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Opinión

Dr. Edmundo Severo Mena – Mi padre en el recuerdo

Maestro, abogado, doctor en Derecho, profesor de Filosofía, profesor de Letras, escritor jurídico, profesor en la cátedra de Derecho Comercial II, profesor en la facultad de Escribanía, jurisconsulto, profesor en los colegios secundarios con el máximo de horas cátedra, dos veces diputado provincial por el radicalismo, amigo y benefactor de los desamparados.

Edmundo Severo Mena

(Por R. Federico Mena- Martínez Castro)- Este 26 de marzo se cumple un nuevo aniversario de la desaparición de un grande para la provincia de Tucumán, el Dr. Edmundo Severo Mena.

Escribo estas líneas con la misma congoja de aquellos días, lejanos en el tiempo, pero siempre próximos en el corazón. Desde aquellos momentos infaustos, la vida ha transcurrido como si fuera un sueño largo y soñoliento, luego de haberla transitado al principio a tientas, para pronto sobreponerme pensando en qué lugar habrían quedado aquellos días felices remachados a fuego, pero siempre presentes en mi memoria.

La noche color antracita flotaba entonces impertérrita sobre mi angustia, como si no formase parte de ella y, entonces presentí que conformaba un furtivo reproche para provocar un llanto que se esforzaba inútilmente por brotar, al decirme que había desaparecido para siempre esa obsesión permanente que tiene el hombre de ser amparado, para no subsistir solo en medio de la oscuridad, perdido y sin asidero en la inmensidad cósmica del universo. Pero aquí estoy, recordándolo con la misma intensidad de antaño pensando en las directrices enseñadas como superior maestro de la vida, que su inteligencia había conformado.

La tristeza de aquella noche compartía el dolor con la anárquica geometría de las sombras, mientras miraba a través de la ventana como la ciudad se anaranjaba y la vida se azuleaba por partes, mientras fragmentos permanecían herméticos solidarizándose con mi pesar; pero había algo más penetrante que el dolor, donde las lágrimas venían a desempeñar una emoción sumisa.

Quizá hoy puedo verlo mejor, tal como se ve desde lejos la montaña al apartarse de ella, y donde la muerte realiza la paradoja aparente de mirarlo con el sello supuesto de la vida.

Creo que es oportuno transcribir algunos conceptos de su biografía publicada por el historiador y genealogista tucumano Carlos Páez de la Torre en la Revista CCC y también otros escritos publicados por la Universidad Nacional de Tucumán, que dicen:

“El Dr. Mena nació en la ciudad de Santa María, provincia de Catamarca, el 8 de noviembre de 1899 y falleció en la ciudad de San Miguel de Tucumán un 26 de marzo de 1960.

Edmundo Mena-Aguirre y Aybar nació en el seno de una familia de terratenientes, de antigua raigambre. Su linaje es castellano y se remonta a la Edad Media, teniendo escudo de armas. En América, su ascendiente se remonta al Capitán Juan de Mena, uno de los vecinos principales del Alto Perú, que fue junto al conquistador Juan Ramírez de Velazco a poblar la ciudad de Ibatín, en el año 1588.

Debido a sus servicios realizados a la corona española, Juan de Mena, fue designado encomendero de Aconquija. Entre sus hijos, podemos detenernos en su homónimo, Juan de Mena, que fue escribano.

En la primitiva San Miguel de Tucumán de Ibatín se emparentaría con familias viejas de la conquista como los Cabrera, Román Pastene, Adaro y Arrazola, Garro y Arechaga y Cáceres y Godoy.

Nos centraremos en uno de sus descendientes, el capitán Juan de Mena y Vargas, nacido en la nueva San Miguel de Tucumán en 1718, y casó con María Clara Méndez de los Reyes. Las tierras de Tafí Viejo, Taficillo y Los Nogales fueron de su propiedad. De ese matrimonio nacieron dos hijos. Nos centraremos en uno de ellos don Pedro José de Mena y Vargas, casado con Carolina Alzogaray. Descendiente de este último matrimonio fue, el doctor Próspero Mena, que fuera gobernador de Tucumán entre 1898 y 1901. Otro descendiente fue don Francisco Dionisio de Mena y Vargas, casado con María Micaela Cortés y Arias Velázquez, nieta del encomendero y maestre de campo salteño Francisco Arias Velázquez y de doña Ignacia Sánchez de Loria. De esa rama desciende, Isidoro Mena-Cortés esposo de Isidora Castellanos.

