(Pablo Kosiner).– Con un tono beligerante y valores que parecen retroceder décadas, el nuevo presidente de Estados Unidos dejó claras sus prioridades. Una visión del mundo con una posición de un EEUU dominante, autoritaria y marcada por la exclusión. Los riesgos de estas ideas, tanto para el mundo como para América Latina, son enormes.
Trump en sus valores, reafirmó su rechazo a la diversidad de género al insistir en que «solo existen dos géneros: hombre y mujer», negando avances en derechos y visibilidad de las comunidades LGBTQ+. Este mensaje, que podría parecer un detalle en el marco de su discurso, es un retroceso peligroso en la lucha por la igualdad y un intento por instalar valores conservadores en detrimento de los derechos humanos.
Su negación del cambio climático, que tildó de “mito de los progresistas”, refuerza una agenda destructiva para el planeta. Al ignorar las advertencias científicas y desestimar acuerdos como el Acuerdo de París, Trump pone en jaque los esfuerzos globales por frenar una crisis climática que ya afecta de manera desproporcionada a las naciones más vulnerables, muchas de ellas en América Latina.
Negación total
En otro punto controvertido, el presidente anunció tomar el Canal de Panamá como de propiedad de los EEUU, calificándolo como “una infraestructura estratégica que nunca debió ser entregada”.
Esta declaración, además de ser una afrenta directa contra la soberanía panameña, refleja una postura intervencionista que revive tensiones históricas y amenaza con desestabilizar la región. La posibilidad de que Estados Unidos busque controlar nuevamente este punto clave para el comercio internacional no solo va en contra del principio de autodeterminación de los pueblos y los derechos adquiridos, sino que también genera incertidumbre sobre las relaciones hemisféricas.
Férrea defensa
La respuesta de la obispa Mariann Budd en el oficio religioso posterior al discurso fue categórico pidiéndole a presidente norteamericano compasión hacia los grupos marginados incluidos los niños gays, lesbianas, y transgéneros, así como los inmigrantes indocumentados que ahora tienen miedo y algunos temen por sus vidas.
Además, no podemos ignorar el reciente saludo de ultra derecha al estilo nazi de Elon Musk. El hombre más rico del planeta junto al más poderoso envían señales complicadas hacia la humanidad que hoy necesita más mensajes de diálogo y tolerancia que de sectarismo y agresión
América Latina no puede permanecer indiferente ante este escenario. Los valores democráticos, el respeto por la diversidad y la cooperación internacional están en juego. Este es un momento crucial para decidir qué tipo de sociedad queremos construir y cómo enfrentaremos los desafíos de un mundo que parece inclinarse peligrosamente hacia el autoritarismo y la exclusión. La posición de nuestro presidente Javier Milei avalando públicamente estos mensajes no sería un buen presagio.