras sobre la cual se habían tejido algunas esperanzas de iniciar un recambio, el actual presidente de la Cámara de Diputados, Esteban Amat. Quien además había declarado que iba a presentar un proyecto de ley para iniciar una reforma electoral, al final jugará lo que su jefe inmediato decida. Y lo determinó con una frase que repiten los que lo escucharon: “Yo voy a hacer lo que diga Gustavo”.

Esta posición de Amat, diluyó las ganas de muchos de poder congregarse en torno al empresario tabacalero, a quien veían como un futuro candidato, incluso a la gobernación. Luego de esto, las expectativas y el trabajo que algunos venían ya realizando en la zona sur de la provincia, especialmente en el Valle de Lerma y en otros lugares del Valle Calchaquí, quedaron sepultadas.

De heredero de las glorias de Güemes a integrante de la más selecta casta

Ese pragmatismo de Gustavo Sáenz para celebrar acuerdos con quien sea que tenga una manija, volvió a ponerse en movimiento y el gobernador de Salta, pasó en menos de 90 días del histérico discurso donde invocaba al Señor y a la Virgen del Milagro y al General Güemes, como inspirador de un proyecto federal, al tiempo que se hablaba de defender la posición de la provincia y otros argumentos que ahora son papel quemado. Porque el gobernador, Sáenz, terminó vendiendo esos valores vernáculos y religiosos al presidente Milei, ordenando que sus diputados nacionales acompañen favorablemente el veto al aumento de los jubilados y hagan un “ni” con el financiamiento universitario, ordenando incluso que la más inepta de las representantes de Salta -Yolanda Vega-, se retire antes de votar. En ese momento, una ausencia tanto como una abstención, en el total, representan un número favorable al Ejecutivo Nacional.

Un asado con gusto a caro

La provincia de Salta, estuvo representada en la mesa cuadrada del arreglo, a través de Sáenz, que compartió cubiertos con Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Hugo Passalacqua (Misiones), los dos primeros tildados por la prensa nacional como los que representan “lo más conservador de la casta y gobiernan sus provincias como si fueran feudos.” En ese paquete tan cuestionado, formó el gobernador de Salta.

Yendo a un análisis más estrictamente político, hay que aceptar que esa comida un profundo significado político y estratégico. Esta cena, en la residencia de Olivos, no fue simplemente un encuentro casual, sino una jugada clave para consolidar el poder del presidente dentro del sistema político argentino, y apuntalar alianzas con los llamados «héroes del interior,» es decir, gobernadores que, aunque algunos pertenecen al peronismo conservador, han mostrado una disposición a colaborar con el gobierno de Milei.

La reunión convocada por Milei tuvo un claro significado, el de fortalecer vínculos con gobernadores que representan regiones clave del país y que fueron esenciales para garantizar el veto de leyes en el Congreso que favorecen la agenda del gobierno central, como en el caso de la ley de financiamiento universitario. El sistema de gobierno feudal que ejercitan estos mandatarios se ajusta en un todo a los rasgos autoritarios del presidente.

¿Existen los límites?

En el fondo, también existe un giro ideológico que es el retorno a un conservadorismo extremo dentro del peronismo. La metáfora tan cuestionada de Milei de “ponerle el último clavo al cajón del kirchnerismo con Cristina adentro”, encaja perfectamente con una declaración reciente de Sáenz: “Mi límite es Cristina”. La cuestión es que esta postura traza una ruptura interna en el peronismo salteño, como ha quedado demostrado con el alineamiento del PJ provincial con la candidatura de Ricardo Quintella, como candidato a presidente del PJ nacional.

Cuando emergió esa candidatura, el peronismo provincial se hizo presente en La Rioja, con Gastón Galíndez, vicepresidente del PJ local y Soledad Troyano, que posaron junto al gobernador. Pero cuando firmaron todos la carta de apoyo a Quintela y se publicó y apenas tres horas más tarde, Cristina Fernández, anunció su candidatura, la propia Troyano, expresó públicamente que su firma en la publicación de la carta pro Quintela, había sido una “jugada de mala leche”. Por tratarse de quien es, las expresiones de Troyano configuraban lo que se vendría, y de suyo, mostraban un quiebre interno en justicialismo.

