SALTA – (Por Diego Nofal).- Todo en la carrera política de Sergio Leavy parece haber nacido de una ficción. Una ficción que él mismo ha creado con notable perseverancia. Primero nació al sur de la provincia de Salta, en la ciudad de Metán. Aún así, fue intendente en el extremo norte, en el municipio de Tartagal. Ese salto geográfico ya anunciaba una narrativa peculiar. Hoy anhela con fervor ser el candidato oficial de Cristina Kirchner en Salta. Pero tanto la expresidenta como el peronismo tienen otro candidato que ocupa su lugar preferente: Juan Manuel Urtubey. La realidad, a veces, se empeña en no seguir el guión.
El reloj electoral corre sin pausa y los tiempos de Sergio Leavy se terminan. Su futuro político está seriamente condicionado por un detalle. Si no renueva su banca como senador nacional, su plan A se desvanece. Y tiene muy pocas chances estadísticas de lograr esa hazaña, las encuestas hoy arrojan un paupérrimo 3% de intención de voto. Ese plan consistía en volver a pisar fuerte en su antiguo feudo de Tartagal. Parece que el regreso al origen no siempre es una opción viable.
Pero para ese plan A de Sergio Leavy existe un pequeño gran obstáculo con nombre propio. Se llama Franco Hernández Berni, una figura en ascenso. Franco es joven, cercano a la gente y, sobre todo, muy hambriento. Se comió al aparato político y mediático de casi todo el norte provincial. Eso le da bastante vuelo para cualquier contienda electoral. Un mano a mano con el casi olvidado Sergio Leavy no pinta bien para el Oso.
Intentar buscar refugio en el Partido Justicialista parece una tarea casi imposible. Sobre todo considerando que él mismo traicionó al PJ armando una lista paralela para octubre. Otra opción desesperada sería acercarse de manera fraternal al gobierno actual. Pero, ¿qué podría querer el gobierno de un dirigente derrotado? Un dirigente cuyo capital político se parece a un billete de cinco pesos, de esos donde San Martin parecía una trans rumbo a la Marcha del Orgullo. Las opciones para quien supo ser el caudillo del norte comienzan a evaporarse.
No todos los políticos tienen la pujanza ni los recursos de un Juan Carlos Romero. Permanecer vigente en la política pasados los setenta años es un arte. Con 61 años, parece ser ya el final de la carrera del Oso Leavy. La política salteña es un juego de ajedrez donde las piezas viejas a veces se pierden.
¿Otro final inesperado?
Otro cuya carrera parece estar escribiendo su capítulo final es Bernardo Biella. El médico de la gente, cómo le gusta que lo llamen, se repite en todos los comicios. Se está volviendo una figurita repetida en cada elección provincial. Por supuesto, siempre lo hace con un partido político diferente. Su capacidad de adaptación partidaria es casi encomiable, un camaleón de la boleta.
Los últimos resultados electorales no le han favorecido en lo más mínimo. Aún cuando tal vez le toque ser diputado nacional por los próximos cuatro años. Su figura ya no convoca ni junta adhesiones como en el pasado, aparentemente. Es otro caso donde la carrera política, al menos, está llegando a su fin natural. La gente parece haber memorizado su discurso y prefiere cambiar de canal. No obstante para los Biella, los cargos públicos parecen ser una prerrogativa de sangre, así que ya está preparando a su hija Guadalupe para subir al ring político.
El panorama para Leavy y Biella se asemeja a una película cuyo final todos anticipan. Un final donde el héroe no logra su objetivo tras una serie de peripecias. Sus esperanzas se apagan con cada tic tac del reloj electoral imparable. Mientras tanto, nuevos actores ocupan el escenario que él una vez dominó. La función debe continuar, con o sin los actores originales del reparto.
La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com En X: @turconofal.





