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Salta

¿Cuándo empiezan los senadores salteños a trabajar por Salta?

Hasta el día de hoy, ninguno de los tres ha presentado un proyecto de ley o un pedido de informes referido a Salta.

Senadores

SALTA.- (Por Diego Nofal) La provincia de Salta tiene tres representantes en la Cámara Alta del Congreso de la Nación, y los tres cobran más de diez millones de pesos por mes. Según los acuerdos paritarios más recientes, la dieta bruta de un senador nacional asciende aproximadamente a diez coma dos millones de pesos. Ese monto está compuesto por dos mil quinientos módulos de sueldo más mil módulos por gastos de representación y quinientos adicionales por desarraigo. Con la última actualización, esa cifra superará los once millones de pesos en los próximos meses de calendario legislativo.

Es una suma respetable para una función que, según la Constitución Nacional, consiste básicamente en discutir y sancionar leyes. A eso se suma una obligación implícita pero fundamental, ser los voceros y defensores de las iniciativas provinciales. La realidad, como suele suceder en la política argentina, es bastante más modesta y, por qué no decirlo, un poco más graciosa. Flavia Royón, María Emilia Orozco y Gonzalo Guzmán Coraita asumieron sus bancas hace aproximadamente cuatro meses de manera oficial. Hasta el día de hoy, ninguno de los tres ha presentado un proyecto de ley o un pedido de informes referido a Salta.

Parece que los tres senadores salteños se saltearon gran parte de la materia de Educación Cívica en el colegio secundario. La diferencia entre representar a una provincia y hacer turismo parlamentario parece no haberles quedado del todo clara en sus cabezas. Uno podría pensar que cuatro meses es poco tiempo, pero en el Congreso eso equivale a varias sesiones importantes. Son decenas de reuniones de comisión y centenares de oportunidades para levantar la mano y decir algo con sentido federal. En lugar de eso, nuestros senadores han optado por un perfil muy bajo, casi subterráneo. Es como si temieran que alguien en Salta se enterara de que están cobrando por un trabajo que no empezaron.

Los dos senadores que llegaron de la mano de La Libertad Avanza son Emilia Orozco y Gonzalo Guzmán Coraita. Lo hicieron con una premisa que todavía hoy cuesta creer que haya convencido a algún salteño pensante. Prometieron no trabajar para Salta sino para el Gobierno Federal y seguir las órdenes del presidente. No importaba si esas órdenes afectaban económica, política o socialmente a nuestra provincia y a su gente. Es una locura que la gente haya comprado ese discurso y los resultados están a la vista. Entre ambos han presentado apenas siete proyectos de declaración en los que figuran como adherentes y no como autores.

Ninguno de esos proyectos roza siquiera la frontera de la provincia de Salta porque son puro maquillaje nacional. Todos están relacionados con la coyuntura y con las batallas ridículas contra enemigos invisibles que inventó el presidente Javier Milei. El mandatario crea una nueva polémica cada semana para mantener entretenida a su tropa digital y mediática. Mientras tanto, los problemas de infraestructura, agua y empleo en el norte argentino siguen sin ser mencionados. Los senadores parecen más preocupados por retuitear al jefe de estado que por gestionar para sus votantes.

Más emblemático aún resulta el caso de Flavia Royón, quien llegó al Senado con el prometedor nombre de Primero los Salteños. Dijo que no se iba a meter ni en la lógica ni en la dinámica nacional durante la campaña. Sin embargo lo único que hizo hasta ahora fue meterse de lleno en la lógica y la dinámica nacional. Defendió a capa y espada proyectos como la modernización laboral y la reforma de la ley de glaciares. Ninguno de esos dos proyectos favorece de manera directa a la provincia de Salta ni a sus habitantes. Ambos responden más a los intereses de los grandes actores económicos que a las necesidades concretas salteñas.

Flavia Royón se sumó a varios proyectos de declaración y firmó dos proyectos de ley muy particulares. Uno fue para modificar la ley de reforma laboral que ella misma votó favorablemente hace algunos meses atrás. El otro es prácticamente una copia de proyectos anteriores presentados por Juan Carlos Romero para actualizar montos por contaminación. Extrañamente en ese proyecto no se nombra ningún caso de contaminación ambiental específico en el territorio provincial. No se menciona a las mineras para las que trabaja ni el desastre ambiental de Pozos de Olmedo. Ese desastre sigue ocurriendo sin que ninguna autoridad provincial o nacional mueva un dedo para solucionarlo.

La inacción de nuestros senadores no es un detalle menor ni una anécdota para comentar en el café. Es la causa directa de que los salteños pasemos los días mendigando recursos al Gobierno Federal. Quienes deberían ser nuestros representantes en el Congreso no tienen la más mínima intención de representarnos. Lo único que hacen es atender intereses y coyunturas nacionales sin mirar a los ciudadanos que los votaron. Es una vergüenza que Salta tenga estos representantes y que jamás hablen de Salta en el recinto. Uno esperaría que al menos por vergüenza profesional dijeran algo como Señor presidente, necesitamos obras.

Es una vergüenza también que esos sueldos millonarios no les generen un gramo de empatía por la gente. Mientras ellos cobran más de diez millones de pesos por mes, muchos salteños hacen malabares para llegar a fin de mes. La canasta básica es inalcanzable para una gran parte de la población trabajadora de la provincia. La desconexión entre los representantes y los representados es tan grande que parece una realidad paralela. Quizás alguno de ellos creía que ser senador consistía en aparecer en fotos y cobrar el sueldo. Quizás nunca leyeron la parte de la Constitución que habla de las atribuciones legislativas federales.

Mientras tanto, los problemas de Salta siguen acumulándose en un cajón que nadie abre ni revisa. La falta de infraestructura, la crisis hídrica, el desempleo y la contaminación ambiental son temas urgentes. La necesidad de políticas productivas que generen trabajo genuino debería estar en la agenda diaria del Senado. No hay un solo pedido de informes sobre el estado de las rutas salteñas ni una declaración sobre pequeños productores. No hay una sola iniciativa para que los recursos mineros dejen algo más que pasivos ambientales. La lista de omisiones es tan larga que da vértigo y la excusa de estar aprendiendo ya no cuela.

La pregunta que titula esta nota no es retórica ni ociosa, es una interpelación directa a la conciencia cívica. ¿Cuándo empiezan los senadores salteños a trabajar por Salta y a justificar sus abultados ingresos mensuales. Hasta ahora lo único que han demostrado es una notable capacidad para cobrar sueldos millonarios sin mover un dedo. Los salteños merecen algo más que figuritas decorativas en el Senado de la Nación Argentina. Merecen legisladores que se ensucien las manos con los problemas reales de la provincia y que pidan informes. Merecen que al menos de vez en cuando pronuncien la palabra Salta en el recinto de sesiones.

Mientras eso no ocurra, cada salteño tiene el derecho de preguntarse para qué votó a estos senadores. Y sobre todo si vale la pena seguir pagándoles el sueldo con los impuestos de todos los contribuyentes. La respuesta, por ahora, la tienen ellos en sus bancas vacías y en sus silencios. También la tienen en sus cuentas bancarias que mes a mes reciben fortunas por un trabajo que no hacen.