SALTA (Por Matilde Serra) – Hace casi un año atrás, toda la grey política de Salta se reunía a inaugurar sendos bustos del ex presidente, Raúl Alfonsín y del ex gobernador, Roberto Romero. La parada se hacía en homenaje a los 40 años de democracia en el país, y el gobernador, Gustavo Sáenz, en su discurso, se animaba diciendo: “Esto es una fiesta”.
Para entonces, el 14 de noviembre de 2023, la democracia que se celebraba estaba ya hecha añicos, o en proceso de terminar con los últimos estertores de los que alguna vez fueron los partidos políticos que efectivamente hacían de la democracia una fiesta. Faltaban cinco días para que, Javier Milei, les pasara el trapo a todos, convirtiéndose en presidente de la Nación con una victoria aplastante.
Aquel fue el signo más inequívoco de que algo había cambiado, porque Salta, aquella provincia, otrora bastión imbatible del peronismo, se contó entre las tres primeras que más votaron a Milei. El peronismo y el propio gobernador Sáenz, habían sido derrotados por un individuo que ni siquiera tenía un partido político.
La Libertad Avanza, que por entonces era un enjuague de unos cuantos dirigentes aglutinados en torno al extravagante, Alfredo Olmedo, casi le escamotea la mayoría de los escaños nacionales a Gustavo Sáenz. Fue tal vez, la última oportunidad de gestionar campañas poniendo los huevos en distintas canastas como el PRO y Juntos por el Cambio. Dos experiencias que en los hechos murieron en aquellos días. Quedaba sólo en pie el peronismo abrigado por el Partido Justicialista. Cuya conducción laxa, un tanto ecuménica, pero nada conductiva, seguía pensando que manejaba algo. El peronismo fue el gran perdedor.
Gustavo Sáenz y una renovación urgente
En ese momento algunos del campo ortodoxo se dieron cuenta de que había que hacer algo, renovar la cara del PJ salteño so pena de perecer como los otros partidos. Y así, ensayaron alguna que otra triquiñuela, pero algo había cambiado: las bases, los militantes de base, ya habían dejado de comer vidrio y se daban cuenta de que habían sido usados para nada.
El transcurrir del año y del gobierno de Milei y sus políticas de motosierra, llevaron a unos pocos lúcidos a pensar en alguna estrategia para reconfigurar al PJ salteño. Pero nada funcionó. Los más ortodoxos pretendieron poner en modo de liderazgo a la figura de Esteban “Tuty” Amat, a la sazón presidente del PJ y entonces inventaron el llamado “tour peronista”, o algo así. Que consistía en ir por los pueblos entregando diplomas de reconocimiento a los “compañeros” más salientes. En realidad, eran los más salientes, porque efectivamente, estaban salidos ya del PJ, literalmente abandonados.
La patriada no cosechó buenos resultados para el presidente, Amat, ni para el vicepresidente, Gastón Galíndez. Ni ninguno de los otros comedidos que gustaban de sentarse en la mesa principal. Sólo para recibir de parte de los militantes toda clase de reclamo, enojo, y recriminaciones del tipo “Nunca los vimos por aquí”. “Nos han abandonado hace años” y cosas por el estilo.
Para hacerla corta, y ya terminando el año 2024, el Partido Justicialista de Salta, que ostenta una membresía de casi 100.000 afiliados, no puede juntar en un acto partidario más de cincuenta fieles. La última fecha del 17 de Octubre, tan cara al sentimiento peronista ni siquiera tuvo un acto recordatorio decente. Apenas un intento de ordalía dentro de su Sede de la calle Zuviría al 900. Y uno que otro rejunte de veinte parroquianos frente a algún mustio busto de Juan Domingo Perón. Eso fue todo.
Una interna extemporánea
De pronto, surge la necesidad de ordenar el PJ nacional con una elección. Y como el candidato más federal -si así cabe llamarlo- se ofrece el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela. Y aquí es donde la cuestión se pone interesante.
Los popes del PJ salteño, deciden adherir inmediatamente a la postulación de Quintela. Tanto que el vicepresidente, Gastón Galíndez, acompañado por una dirigente de peso como Soledad Troyano, viajan a La Rioja para expresar el apoyo del PJ de Salta a Quintela. Fotos, bocaditos, abrazos y fotos para la tribuna, son el trofeo con que regresan. “Estamos a morir con Quintela”, se escucha decir en el PJ salteño. Lo que seguramente jamás imaginaron era que quien moriría en la interna peronista, se entiende- sería el propio Quintela.
