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Opinión

Trump y la Argentina

Si bien esta estrategia generó ciertos beneficios internos a corto plazo, también exacerbó las tensiones comerciales globales y recortó espacios de cooperación internacional.

SALTA – (Por Pablo Kosiner) La reciente elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, si tenemos en cuenta los antecedentes durante su primer mandato, puede llegar a plantear un panorama complejo para América Latina y, en particular, para Argentina a partir de sus políticas caracterizadas por un enfoque proteccionista y de confrontación comercial que podrían desencadenar efectos negativos que trascienden las simpatías políticas que algunos líderes de la región, como Javier Milei, pudieran tener hacia su figura.

Durante su primera administración, Trump impulsó un modelo centrado en la defensa de los intereses económicos estadounidenses, priorizando el repunte de la industria local mediante medidas arancelarias y una política fiscal que favoreció a las grandes corporaciones. Si bien esta estrategia generó ciertos beneficios internos a corto plazo, también exacerbó las tensiones comerciales globales y recortó espacios de cooperación internacional.

Para América Latina, y en especial para Argentina, el regreso de estas políticas podría traducirse en un impacto significativo sobre las exportaciones y las cadenas de valor. El proteccionismo extremo de Trump tendería a aislar a la región de los mercados más competitivos, favoreciendo una reducción en la demanda de materias primas y productos industriales provenientes del sur del continente. Argentina, cuyo tejido productivo está profundamente entrelazado con la exportación de bienes y la atracción de inversiones extranjeras, podría ver cómo se debilitan las bases para una recuperación económica sustentable.

El problema de una “frustración” se amplifica cuando observamos que el actual presidente de Argentina, Javier Milei, se ha expresado como ferviente admirador de Trump. Sin embargo, trasladar sin adaptaciones ese modelo a un contexto como el argentino, marcado por su estructura productiva y sus complejas relaciones comerciales con el exterior, podría ser complejo y porque no frustrante para los que apuestan al regreso de las “relaciones carnales”.

 Las propuestas de Milei, que giran en torno a la desregulación y la eliminación de trabas al capital financiero, sumadas a un posible viraje de la política estadounidense hacia el proteccionismo, podrían dejar a la economía argentina atrapada en una doble presión: por un lado, la falta de demanda externa, y por otro, la especulación financiera interna que limita el desarrollo productivo.

Otro aspecto crucial es el impacto que podría tener la política de manejo de la tasa de interés por parte del Tesoro de los Estados Unidos, tal como se observó durante el primer mandato de Trump. Ello abonado por manifestaciones recientes del presidente norteamericano electo respecto de tener mayor injerencia en ese tipo de definiciones, lo que puede llevar a conflictos con el FED que cumple las funciones del Banco Central.

 Las decisiones de elevar las tasas de interés en ese período provocaron una fuga de capitales desde los mercados emergentes hacia los activos estadounidenses, en busca de mayor rentabilidad y seguridad. De repetirse esta situación, Argentina podría enfrentar serias dificultades para sostener la estabilidad de su política monetaria, incrementando la presión sobre el tipo de cambio y complicando aún más la capacidad del país para atraer inversiones.

No se debe perder de vista que la influencia de los Estados Unidos en el comercio y las finanzas globales es tan profunda que cualquier giro en sus políticas se siente con fuerza en América Latina. Si Trump decidiera retomar su postura de “América primero”, priorizando acuerdos bilaterales en lugar de multilaterales y reforzando barreras comerciales, países como Argentina podrían sufrir la retracción de flujos de inversión y un menor acceso a crédito internacional.

Ante este escenario, es fundamental que Argentina refuerce sus lazos regionales y busque diversificar sus alianzas económicas más allá del ámbito estadounidense. La admiración ideológica no puede, ni debe, nublar el juicio en materia de política económica. Es necesario mantener una visión pragmática y preventiva que proteja a la economía argentina de los posibles coletazos de un nuevo gobierno de Trump, que, de confirmarse, podría traer consigo una oleada de incertidumbre para la región.