SALTA (Diego Nofal).- En una jornada electoral que dejó en evidencia las tensiones políticas de la provincia, este domingo se realizaron en Salta los comicios legislativos para renovar el 50% de las bancas de la Legislatura y de los consejos deliberantes. Los resultados, sin embargo, resonaron como un terremoto para el oficialismo: la oposición, liderada por La Libertad Avanza y su candidato Roque Cornejo, se impuso de manera contundente en la capital provincial, donde se concentra el 44% del padrón electoral. Mientras tanto, el gobernador Gustavo Sáenz, líder del partido oficialista, intentó maquillar una derrota que analistas ya califican de «histórica».
La capital, el termómetro que quemó al oficialismo
Con un 44% de participación en la ciudad de Salta el núcleo urbano más poblado y determinante, el voto castigo al oficialismo fue indiscutible. La Libertad Avanza capitalizó el descontento con una plataforma centrada en la crítica a la gestión económica y la inseguridad, logrando una victoria holgada en distritos clave. Este triunfo no solo le permite a la oposición fortalecer su presencia en los concejos deliberantes, sino que marca un precedente alarmante para Sáenz, quien hasta hoy se proyectaba como un actor invulnerable en el escenario provincial.
El mensaje de las urnas fue claro: en los grandes centros urbanos, donde se debate el día a día de la ciudadanía, el oficialismo perdió fuelle. La capital siempre es termómetro de lo que viene. Aquí se concentran las demandas más urgentes, y el gobierno provincial no supo responder.
Gustavo Sáenz: entre la negación y el triunfalismo provincial
Frente a los resultados, el gobernador Gustavo Sáenz optó por un discurso que mezcló triunfalismo selectivo y una peculiar interpretación de la geografía política. En una conferencia cargada de contradicciones, el mandatario insistió en destacar sus avances en el interior provincial, aunque evitó reconocer el batacazo en la capital.
«Yo no sé cómo se leen las elecciones provinciales, no sé cómo se leen las legislativas, las intermedias —comenzó Sáenz, con un tono que pretendía desestimar la contundencia opositora—. Pero digo, si de 12 senadores que se elegían ganamos 11, creo que ganamos 11 a 1, ¿no? Sí, creo que sí. Si de 30 diputados ganamos 20, creo que ganamos, ¿no? No sé».
Sin embargo, sus palabras chocaron con la realidad numérica: la provincia de Salta tiene un sistema electoral donde el peso de la capital, con casi la mitad del padrón, resulta decisivo para medir la temperatura política. Que el oficialismo haya cosechado triunfos en regiones menos pobladas no compensa la debacle en el área metropolitana, donde se define la gobernabilidad.
El mandatario también apeló al federalismo como escudo retórico: «La Argentina no empieza y termina en la General Paz. Tampoco es así en Salta. El 42% está aquí en Capital. Y agradezco a todos los que nos han acompañado. Pero el otro 58% está en toda la provincia. Si yo defiendo el federalismo a nivel nacional, con mucha mayor razón aquí en mi provincia». La alusión, sin embargo, omitió un dato crucial: ese 58% disperso en el interior representa una población menor y con problemáticas distintas a las de los centros urbanos.
Una lectura peligrosa para el oficialismo
El intento de Sáenz por relativizar la derrota revela, según expertos, una estrategia riesgosa. «Minimizar el resultado en la capital es un error de diagnóstico —advirtió una fuente cercana al gobierno provincial—. Aquí es donde se gestan las crisis de imagen y donde se construyen las mayorías legislativas».
Federalismo vs. realidad demográfica: la grieta que crece
El trasfondo de esta elección es una pulseada entre dos Salta, la urbana y la rural. Mientras el oficialismo se sostiene en el interior, con obras públicas y un voto cautivo históricamente ligado a los caudillos locales, la oposición avanza donde la población exige respuestas inmediatas a la inflación, la falta de empleo y la crisis de seguridad.
Pero hay más: el triunfo de La Libertad Avanza en Salta capital no es un hecho aislado. Se inscribe en una tendencia nacional donde espacios opositores, incluso aquellos con discursos disruptivos, ganan terreno en ciudades frente a gobiernos provinciales desgastados. Para Sáenz, el riesgo es que esta derrota se lea como un anticipo de 2025.
Las elecciones legislativas en Salta dejaron una foto inquietante para el oficialismo: la capital, otrora bastión impenetrable, hoy se pinta de oposición. Sáenz, aunque intentó camuflar el golpe con cifras parciales, no puede ignorar que en política, como en el fútbol, los goles en contra en el propio territorio cuestan caro.
Mientras La Libertad Avanza celebra su llegada al poder legislativo local, el gobernador enfrenta un dilema: seguir mirando al interior o corregir el rumbo donde las urnas le gritaron «no». La respuesta definirá no solo su futuro, sino el de una provincia donde la grieta entre el urbanismo crítico y el federalismo tradicional parece profundizarse.