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Salta

Marcha atrás con el IPS ¿Se vienen más denuncias por intimidación pública?

Todo comenzó con un proyecto legislativo tan brillante que incluso las piedras se sonrojaron

Gustavo Sáenz

SALTA (Diego Nofal).- En la provincia de Salta, el gobernador Gustavo Sáenz ha demostrado que, cuando un barco se hunde, la estrategia más eficaz no es tapar las grietas, sino demandar a quienes filman el agua entrando por la borda. El mandatario ha logrado convencerse de que los verdaderos enemigos de su gestión no son sus decisiones, sino aquellos irreverentes que se atreven a señalarlas.

Todo comenzó con un proyecto legislativo tan brillante que incluso las piedras se sonrojaron. El gobernador, en un arrebato de inspiración mileista, propuso arrebatar la obra social a los jubilados. Sí, a esos ciudadanos que, tras una vida de trabajo, tienen el descaro de esperar atención médica en su vejez, porque nada es más golpista que ser viejo y tener memoria. La iniciativa, como era previsible, desató un huracán de indignación. Adultos mayores, familias enteras y hasta las palomas de la Plaza 9 de Julio entendieron que la idea era, por decirlo con amabilidad, un despropósito con rango de ley*¹.

Ante el aluvión de críticas, Sáenz hizo lo único sensato, retirar el proyecto. Pero no sin antes protagonizar un drama en tres actos. Primero, una conferencia de prensa para decir «yo no fui». Luego, otra para aclarar que la primera no había sido suficiente. Y hoy, una más, para anunciar que los verdaderos culpables son los opositores y los periodistas que, en un acto de traición a la patria, informaron sobre su propia iniciativa.

El argumento del gobernador es una joya de la lógica invertida. Según él, la oposición «sembró caos» al… ejem… “difundir” su proyecto. Es decir, si un gobernante lanza una bomba política y los medios la explican, la culpa no es de quien la activó, sino de quienes grabaron el hongo nuclear. La ecuación es perfecta «Yo propuse dejar sin salud a los abuelos, pero ustedes son los malos por contarlo».

Pero el espectáculo no termina ahí. Tras el fracaso de su proyecto, el mandatario y su brillante asesor Nicolás Demitrópulos, seguramente están tramando la nueva denuncia por intimidación pública contra periodistas y opositores. Esta vez no será por dos videos en TikTok que, al parecer, tienen más poder de convicción que sus discursos sino por violar la nueva ley saencista que reza “queda prohibido exponer la estupidez oficial”.

Mientras el gobierno se enfrenta a coreografías virales, los jubilados siguen preguntándose si en un mes tendrán que vender sus medicamentos para comer.

Lo verdaderamente fascinante es cómo Sáenz ha convertido las denuncias en su muleta retórica. Primero, acusar de «intimidación» a quienes criticaron su proyecto. Luego, culpar a la oposición de su propio batacazo. Y como siempre, tener latente la amenaza de la Justicia a quienes informan sobre sus amenazas. Es el ciclo infinito del poder creativo él genera el caos, otros lo registran, y él los acusa de inventarlo. Un bucle que haría sonrojar a Kafka, pero con banda sonora de los Chalchaleros, interpretados por nuestro canta-actor favorito, Gustavo Ruperto

Y no podemos pasar por alto el detalle más exquisito los videos en cuestión. ¿Su contenido? Probablemente, jubilados mirando a cámara con incredulidad, recortes de declaraciones del gobernador y memes de perros vestidos de jueces. Para Sáenz, esto no es libertad de expresión, sino un «complot mediático». ¿Orquestado por quién? Por el mismísimo dios de la ironía, que hoy debe estar firmando autógrafos en el inframundo.

Mientras tanto, la obra social de los jubilados sigue en pie… por ahora. Pero el verdadero show no es la reforma fracasada, sino el libreto que el gobernador repite como mantra «Si la realidad me contradice, demandemos a la realidad». Así, los periodistas somos relegados a personajes secundarios de un melodrama donde el héroe, en lugar de aprender de sus errores, demanda al guionista por escribir diálogos incómodos.

Para cerrar, Gustavo Sáenz nos enseña que gobernar es sencillo si conviertes la falta de autocrítica en una filosofía de vida. ¿Qué sigue en su repertorio? Quizás denunciar a las nubes por llover sobre sus actos públicos, o demandar al espejo por reflejar su imagen cada mañana. Mientras, en Salta, los únicos que no pueden quejarse son los ciudadanos. Al menos, hasta que el gobernador imponga un impuesto al derecho a respirar en horas hábiles.

Si este texto les parece una burla, tengan cuidado. Podría ser utilizado como evidencia en su próxima denuncia por «terrorismo satírico». Después de todo, en el universo alterno del gobernador, la única verdad permitida es la que se escribe en sus tuits.

*NdelA: El director no me deja escribir “pelotudez” en las columnas.