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Salta

¿Verónica Saicha en el Consejo de la Magistratura? Un misterio con aroma a jabón robado

La gran pregunta es por qué sigue oficialmente sentada en el Consejo de la Magistratura como representante de los diputados.

Verónica Saicha

SALTA (Por Diego Nofal).- La política de Salta, nunca avara en sorpresas, nos regala una de esas perlas burocráticas que desafían la lógica y alimentan la más fértil de las imaginaciones. En el centro de este enigma, tan persistente como un olor a desodorante de dudosa procedencia en un almacén, encontramos a Verónica Saicha.

Sí, la misma Verónica Saicha cuya abrupta salida de la Secretaría de Justicia provincial hace dos meses nos dejó más atónitos que nene al que le robaron un caramelo. La gran pregunta hoy, sin embargo, no es tanto por qué se fue, sino por qué, carajos, sigue oficialmente sentada en el Consejo de la Magistratura como representante de los diputados, como si su renuncia hubiera sido una simple ilusión colectiva.

Un guión digno de una telenovela con toques de farsa

Recordemos el telón de fondo, un guion digno de una telenovela barata con toques de farsa. Verónica Saicha, diputada provincial y mano derecha en quien el gobernador Gustavo Sáenz depositaba una confianza que ahora parece más bien un mal chiste, renunció a su cargo ejecutivo. Ni una palabra clara sobre los motivos. Ni un regreso a su escaño para disipar las dudas. El silencio oficial fue tan estricto solo podía significar una cosa, algo olía muy mal, y no precisamente a flores de San Lorenzo.

Fue entonces cuando El Intra Salta, haciendo gala de un periodismo que otros parecen evitar, arrojó luz, tenue, sobre el asunto. Según su investigación, el detonante de la renuncia de Verónica Saicha habría sido un incidente poco edificante. Supuestamente, la entonces máxima autoridad en Justicia de la provincia habría sido sorprendida in fraganti cometiendo un hurto en un coqueto local comercial del pintoresco San Lorenzo Chico.

El cargo, imagínense, secretaria de Justicia. La actividad reportada, sustraer mercancía sin pasar por caja. La ironía es tan densa que se podría cortar con un cuchillo de esos que quizás exhibían en el local y Saicha se llevaba en la cartera.

La comedia institucional en su clímax absurdo

Pero aquí es donde la comedia institucional alcanza su clímax absurdo. Pese a que Intra Salta hizo pública esta información, capaz de hacer sonrojar hasta al más pintado, el sistema reaccionó con la velocidad de una babosa a diésel. Nunca se abrió una investigación formal sobre lo ocurrido aquel día en San Lorenzo Chico. Nunca se indagó si hubo intentos de encubrir el supuesto desliz de Verónica Saicha.

Ni una pesquisa, ni un sumario, ni un «a ver, explíqueme esto». El silencio administrativo fue la única respuesta, un manto de olvido convenientemente extendido sobre el asunto.

Lo único que sí trascendió, añadiendo leña al fuego de la incredulidad, fueron datos sobre un inquietante patrón. Resulta que Verónica Saicha no era una novata en el arte del presunto «error en la caja». Existían denuncias anteriores por hechos similares en otros establecimientos comerciales. Un historial que, uno pensaría, debería ser relevante para alguien encargada de administrar justicia. Pero no, al parecer en Salta el currículum se lee de forma selectiva.

Verónica Saicha sigue inmutable

Y así llegamos al presente, al corazón de este absurdo institucional. Verónica Saicha renunció a la Secretaría de Justicia (ejecutivo) en medio de un escándalo apenas disimulado, nunca retomó su banca (legislativo), pero ahí sigue, inmutable como una estatua mal ubicada, figurando en los sitios web oficiales como miembro activo del Consejo de la Magistratura, representando nada menos que a los diputados provinciales.

Este detalle no es menor. Ya era problemático que figurara simultáneamente en un órgano del poder judicial (el Consejo) mientras ejercía un alto cargo ejecutivo, una superposición de poderes que huele a conflicto de intereses a kilómetros.

Que siga allí después de todo lo ocurrido, es simplemente una burla a la inteligencia ciudadana y a cualquier noción de decoro institucional. Cómo se explica esta persistencia fantasmal en el cargo, la pereza burocrática, esa lentitud legendaria para actualizar las páginas web, no es suficiente para explicar este ¿olvido? O es algo más siniestro, como un intento de mantener un nombre en un sitio visible mientras las aguas turbulentas se calman. La respuesta, como los verdaderos motivos de la renuncia de Verónica Saicha, flota en el aire salteño, pesada y sin respuesta.

La ficción nunca puede competir con la realidad de la política

Lo único claro es el mensaje que se envía ciertas sombras, ciertos nombres, ciertos presuntos incidentes en tiendas de barrio, pueden ser incómodamente difíciles de borrar de la nómina oficial, aunque el resto del mundo sepa la verdad incómoda. La historia de Verónica Saicha es un recordatorio tragicómico de que, a veces, la ficción más descabellada no puede competir con la realidad disfuncional de la política local.

Y mientras, la página web sigue ahí, inmutable, testimonio digital de una impunidad que huele a estantería de supermercado. Qué espectáculo, Salta, qué espectáculo. Los periodistas, además de contar lo que no quieren que se conozca, tendremos también que ir a la Justicia a pedir explicaciones, porque lo que nos hace buenos periodistas es ser mejores ciudadanos.

Verónica Saicha
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