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Opinión

Auditaron el Fondo de Reparación Histórica y el resultado hizo enojar al gobierno y a la prensa oficialista

Al asumir Sergio Camacho como jefe de gabinete presentó varios informes entre ellos estaba la auditoría al Fondo de Reparación Histórica. Pero tenía un resultado muy diferente al que ellos esperaban

Urtubey

SALTA.- (Por Diego Nofal) Durante octubre, el Fondo de Reparación Histórica fue tema recurrente en Salta. Muchos especularon sobre falencias y supuestos actos de corrupción en su uso. Las auditorías prometían revelar la verdad sobre aquellas obras financiadas con dinero de los salteños. La expectativa era grande, y las acusaciones, aún mayores. Al asumir Sergio Camacho como jefe de gabinete presentó varios informes entre ellos estaba la auditoría al Fondo de Reparación Histórica. Pero tenía un resultado muy diferente al que ellos esperaban: la auditoría explicaba con toda claridad que estaba todo perfecto.

Quizás usted no se haya enterado de este crucial resultado. La razón es simple y demuestra cierta hipersensibilidad oficial. El veredicto fue absolutamente contundente y claro para quien quiera leerlo, de hecho vamos a adjuntar el informe a esta nota. El dinero del fondo se utilizó exclusivamente para obras públicas. Las obras auditadas están terminadas al cien por ciento. Son de gran utilidad práctica para los ciudadanos de esta provincia. Por eso en algunos medios prefirieron el silencio absoluto. Hasta ayer, era una noticia incómoda y bien guardada. Inclusive la página de la Auditoría General de Salta estuvo caída durante varias horas.

El periodista ultraoficialista Daniel Murillo rompió el molde recientemente. En una entrevista con el flamante jefe de gabinete, Sergio Camacho, se salió del guión. Sostuvo que la auditoría del fondo estaba mal hecha desde su base. Argumentó que solo se revisó un porcentaje de las obras ejecutadas. Tal vez al oficialismo se le nubló la comprensión técnica e histórica del asunto. O quizás ninguno de los dos sabe cómo funciona una auditoría seria. Es un dato curioso que genere dudas un proceso tan estándar. Su desconcierto resulta tan llamativo como revelador.

La estrategia del oficialismo parece ser doble y poco sutil. Por un lado, buscan esconder el resultado favorable de la auditoría. Este confirma que el fondo se usó para su destino específico original. Por el otro, usan a sus periodistas mejor remunerados para cuestionar. Ponen en duda la metodología, aunque sea la correcta y universal. Es como patalear porque al sumar dos más dos el resultado da cuatro. El procedimiento se realizó dentro de todos los parámetros técnicos aceptados. Cualquier contador serio avalaría el método empleado sin dudar.

Para entenderlo, imaginemos una auditoría como un sorteo aleatorio. Se revisa entre el quince y el veinte por ciento de las obras o cuentas. Si se hallan inconsistencias en ese porcentaje, se amplía la muestra. Es la práctica normal en cualquier administración pública o privada. Exactamente eso se hizo en el caso del Fondo de Reparación Histórica. Al gobierno le molestó ese quince por ciento auditado al azar. El resultado fue inesperado para sus narrativas preconcebidas. Todas las obras revisadas están hechas y ejecutadas completamente. Los gastos son claros e incuestionables según los papeles.

Este gobierno saencista, que a veces parece copiar guiones ajenos, busca confundir. Intenta poner en tela de juicio a la Auditoría General de Salta. El problema central es simple y no tiene que ver con Urtubey. Los auditores actuales no fueron nombrados por la gestión anterior. Los profesionales de esta provincia tienen una conducta intachable desde hace años. Gracias a ellos supimos de los escándalos de las fotomultas en Metán. También descubrieron otros manejos irregulares en distintas áreas. Su credibilidad está por encima de cualquier sospecha partidaria.

Al gobierno actual le cuesta vivir a la sombra de obras pasadas. La gestión de Urtubey tuvo una gran cantidad de obras de envergadura. Incluso superó en ese rubro al gobierno de Juan Carlos Romero. Este también dejó obras emblemáticas en la geografía salteña. La comparación histórica es un campo minado para cualquier administración. No importa cuántas giras o anuncios realice la gestión presente. Aún no tiene hitos que lo muestren como un gran estadista. Sus predecesores, con sus claros y oscuros, dejaron huella física.

El enojo del oficialismo y su prensa es, por tanto, comprensible. La auditoría no les dio el argumento que necesitaban desesperadamente. En lugar de un escándalo, encontraron gestión y obras terminadas. Ahora deben girar la discusión hacia tecnicismos metodológicos inverosímiles. La ciudadanía, sin embargo, debe conocer los informes finales. Allí verá que el dinero, efectivamente, se transformó en cemento y progreso. A veces la verdad, cuando se cuenta entera, no solo nos hace libres, sino que también fastidia a algunos.

Obras auditadas
Metodología de la auditoría