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Salta

Güemes, el incómodo: cuando la historia popular desafía al poder

. Su gobierno en Salta fue, en ese sentido, una experiencia única de poder popular

Martín Miguel de Güemes

SALTA (Pablo Kosiner).-  Como cada 17 de junio, al recordarse un nuevo aniversario del fallecimiento del General Martín Miguel de Güemes, es habitual reivindicar su gesta heroica al frente de las guerrillas gauchas que defendieron nuestra tierra del avance realista. Sin embargo, en muchas ocasiones se lo encierra en la figura de un caudillo militar, omitiendo que Güemes fue también un dirigente político con una profunda visión sobre el país que debía surgir de la independencia: una Nación justa, equitativa y profundamente federal en el marco de la libertad latinoamericana.

Güemes no combatió solo en contra del dominio español. Luchó también contra las elites centralistas que pretendían edificar un poder concentrado en Buenos Aires, desentendido de las necesidades del interior profundo. Su gobierno en Salta fue, en ese sentido, una experiencia única de poder popular: redistribuyó tierras, organizó milicias con sectores postergados, articuló una economía local de resistencia y sostuvo con recursos propios la guerra de la independencia, sin esperar ayuda del poder central que nunca llegaba.

Una de las medidas más revolucionarias de su gobierno fue la creación del llamado fuero gaucho, que eximía a los combatientes de los tributos y obligaciones que regían para el resto de la población. No se trataba solo de un privilegio militar, sino de una reivindicación social y política: quienes luchaban por la patria eran también los postergados de siempre, y su esfuerzo debía ser reconocido con justicia. El fuero gaucho constituyó una forma concreta de dignificación de los sectores populares, y una ruptura con las estructuras coloniales que los habían mantenido en la marginalidad. En el fuero, como en tantas de sus decisiones, se expresa el proyecto de un país que reconoce a su pueblo como protagonista.

Su liderazgo político se expresó en la práctica: empoderar a los gauchos no fue solo una estrategia militar, sino una forma de democratizar el poder y afirmar una identidad regional que hasta entonces había sido subordinada y silenciada. En sus decisiones hay una clara noción de justicia distributiva y de defensa de los recursos del territorio ante un modelo de país que marginaba esta zona de nuestro territorio.

Güemes murió traicionado, como tantos otros que buscaron construir una Nación desde abajo. Su figura fue denostada por décadas desde una historiografía centralista que no podía tolerar que un criollo del norte —con amplio respaldo popular— haya desafiado tanto a los realistas como al unitarismo porteño.

Hoy, cuando los mismos intereses que históricamente pretendieron someter a las provincias vuelven a imponer un modelo de exclusión y concentración, el legado de Güemes reaparece con fuerza. Su lucha por una Nación federal, su defensa de los sectores populares, su convicción de que la libertad no se agota en lo político, sino que debe expresarse en la justicia social y en la equidad territorial, siguen siendo banderas pendientes.

Reivindicar a Güemes no es solo evocarlo en los actos, es mucho más que un desfile o una zamba que de hecho también son parte de nuestra identidad. Es entender y comprometerse con su causa. Y su causa —aún inconclusa— fue la construcción de una patria soberana, con poder en las provincias, con dignidad en el pueblo, y con igualdad real de oportunidades para todos los argentinos.