A su vez, de ese matrimonio nació Martín Mena Castellanos. De aquí desciende Martín Mena Veramendi que contrajo matrimonio con Lastenia Núñez. Uno de sus hijos fue Federico Mena–Núñez, esposo de Elena Aguirre y Aybar, que fueran padres del doctor Edmundo Severo Mena.

Se recibió de abogado y doctor en Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba. Regresó a Tucumán y comenzó a ejercer su profesión alcanzando gran prestigio como jurisconsulto.

Fue uno de los profesores fundadores de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Tucumán, que abrió sus puertas en el año 1938. Fue un gran jurista, llegando a ser catedrático titular de Derecho Comercial II (Papeles de Comercio), director del Instituto de Derecho Comercial, Decano, y miembro del Honorable Consejo Superior. Se recibió también de profesor de Filosofía y Letras en la facultad homónima de la Universidad de Córdoba, además de profesor en colegios secundarios de Historia, Geografía, y lógica. Debido a su contribución al desarrollo del Derecho Comercial, Sociedades Anónimas y Papeles de Comercio, el Honorable Consejo Superior de la Universidad Nacional de Tucumán lo premió nombrándolo “profesor emérito”, máximo reconocimiento que se le puede dar a un docente, en 1973.

En el ámbito político militó en la Unión Cívica Radical, siendo elegido legislador de la provincia de Tucumán. Contrajo matrimonio con la distinguida dama, doña María Eloísa Martínez Castro- Pearson.

Fuentes: Páez de la Torre, Carlos: “Los Mena”. Revista CCC y publicación de la Universidad Nacional de Tucumán.

Decía de él don Rafael M. Augier en la columna del diario La Unión de Catamarca, en la columna Perfiles:

“La suave energía de su rostro, sus pupilas llenas de inteligencia, la espiritualidad y la gracia fina de su decir, la palabra afable y luminosa fue la recia contextura de su personalidad de pensador. Respiraba plenitud de vida y una actividad intelectual que solo se ven fuera de la adolescencia en ciertas personas privilegiadas…”.

“… su palabra de serena claridad en el vocabulario y en el ritmo de la frase, un tono grave en el decir y en la manera de escuchar, una elegante cortesía educada desde niño, cierto modo de distinguirse de los demás sin que nada muestre una postura buscada, un modo afable y correcto del caballero; había llegado a ser entre los legisladores una figuración serena, cordial y fértil…”.

Mi memoria lo recuerda así:

ELEGÍA A MI PADRE

Insomnio en marzo, aleve y brutal…
flagelando mis carnes un veintiséis.
Siento ya el espacio circundante
de la muerte
vestida de verano,
atormentando…
la garganta ciega de clamores,
y el desierto gris de mis ojos
que, como pájaros de humo
van hendiendo el alma,
ensombreciéndola
con el ala negra de la pena
Te vas amigo mío, Padre mío…
en tu barca de cardón
navegando la noche sin olvido.
Capitán de mares azules

que ojos humildes de tu pueblo
han llorado.
Acecho el espacio
buscándote,
Y te descubro en el sabio designio
del algarrobo,
en la sangre germinadora del río,
o en la belleza inconmensurable
del perfumado amancay
de la montaña.
Me abandonaste…
pero te siento vital
en la sangre de bucólicos atardeceres
o en el renovado misterio de reverdecer.
Te escucho…
en la melancólica canción
que entona la madre de los vientos
en la carnadura vegetal de los follajes,
o en el arrullo enamorado del agua clara,
que besa la rústica aspereza de la piedra.

Te hablo…
con palabras sin voz.
Sé que me esperas a compartir
tu sueño.

R. Federico Mena-Martínez Castro