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Salta

La interna que ya nadie esconde: Sergio Camacho, Sáenz y el juego por el poder en Salta

El ministro de Infraestructura, Sergio Camacho, ha dejado de disimular sus ambiciones

Sergio Camacho

SALTA (Diego Nofal).- En la política salteña, cada silencio tiene peso y cada gesto se interpreta. El ministro de Infraestructura, Sergio Camacho, ha dejado de disimular sus ambiciones: quiere ser gobernador. Su nombre ya circula entre pasillos, cafés y redacciones, mientras su figura crece a la sombra de una administración que empieza a mostrar signos de desgaste. Camacho no solo construye rutas y hospitales: también construye su candidatura. Y eso no pasa desapercibido.

El actual gobernador, Gustavo Sáenz, ya lo sabe. Lo mira con recelo y desconfianza, dos sentimientos que rara vez conviven con la armonía política. La relación entre ambos es tensa, aunque las formas se mantengan en público. Camacho ha ganado espacio propio, incluso más allá del gabinete. Su figura convence a sectores que ven en él una salida ordenada para el oficialismo, pero también una ruptura inevitable con Sáenz.

La grieta entre ambos se hace más evidente en las versiones contrapuestas sobre el futuro de las obras nacionales en Salta. Mientras el gobernador asegura en cada acto que el Gobierno nacional cumplirá con los compromisos de infraestructura, Camacho comenta en privado, con tono resignado, que esas obras no llegarán. La diferencia no es menor: refleja una doble narrativa que deja al descubierto la fragilidad del relato oficial.

Lo más llamativo es quiénes están detrás de Sergio Camacho. Un grupo de periodistas y colaboradores cercanos al ex gobernador Juan Carlos Romero mueven los hilos de su proyección. De hecho, se comenta con insistencia que su principal asesor de prensa sería también el principal impulsor de esta candidatura naciente. Así, el romerismo vuelve al tablero político con una jugada sutil, pero cargada de intención.

Mientras tanto, Sáenz parece quedar cada vez más solo. Su autoridad se diluye no solo ante la oposición, sino dentro de su propio gabinete. Que un ministro clave lo contradiga en privado y que, al mismo tiempo, empiece a perfilarse como su sucesor, no es un detalle menor. Habla de un liderazgo que ya no ordena ni contiene. La lealtad, como en toda decadencia política, empieza a escasear.

La conclusión parece inevitable: hasta sus propios ministros perciben que Gustavo Sáenz está en retirada. El ciclo político que comenzó con promesas de renovación y autonomía se apaga entre internas, desconfianzas y promesas incumplidas. Camacho avanza, y detrás de él, una parte del poder salteño ya prepara el reemplazo. Porque cuando los cercanos se animan a disputar, es señal de que el final ya empezó.

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