Revivir a los muertos

Allí apareció la figura del último dirigente kirchnerista de paladar negro, Sergio “Oso” Leavy, tratando de poner en pie al Partido de la Victoria, un nombre que para estas alturas tiene más de eufemismo y añoranza que de realidad política. Tanto que estaría costando bastante consolidar el espacio, tarea que se hace en medio de críticas y denuncias por inclusión fraudulenta de afiliados.

Mientras tanto, la inercia de la directiva del PJ de Salta se muestra impiadosamente. Cuando se levanta avales para apoyar a Quintela se trató, ya que a pesar de haberse bajado la orden de que los diputados trabajen sus departamentos para llenar esas planillas, al parecer, a nadie le preocupó mucho y apenas habrían logrado rejuntar -ese sería el término exacto-, menos de medio millar de firmas y a presión.

Más allá, los dirigentes de base, de distintos lugares de la provincia, vienen levantando su voz solicitando mayor presencia partidaria, siendo que en algunos departamentos como Orán, Metán, Cafayate y Rosario de Lerma, por nombrar algunos, en las reuniones que se han venido celebrando, ya ni siquiera la figura de Gustavo Sáenz, les resulta convocante. Mucho menos los diputados nacionales, sobre los cuales la voz más generalizada pide que sea expulsados del PJ.

La cuestión es que frente a estas realidades se plantea una dicotomía compleja de resolver. Porque mientras el nivel de vida de los ciudadanos cae -como dato de la realidad- y con ellos la imagen del presidente Milei, el gobernador, Saénz, se encolumna como uno de los miembros de la mesa chica del ajuste nacional. ¿De qué se van a disfrazar los candidatos oficialistas el año próximo para salir a los caminos a pedir el voto?

Se acaban las ideas

Sólo una alternativa podría resultar más o menos eficaz en esta coyuntura, que las obras prometidas comiencen a verse, pero si bien se anuncia de que están consolidadas y de que se harán, los tiempos electorales son tiranos y están prácticamente encima. Basta pensar que para las elecciones provinciales convocada para el mes de mayo de 2025, restan sólo siete meses. ¿En ese tiempo podrán mostrar que el apoyo a un gobierno que día a día va dejando más gente con menos posibilidades, es una garantía de progreso para todos?

Se puede comprender la estrategia de Gustavo Sáenz, que es la misma que aplicó siempre, la de acordar con el poder de turno y eso -hay que reconocerlo- le resultó eficaz. Pero ahora el escenario ha cambiado. Ya no existen muchas de las cajas que antes permitían subsidiar y pagar campañas destinadas a parar candidatos que por ejercicio puro de la política jamás podrían haber llegado a los cargos, sino que ahora habrá que caminar y mucho, si es que piensan continuar con los mismos de siempre.

Una fuerza en ascenso

En la vereda de enfrente, La Libertad Avanza, se consolida como partido nacional. Y haciendo un ejercicio de pensar mal, como siempre conviene en esta Argentina; a pesar de que el presidente, Milei, ha firmado el decreto que señala que no se les dará ni un peso a los partidos políticos para la próxima campaña, lo más probable es que los partidos de LLA, en los distintos distritos, sí cuenten con algún tipo de financiamiento.

Pero será una parte de la cuestión. Lo que viene a completar ese esquema es que la inmensa mayoría de los candidatos del oficialismo nacional, serán caras nuevas, un reclamo que la sociedad está pidiendo. Porque lo que aquí pareciera que nadie del gobierno provincial ni de la cúpula del PJ de Salta se da cuenta -o no quieren hacerlo-, es que el tiempo para muchos ya se ha terminado.

Y lo más grave será que si no cambian de manera urgente de estrategia, para ellos mismos, la historia política también habrá llegado a su fin.