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Caso Jimena Salas: la querella habló de falta de contundencia y dejó en offside a la fiscalía

Con este diagnóstico sobre el caso Jimena Salas, la fiscalía quedó obligada a demostrar mayor convicción en su carga probatoria.

Jimena Salas
Jimena Salas

SALTA – El abogado Pedro Arancibia, querellante en el juicio, sostuvo que “hasta ahora las pruebas contra los dos acusados no son contundentes”. Con este diagnóstico sobre el caso Jimena Salas, la fiscalía quedó obligada a demostrar mayor convicción en su carga probatoria.

En un movimiento inesperado, o bien, apresurado, el abogado Pedro Arancibia, representante de la querella, hizo un análisis de las pruebas presentada hasta ahora por la fiscalía en el marco del juicio seguido contra los hermanos Adrián y Carlos Saavedra, por homicidio calificado de Jimena Salas, ocurrido el 27 de enero de 2017.

En su apreciación de los testimonios y pruebas expuestas hasta el momento por la fiscalía, el letrado fue tajante: “Hasta ahora las pruebas contra los dos hermanos Saavedra no son contundentes”. No obstante, mantuvo su postura en torno a Javier Saavedra como el principal autor del crimen.

Luego, en un intento por disimular su diagnóstico poco alentador, explicó que la querella se encuentra en una “posición bastante optimista; desde el simple hecho que se haya realizado el juicio. Es lo que queríamos”. El debate se lleva adelante desde mediados de septiembre pasado, tras un percance inesperado, como lo fue la muerte de Javier Saavedra, quien se habría quitado la vida en la Alcaidía Judicial, un día antes del inicio del juicio.

Sobre sus hermanos, ahora sometidos a juicio, dijo que advierte “conductas sospechosas de ellos. Por ejemplo, el hecho que manejaban vehículos que fueron vistos ese 27 de enero (de 2017) en Vaqueros”, donde residía la víctima.

A ello, un comentario sobre las pericias realizadas sobre los dispositivos electrónicos secuestrados en la causa, de los cuales se comprobó que “uno de los hermanos tenía el celular apagado tres días antes y dos días después” y que “eso es sospechoso porque nunca había pasado según el movimiento de sus líneas”.

Para Arancibia, “son hechos raros, pero que en un juicio deben darse pruebas contundentes. No nos podemos basar en sospechas y debe haber pruebas importantes que hasta ahora no son contundentes y no se puede acreditar que formaron parte del asesinato de Jimena Salas”.

“Una cosa es enumerar sus antecedentes delictivos, como se hizo, pero acá solo se juzga el crimen de Jimena”, explicó en alusión a las declaraciones de testigos que afirmaron conocer a los Saavedra como jóvenes conflictivos.

Con estas declaraciones, la querella dejó en una situación delicada a la fiscalía, la que ahora quedó comprometida a mostrar sus mejores cartas contra los dos hermanos Saavedra, los que gozan de un panorama mucho menos complicado tras la muerte de su hermano, sobre quien los fiscales tenían apuntada su mayor carga probatoria.

A su vez, el letrado le dio una gran mano a su tío, Marcelo Arancibia, defensor de los Saavedra, quien espera su turno para tratar de sacar sus clientes del ojo de la tormenta. En tanto, juta harina para su costal con declaraciones como las vertidas por el querellante.

Testigos

En la audiencia de ayer, el tribunal llamó a declarar a un vecino de barrio Castañares, quien dijo haber tenido problemas con los hermanos Saavedra cuando eran adolescentes. Explicó que una vez lo habían agredido a la salida del trabajo. Él estaba solo y los Saavedra acompañados por otros dos o tres sujetos. Dijo que estas peleas se daban en el marco de disputas entre bandas antagónicas que existían en cada barrio. Señaló que los Saavedra pertenecían a un grupo denominado “Los pibes”, integrado mayoritariamente por jóvenes de Parque Belgrano.

Posteriormente, lo hizo una vecina de barrio Floresta Sur, encargada de un comedor infantil que funciona en esa zona. Contó que conoció a Javier Saavedra cuando se acercó al barrio para realizar tareas comunitarias en el marco de un programa organizado por la Municipalidad. Dijo que los jóvenes que integraban esta iniciativa usaban las instalaciones del comedor y por eso tenía trato frecuente con ellos.

Sostuvo que Javier Saavedra dictaba clases de música los sábados, junto a otros muchachos. La testigo mencionó un evento musical (“cantata”) organizado por la Municipalidad en una cancha ubicada frente a su casa, un sábado de enero. Dijo que en esa oportunidad se presentó una banda de jazz y que Saavedra tocó la guitarra.

Al describirlo, detalló que tenía tez blanca, pelo negro y usaba barba. Afirmó que solía usar jeans, camisa o remera, zapatillas o botas. La testigo no pudo precisar, por el tiempo transcurrido, si había visto a Saavedra el día anterior al festival.

En el expediente figuran copias del libro de actas del comedor infantil, donde se registraban las actividades que se desarrollaban en el salón. Seguidamente declaró un exempleado de la comuna de San Lorenzo, quien el 10 de enero de 2017 tuvo un incidente de tránsito que involucró el auto que conducía Javier Saavedra, acompañado de su novia.

Por último, y sin la presencia de público, compareció una psicóloga de la Asesoría de Incapaces. La profesional presentó las conclusiones del diagnóstico de situación psicológica y social realizado a las dos hijas de Jimena Salas.