Salta.- (Por Diego Nofal) Algo indudablemente cambió en el clima político salteño en estas últimas semanas. Nadie puede precisar con exactitud el momento preciso o la causa única del viraje. Pero la sensación general es palpablemente distinta a la de hace apenas veinte días. En ese entonces, La Libertad Avanza Salta aparecía con grandes probabilidades de imponerse en las cruciales elecciones legislativas de octubre próximo. Esos comicios definirán nada menos que tres senadores nacionales y tres diputados nacionales por la provincia. Hace veinte días, esa perspectiva significaba una contribución mínima de dos diputados y dos senadores para el Presidente de la Nación desde Salta. Era un escenario casi dado por descontado por muchos analistas y actores políticos locales. La fuerza del sello nacional parecía imparable en territorio norteño.
Sin embargo, el panorama dio un vuelco inesperado hace unos días. Todo el avispero político comenzó a agitarse con intensidad creciente. Las pésimas decisiones económicas del presidente Javier Milei, ampliamente criticadas, se combinaron con una grave crisis de consumo a nivel país. Esta situación forzó el cierre de fábricas, pymes, kioscos e incluso pequeños emprendimientos locales. El impacto social fue inmediato y profundo. El malestar ciudadano se tradujo en una caída abrupta de la intención de voto hacia el partido que gobierna a nivel nacional. La confianza inicial se resquebrajó frente a la realidad cotidiana de los salteños.
Paralelamente, los rivales y opositores a La Libertad Avanza, tanto en el plano nacional como en el ámbito local, empezaron a mostrar una recuperación en las encuestas. El descontento con la gestión económica nacional encontró un cauce en las alternativas políticas existentes. La oposición percibió una ventana de oportunidad que no existía semanas atrás. El clima de desencanto con las medidas del gobierno central se volvió un factor determinante. La correlación de fuerzas empezó a moverse con rapidez inusitada.
En Grand Bourg empezaron a circular varias encuestas internas con resultados alarmantes para el oficialismo nacional. Todas esas mediciones, sin excepción, muestran una caída estrepitosa en la intención de voto hacia La Libertad Avanza Salta. El piso que parecía sólido se desvaneció con sorprendente velocidad. Los números reflejan un enfriamiento significativo del apoyo inicial. La marea azul oscuro que inundaba las proyecciones se retiró dejando un panorama incierto. El optimismo de las primeras semanas se trocó en preocupación evidente.
Alfredo Olmedo, candidato a senador nacional por La Libertad Avanza Salta, es consciente de la compleja coyuntura. Sabe que su postulación busca capitalizar el sello y la fuerza inicial del partido a nivel nacional. Pero también tiene plena claridad de que su destino electoral depende hoy de los avatares de la política nacional. La situación económica actual, con el dólar en franca subida, aumentos permanentes de precios, y otras medidas percibidas como desatinadas, lo alejan de la posibilidad de aportar dos senadores al gobierno nacional. El contexto se volvió un lastre difícil de superar. La conexión con Buenos Aires ahora pesa más que impulsa.
En la vereda del frente, el gobierno provincial y sectores del justicialismo local recibieron las encuestas como una inyección de ánimo. Los números encendieron una potente luz de esperanza para sus aspiraciones electorales. Este nuevo escenario incluso modificó la postura pública del gobernador Gustavo Sáenz. Hace apenas tres días, Sáenz había declarado que él no bendeciría candidaturas para estos comicios legislativos. Pero la llegada de los alentadores sondeos lo impulsó a cambiar de estrategia. Aparentemente, el oficialismo provincial se animará y competirá con lista propia en octubre. Es una jugada que calculan no tiene nada que perder y sí mucho por ganar. La oportunidad es demasiado clara para desaprovecharla.
Para el gobernador Sáenz, estas elecciones adquieren una dimensión estratégica crucial. En teoría, este es su último mandato constitucional al frente de la provincia. Si el oficialismo pierde en octubre, su objetivo se reduciría a llegar al final de su gestión de la manera más tranquila posible. Pero si el oficialismo provincial logra una victoria significativa, se abren dos caminos potenciales. Forzar una interpretación constitucional que le permita intentar una nueva candidatura, algo complejo pero no imposible en política. O, alternativamente, elegir cuidadosamente a su sucesor para que se haga cargo del gobierno provincial. Cualquiera de estas dos jugadas le serviría para mantener influencia decisiva. Una victoria le daría oxígeno y opciones.
Este súbito cambio en el tablero político salteño plantea interrogantes sobre muchos actores, incluida la propia intendente capitalina. Bettina Romero, fuerte aliada del proyecto nacional, enfrenta ahora un panorama electoral más adverso de lo previsto. La pregunta que flota en el aire, reflejada en el título, adquiere nueva vigencia. ¿Su futuro político quedará confinado al Concejo Deliberante si la marea sigue retrocediendo? La respuesta, como todo en política, dependerá de los votos de octubre y de cómo se maneje en este clima revuelto. Su permanencia en la escena grande provincial ya no luce tan asegurada como hace un mes. El viento cambió en Salta, y todos ajustan velas.