SALTA – El sistema sanitario de Salta pide auxilio. Ya no alcanza sólo con tener vocación de servicio. La salud pública local parece sostenerse más por vocación que por inversión. El último episodio en el hospital Joaquín Castellanos, en General Güemes, deja al descubierto una realidad tan preocupante como reiterada el abandono estructural por parte del Ministerio de Salud de la provincia. Nadie lo dice, pero es obvio, el sistema sanitario está colapsado.
La semana pasada, el jueves, una mujer fue embestida por una camioneta sobre la Ruta 34, a metros del hospital de Salta. Se supone que un centro de salud tan importante, con una complejidad 4 tiene los recursos para atender una emergencia. Pero no. Tiene dos ambulancias y una sirve como «reliquia».
La otra que quedaba estaba con un traslado a Salta. Ante el apuro por asistir a la víctima del accidentes, los médicos y enfermeras salieron caminando. Por esta dramática situación, decidieron vestirse de boy scouts y empujar una camilla en una escena que se volvió viral por su carga de indignación y surrealismo.
El gerente del hospital, Dr. Daniel Rallé, habló sobre este hecho y trató de calmar la situación: “Es más importante salvar una vida que esperar el protocolo”. Y tiene razón, pero la indignación no pasa por ese lado. ¿Por qué deben los trabajadores de la salud improvisar como si vivieran en una zona de guerra?
El Ministerio de Salud provincial sigue sin dar respuestas concretas. Las promesas de nuevas ambulancias suenan tan creíbles como cualquier discurso de campaña, mientras los profesionales siguen haciendo malabares con lo que tienen. Y la gente de la zona debe acomodarse a recibir una atención de muy mala calidad.
Esto es un síntoma de una política sanitaria que relega lo urgente y normaliza lo inaceptable. La imagen de una camilla cruzando la Ruta 34 es el símbolo más claro de un sistema en terapia intensiva. El problema no son los médicos, sino el Estado que decidió abandonarlos a su suerte.