SALTA – Las escenas que vuelven a repetirse en estos días en el norte salteño —con comunidades aisladas, caminos anegados y asistencia que llega con enormes dificultades— no son excepcionales, sino estructurales. El desborde del río Bermejo vuelve a dejar al descubierto una realidad conocida: parajes enteros incomunicados, familias dependiendo de operativos de emergencia y una geografía que, cada verano, amplifica la vulnerabilidad social. No se trata solo de lluvias intensas, sino de un territorio históricamente expuesto donde cada crecida reactiva las mismas carencias.
En ese contexto, la discusión ya no puede limitarse a la coyuntura. El norte provincial evidencia, con crudeza estacional, la brecha en infraestructura respecto de las provincias del centro del país —y particularmente del área metropolitana de Buenos Aires—. Allí, los eventos climáticos tensionan sistemas; en el norte, directamente los reemplazan: desaparecen caminos, se interrumpe la conectividad y la vida cotidiana queda supeditada a la emergencia. La reiteración de estos episodios confirma que el problema no es solo natural, sino estructural: ausencia de rutas transitables, falta de puentes, obras hídricas insuficientes y una planificación que nunca termina de consolidarse.
En ese marco, el rol de los gobiernos locales no admite matices: tienen el deber primario de responder, pero también la responsabilidad de anticipar y resolver lo estructural, algo que sistemáticamente queda pendiente cuando baja el agua. Y es allí donde también los legisladores nacionales juegan un papel clave: no solo como gestores políticos, sino como actores institucionales que, desde el Congreso, deben impulsar, respaldar y exigir al Ejecutivo Nacional el envío de fondos y el acompañamiento necesario para obras de infraestructura básica. Porque sin esa articulación efectiva, lo esencial —puentes, rutas en condiciones, conectividad real— seguirá siendo una promesa incumplida en un norte que cada verano vuelve a quedar aislado.
Por ahora, el Gobierno provincial sostiene que hay un conjunto de obras previstas para mitigar las inundaciones, especialmente en la cuenca del río Pilcomayo. Dentro del Plan de Trabajos Públicos 2026 figuran intervenciones hidráulicas y obras de defensa en el norte provincial. No obstante, queda en la duda si el proyecto forma parte de un plan integral o, como suele suceder, resuelve únicamente un problema puntual.
Mientras tanto, el norte sigue estando vulnerable. Pasaron los años y las condiciones siguen siendo las mismas, o incluso peores. Las comunidades, desde el silencio, reclaman el acceso a los servicios básicos y hasta de derechos para vivir con dignidad.