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Trinidad Chávez habló de las amenazas que sufrió Cordeyro y el apuro de García Castiella por cerrar el caso

La viuda de Cordeyro apunta contra el procurador.

Pedro García Castiella
Pedro García Castiella

SALTA.- La viuda de Vicente Cordeyro estableció una conexión temporal que complica de manera directa la premura con que el procurador general Pedro García Castiella pretendió archivar la causa. Trinidad Chávez recordó que su esposo recibió amenazas muy serias pocos días antes de desaparecer y que esa secuencia no puede ser una simple coincidencia. La mujer habló con la certeza de quien vivió el terror de ver a su marido señalado y hostigado por sus denuncias contra la connivencia narco. Sus palabras son una bofetada a la hipótesis del suicidio que el Ministerio Público Fiscal buscó instalar desde el primer momento. La viuda declaró de manera tajante que “tiene que haber alguna conexión entre las amenazas y su muerte, porque no puede ser que haya pasado esto y a los dos o tres días él desapareció”.

Esa cronología de los hechos no fue debidamente investigada por el equipo que responde al procurador García Castiella, quien se apuró a dar el caso por resuelto sin siquiera agotar esa línea de pesquisa. Trinidad Chávez no puede ocultar la indignación que le produce recordar la ligereza con que el jefe de los fiscales trató la muerte de su esposo. “Recordemos que el procurador quiso cerrar el caso de mi marido a un mes desde que se encontró el cuerpo, al decir que él tenía el caso totalmente esclarecido”, rememoró la viuda con una precisión que compromete gravemente a García Castiella. Un caso con amenazas previas, con un hallazgo trágico en un cerro y con un contexto de denuncias policiales no puede ser esclarecido en treinta días sin que se haya hecho una autopsia psicológica.

La viuda de Cordeyro describió con una crudeza demoledora el momento en que encontraron el cuerpo de Vicente en un paraje inhóspito y alejado de cualquier rutina que el excomisario solía frecuentar. La imagen del hallazgo persigue a Trinidad y contradice por completo la idea de un acto voluntario y pacífico. La mujer compartió su estupor con una frase que encierra una verdad que la justicia no quiere escuchar. “Después lo encontramos en la cima del Cerro Elefante, nunca me imaginé ese final, nunca, nunca, nunca me lo imaginé”, relató con una repetición que expresa el trauma de quien jamás vio en su marido señales de querer quitarse la vida. Esa triple negación es un testimonio psicológico que vale más que cien informes apresurados firmados por funcionarios que responden a García Castiella.

La urgencia por cerrar el caso

El procurador general decidió voltear la mirada hacia una trama mediática sobre la causa Salas en lugar de investigar por qué su propio sistema no protegió a un denunciante que terminó muerto. Trinidad Chávez reclamó que se indague a fondo el vínculo entre las amenazas que recibió Vicente y la gente poderosa que él había señalado en sus presentaciones formales. La viuda dijo con una convicción que surge del conocimiento íntimo de la víctima que “yo creo que algo pasó ahí, no sé qué”. Ese reconocimiento sincero de que aún hay zonas oscuras es justamente lo que obliga a la fiscalía a redoblar los esfuerzos investigativos. En lugar de eso, García Castiella se dedicó a ventilar datos de otro expediente y a acusar a la propia Trinidad sin ofrecerle garantías de protección.

La actitud del procurador general revela una urgencia por archivar el caso que contrasta con su paciencia infinita para tramas que involucran a poderosos de la política y la policía salteña. Trinidad Chávez dejó entrever que esa celeridad para cerrar la muerte de Vicente es una prueba más de que algo no cuadra en el accionar del Ministerio Público Fiscal. La mujer preguntó con una lógica aplastante cómo es posible que el mismo procurador que admite pérdidas de prueba en el CIF tenga la certeza absoluta sobre lo que pasó en el Cerro Elefante. La respuesta a esa pregunta es incómoda para García Castiella, quien prefirió desviar la atención pública con acusaciones televisivas antes que responder los requerimientos de la familia.

Trinidad Chávez no es una denunciante más, es la esposa de un policía que murió en circunstancias que gritan venganza y que el procurador general quiere silenciar con papeles y declaraciones mediáticas. La viuda prometió que no se detendrá hasta que se investigue la conexión entre las amenazas, la desaparición y el trágico final de Vicente. Sus palabras son un mandato ético que la sociedad salteña debería acompañar para exigirle a García Castiella que archive su improvisación televisiva y abra de verdad la carpeta de pruebas. El procurador tiene la obligación de citar a la viuda no para condicionarla con insinuaciones maliciosas, sino para escuchar todo lo que ella sabe sobre los días previos a la muerte de su marido. Cada minuto que García Castiella gasta en televisión es un insulto a la memoria de Vicente y una muestra de que su prioridad no es la justicia, sino la propaganda.