Salta.- (Por Diego Nofal).- La administración nacional, encabezada por Javier Milei, inició ayer un camino extremadamente peligroso. Ese sendero oscuro y antidemocrático es el de la censura directa a la prensa. Unos audios con la voz de Karina Milei, hermana del Presidente, desataron el pánico oficial. Quienes participaron en esa polémica reunión actuaron con velocidad sorprendente.
El gobierno nacional le pidió a un juez, de moral más que cuestionable, que silenciara a los periodistas. Este magistrado suma nueve denuncias formales, incluyendo cinco por acoso o abuso sexual. Parece que la coherencia ética no es requisito para sus nuevos amigos en el poder.
Desde el gobierno menemista y aquella censura de la jueza María Servini de Cubría, Argentina no enfrentaba este tipo de medidas. Los ataques a la prensa, es cierto, empezaron con el kirchnerismo. Inclusive se llegó a allanar las oficinas del Diario Clarín, un hecho gravísimo. Pero nunca jamás se paró la difusión de información en los últimos treinta años. El intento de ayer fue un salto cualitativo hacia el abismo, una vuelta de tuerca autoritaria. Utilizar la justicia para callar voces es jugar con fuego, y alguien va a terminar quemándose.
Este directo intento de censura mantuvo estupefacta a gran parte del arco político de Salta. Pasaron varias horas sin reaccionar, quizás incrédulos ante semejante despropósito. Pero a mitad de la mañana, de a poco, todos empezaron a repudiar este acto. Hay cosas en las que la ideología debe quedar de lado inmediatamente. La censura a la prensa es una de ellas, un límite que no se debe cruzar. Nadie so pretexto de que una noticia genera conmoción social puede censurar información. Esa excusa es la puerta de entrada a regímenes que ya creíamos superados.
La libertad de expresión, base del sistema republicano
La base de nuestro sistema republicano de derecho es la libertad de expresión. Sobre todo existe la prácticamente ilimitada libertad de prensa en nuestra Constitución. Todos los ciudadanos son libres de publicar sus ideas en los medios de comunicación. Todo ello debe hacerse sin censura previa de ningún tipo, eso es indiscutible. Intentar torcer ese principio con maromas legales es un acto de magia negra. Una magia que los argentinos no estamos dispuestos a aceptar ni comprar.
Por eso las voces de candidatos y no candidatos salteños se hicieron sentir. Todos ellos, relacionados de una u otra forma con la política local, usaron las redes. Desde sus plataformas, todos repudiaban este espantoso acto de censura nacional. No hubo en esto grieta alguna, para variar fue algo que unió en lugar de dividir. Los candidatos del oficialismo local y una importante lista de opositores reaccionaron. Pusieron el grito en el cielo por la censura impuesta desde Buenos Aires. La condena también alcanzó a la justicia Federal, cómplice de este atropello.

El repudio que falta contra la censura de Milei
Quienes no repudiaron el hecho fueron los candidatos de La Libertad Avanza en Salta. Como era obvio, ellos responden ciegamente al presidente Javier Milei. Lo harán indistintamente de lo que el Presidente decida hacer o decir. Incluso si Javier Milei decide violar obscenamente la Constitución nacional. Apoyarán demandar a periodistas por el simple hecho de difundir información de interés público. Su silencio cómplice dice mucho más que cualquier discurso preparado, es elocuente.
El contraste entre la unanimidad del repudio y el silencio oficialista local fue evidente. La ciudadanía salteña pudo ver claramente quién defiende las instituciones. Sobre todo, quién está dispuesto a plegarse a cualquier cosa con tal de mantener el favor. Este hecho sienta un precedente extremadamente peligroso para la democracia. Debemos estar todos atentos a que este tipo de acciones no se repitan nunca más. La noticia era los audios, pero el verdadero escándalo fue la respuesta del poder.
Lo dijimos en 1810 y lo seguimos diciendo ahora con total firmeza. El pueblo quiere y debe saber de qué se trata, siempre. Cualquier intento de ocultar la información es un golpe bajo a la sociedad. Los salteños, junto a gran parte de la clase política, así lo entendieron ayer. La defensa de la libertad de prensa es un valor que trasciende cualquier colores partidario. Esperemos que en Buenos Aires escuchen este mensaje claro que llegó desde el norte.
