SALTA – Después de días de silencio, y varios idas y vueltas con El Intra Salta, la ministra Manuela Arancibia decidió finalmente dar señales de vida. No lo hizo a través de una conferencia de prensa, ni con una entrevista, ni con un acto de rendición de cuentas. Como se le solicitó desde este medio.
La insistencia de este medio y sus periodistas para poder obtener la palabra de quien, por estas horas, es señalada como corrupta por la sociedad salteña, trajo algo de luz en una oscuridad que es propia de la gestión de Gustavo Sáenz. Arancibia le debe esa gentileza a otro funcionario provincial, Sergio Chibán. Él, con una impunidad que eriza la piel, la acusó de «chorearse» 10 millones de pesos.
Ante una acusación de este estilo, se esperaba una desmentida inmediata. Pero todavía no termina de llegar, al menos con la claridad que se le pide. Eligió el cómodo camino del comunicado institucional. Un texto prolijo, enviado a El Intra Salta, como si con eso alcanzara para cerrar el tema. Spoiler, no alcanza.
Comunicado vacío
El comunicado intenta explicar el subsidio de 25 millones otorgado a la Asociación Salteña de Vóley. Dice que el pedido original era de 35 millones, que se aprobaron 25 “tras la evaluación técnica” y que todo fue “formal, con todos los comprobantes correspondientes”.
«Es importante aclarar que nunca se aprueba el total de lo solicitado, y eso no implica ninguna irregularidad. Después de la viralización del audio, decidí presentarme espontáneamente ante la fiscalía para aportar toda la documentación: el expediente, las transferencias y la rendición que hizo la Asociación. No hubo faltante ni desvío de fondos, y además, la Agencia Salta Deportes no depende del Ministerio, así que no tengo vínculo funcional con ese organismo», sostuvo la ministra.
¿Qué hará Fiscalía?
Cuando el audio de Sergio Chibán cobró estado público, la ministra Manuela Arancibia decidió presentarse en forma espontánea, con toda la documentación en la mano, en la Justicia. Aunque, si de presentaciones en fiscalía se trata, el historial terminará favoreciéndola.
En el fondo de un cajón duerme la investigación que se hizo desde El Intra Salta sobre el robo a un local comercial de la exsecretaria de Justicia, Verónica Saicha. El doble sueldo en dos poderes del estado de María Cristina Macchi Solá, esposa de Nicolás Demitrópulos, y tantas investigaciones que se dieron a conocer desde este medio.
El trabajo que realizan en la Fiscalía de Salta nunca termina de investigar a funcionarios de Gustavo Sáenz. Sí se muestra implacable con periodistas, directores de medios, e intendentes. Pero funcionarios de primera línea no obtienen ni un tirón de orejas.
En el comunicado enviado a este medio, no hay una sola palabra sobre el contenido del audio que circuló. No hay una sola línea que diga «no robé nada». Solo tecnicismos, aclaraciones funcionales y una defensa institucional que no despeja ninguna duda.
Con una soltura preocupante, un funcionario provincial acusa a otro de un presunto robo millonario y no hay un fiscal que actúe de oficio. Esto también debiera ser un llamado de atención para el Gobierno, pero no. No hay un solo funcionario de alto rango que salga a dar explicaciones sobre lo que pasa puertas adentro de la gestión de Gustavo Sáenz. El silencio no solo es ensordecedor: es cómplice.
Fuerte blindaje a Manuela Arancibia
Luego de que se le escribiera y se llamara a la ministra Manuela Arancibia, apareció una mujer, de quien no daremos su nombre, entendiendo que sólo hacía su trabajo como integrante del equipo de prensa de la ministra, y solicitó las preguntas previo a pasárselas a la funcionaria.
A regañadientes, se accedió. La devolución fue inaceptable. Con una naturalidad pasmosa, dijo que no se las había pasado a la funcionaria por una serie de cosas que no le gustaron de las preguntas. No solo eso: intentó instruir a los periodistas de este medio con audios y declaraciones brindadas por el abogado de la ministra y lo que Chibán había dicho sobre este hecho.
Es decir, buscó impedir, de forma explícita, que desde este medio se ejerza algo tan básico como el derecho a preguntar y repreguntar. La ministra habló. Pero no dijo nada. Y cada vez que no dice, alguien más se encarga de tapar.