En el entretiempo, entre la visita de los salteños a Quintela y el regreso, se organizó -es una forma de decir- la juntada de avales para sostener la candidatura del riojano. Según algunos dicen, se habrían prometido en un primer momento unos tres avales, bajando la línea a los diputados de que se movieran en sus poblados. A la vuelta de la ronda, las adhesiones conseguidas no superaban los 300. Quedaba demostrado que los legisladores sólo están para oficializar los caprichos del Grand Bourg y cobrar las dietas. Pero de militancia, nada. No pudieron reunir ni el 10% de lo prometido.
Con todo, y aquí viene el primer síntoma de que el PJ ya no tiene más que las iniciales y la sede de la calle Zuviría, se decidió firmar una carta de adhesión que fue rubricada desde el presidente, Esteban Amat, para abajo, incluso, personajes del kirchnerismo como la referida, Soledad Troyano. La carta, parece, que era un documento interno que alguien filtró a la prensa hacia el mediodía de esa jornada. Tres horas más tarde, Cristina Fernández, lanzaba su candidatura a la presidencia del PJ nacional, provocando el estallido de la Troyano que dijo que había sido “una actitud de mala leche” publicar la carta y sacó los pies del plato de Quintela para apoyar abiertamente a la viuda de Kirchner. El seno de la cúpula del justicialismo salteño se partía.
Una oportunidad para el “Oso” Leavy
En medio de semejante desmanejo, el senador nacional y ultra kircherista, Sergio “Oso” Leavy, tuvo un lapsus de demócrata y decidió reorganizar el Partido de la Victoria, logrando reunir una interesante cantidad de adherentes, aunque de manera cuestionada porque saltaron acusaciones de aprietes y algún que otro fraude a la hora de componer la documentación, nada que asombre a estas alturas. Lo raro hubiera sido que nadie se quejara.
En el medio, un “influencer”, conocido como “Michelo” y un autotitulado dirigente, Facundo Guzmán, convocaron a un acto donde se proclamaron como la renovación del peronismo aunque sólo dedicaron sus paupérrimas intervenciones a denostar a Leavy y a Emiliano Estrada. Ningún argumento, ninguna idea, menos que lo de siempre. Para colmo el dicho “Michelo” vendió su alma al dictador, Nicolás Maduro, y emigró a Venezuela para hacer su América.
El lector habrá notado que hasta aquí nada se ha sido de la actitud de Gustavo Sáenz, frente a estos hechos. Y es simple, mientras sucede la rebelión en la granja y el gallinero se despluma entre sí, el gobernador ha hecho la que mejor sabe hacer, cambiar lentamente de camiseta y ubicarse como el referente más destacado del presidente Milei en la región norte. No es un dato menor que haya compartido una cena con el presidente como uno de los abanderados de los “héroes fiscales” que lincharon a los jubilados.
Una lectura de los hechos confirma un dato que todo el arco político pensante tiene claro: mientras el gobernador Sáenz, juega su partida con el rosto pintado de blanco litio, más abajo la tribu peronista se destaza entre los compañeros que ahora batallan en una grieta que estaba dormida, entre peronistas ortodoxos, moderados, quintelistas y el grupo duro del kirchnerismo residual, que para colmo verá fortalecidas sus apetencias con la anunciada visita a Salta de Cristina Kirchner.
La cuestión de fondo transita por saber cómo y con quiénes, competirá el justicialismo de Salta en las elecciones del año próximo. Mientras el gobernador, Saénz, juega su partida personal y los dirigentes se apalean con la fallida interna del justicialismo, abajo, la gran masa votante, los cuadros barriales y de los pueblos trinan por lo que llaman abandono y falta de contención.
Mientras tanto, La Libertad Avanza, se fortalece con un trabajo continuo y persistente en las redes sociales, vergonzoso por momentos, pero activo, posicionando a la figura de Emilia Orozco, que con sólo histrionismo y show, se encumbra como una referente que como dijera un miembro del Consejo Directo del PJ local, “nos viene haciendo la pata ancha”.
En la masa popular crece la percepción que si el PJ local no reacciona pronto, el año próximo podría marcar el inicio del final de un ciclo histórico para el peronismo de Salta.
Justamente, porque así las cosas, en esta perinola, pierden todos.