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Salta

El frágil juego político de Gustavo Sáenz de cara a octubre

El problema es que Gustavo Sáenz no tiene, hoy por hoy, candidatos competitivos. Su lista carece de nombres que generen entusiasmo más allá de su círculo, lo que lo obliga a buscar alianzas incómodas.

Gustavo Sáenz

SALTA – (Diego Nofal).- Las elecciones legislativas de octubre en Salta se presentan como un verdadero desafío para el gobernador Gustavo Sáenz. Mientras que en las recientes elecciones provinciales del 11 de mayo pudo capitalizar la oferta electoral bajo su órbita, el escenario nacional exige una estrategia distinta que el mandatario no ha logrado elaborar. La necesidad de asegurar diputados y senadores nacionales leales se ha convertido en una urgencia para un mandatario que, en los últimos tiempos, ha visto erosionar su poder de negociación frente al gobierno de Javier Milei. 

En las elecciones provinciales, Sáenz logró imponer su sello. Sus candidatos, alineados con su gestión, dominarán la escena, reforzando la idea de un liderazgo sin contrapesos dentro del arco político que va del PJ salteño a una rama de libertarios truchos, sin dejar de lado varios aliados en el PRO Salta. Sin embargo, este esquema no será replicable en octubre. A nivel nacional, el juego es distinto: se requieren figuras con peso propio, capaces de trascender el aparato provincial y negociar en un Congreso donde el oficialismo libertario busca imponer su agenda. 

El problema es que Gustavo Sáenz no tiene, hoy por hoy, candidatos competitivos. Su lista carece de nombres que generen entusiasmo más allá de su círculo, lo que lo obliga a buscar alianzas incómodas. El repentino acercamiento a Juan Carlos Romero, el exgobernador y que hasta hace poco había insinuando ser un rival político, es una muestra de esa debilidad. Romero, dueño de una estructura aún sólida en la provincia, representa un salvavidas para Sáenz, pero también un riesgo: asociarse con él significa compartir poder y, eventualmente, ceder espacios clave en las listas. 

El costo para Gustavo Sáenz, de depender de Juan Carlos Romero

Romero no es un aliado gratuito. Su influencia en el peronismo salteño sigue vigente, y su apoyo tendrá un precio. Si Gustavo Sáenz  pretende usarlo como catapulta para sus candidatos, deberá negociar no solo lugares en las listas, sino también futuras lealtades. El exgobernador no entregará su maquinaria política sin asegurarse que los eventuales legisladores nacionales respondan, al menos en parte, a sus intereses. 

Esta jugada revela la fragilidad de Sáenz. Un gobernador fuerte no necesita recurrir a su predecesor para garantizar elecciones. El hecho de que hoy esté obligado a hacerlo habla de una falta de proyección política y de una estructura partidaria que no logró renovarse. Peor aún: si en octubre los resultados no acompañan, Sáenz podría terminar con menos bancas propias en el Congreso, debilitando aún más su posición frente a Milei. 

El riesgo de perder el favor de Milei

Hasta ahora, Gustavo Sáenz ha sido uno de los gobernadores mejor vistos por el Presidente. Su pragmatismo y su disposición al diálogo lo diferenciaron de otros mandatarios peronistas. Pero ese lugar privilegiado depende, en gran medida, de su capacidad de movilizar apoyos legislativos. Si en octubre no logra colocar diputados y senadores leales, su utilidad para el Gobierno nacional disminuirá. 

Milei necesita gobernadores que no solo gestionen, sino que también aseguren votos en el Congreso. Si Sáenz no puede garantizar eso, dejará de ser un aliado estratégico. Y en un escenario donde el PJ salteño ya muestra fisuras, el costo político podría ser alto. 

Hoy, Sáenz no tiene un plan claro para octubre. Su acercamiento a Romero es un movimiento desesperado, no una estrategia consolidada. Si no logra articular una lista competitiva y unificada, lo más probable es que termine resignando espacios, perdiendo legisladores propios y debilitando su influencia tanto en Salta como en Buenos Aires. 

Las elecciones de octubre pueden marcar un punto de inflexión que establezcan que Sáenz logra recomponer su liderazgo con una jugada maestra, o confirmará que su poder era más efímero de lo que parecía. Por ahora, los indicios apuntan a lo segundo.