SALTA – El Plan Güemes llegó hace unos meses al norte argentino para combatir el narcotráfico en la frontera, pero nada ha cambiado desde entonces. A pesar de los operativos, el comercio ilegal sigue fluyendo como agua y hasta las propias instituciones judiciales están manchadas con coimas, arreglos clandestinos y empleados que operan en el mercado narco. Sin embargo, el procurador Pedro García Castiella dice ver un «cambio sustancial», a pesar de que la violencia sigue a la orden del día en la provincia.
En diálogo con Aries, García Castiella explicó que la implementación del Plan Güemes resultó fundamental. También recordó que la lucha contra el crimen organizado en Salta comenzó con la persecución y captura de la banda de Cristian Gringo Palavecino, quien fuera condenado la semana pasada a 28 años de prisión.
Por último, Pedro García Castiella afirmó el Plan Güemes y los resultados positivos no solo se ven en los hechos investigados con éxito, sino también en la gran cantidad de sustancia estupefaciente incautada en los procedimientos. Según él, «supera con creces» la de los últimos años.
Incautan, incautan, pero la droga sigue saliendo a borbotones
La idea de Pedro García Castiella no es prueba convincente de un real combate al narcotráfico. Todos los días, la provincia de Salta es noticia por el secuestro de droga y la vulneración de los controles en las fronteras.
Prueba reciente de ello es lo que está sucediendo en el municipio de Aguas Blancas, en el límite internacional entre Argentina y Bolivia. Actualmente, no sólo está sumido en el contrabando de mercadería, sino también en un grave problema de usurpación. Esto ocurre debido al loteo ilegal de terrenos sin ningún tipo de autorización ni control por parte de las autoridades competentes. Se comercializan parcelas que literalmente cruzan la línea imaginaria entre las dos naciones, un hecho sin precedentes.
Esta situación demuestra claramente que el Plan Güemes es una idea que se gestó en Buenos Aires, sin el más mínimo conocimiento del territorio del norte argentino. Es un plan condenado al fracaso desde su concepción burocrática y distante, que ya perdió su primera batalla contra la realidad fronteriza. Recordemos también que hace un tiempo, Aguas Blancas fue noticia con una insólita solución. Creían que un alambrado de apenas 200 metros podía controlar el masivo contrabando fronterizo. Ese alambrado inútil le costó a la provincia 53 millones de pesos, un gasto absurdo sin resultados visibles hasta hoy. El descontrol sigue, ahora con lotes que desafían la soberanía.