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Salta

Con el decreto de austeridad en vigencia Nicolás Demitrópulos metió más de 1000 empleados al Estado

Nicolás Demitrópulos, el coordinador general de la gobernación, decidió organizar una silenciosa fiesta de bienvenida con más de mil invitados directos a la caja provincial.

Nicolás Demitrópulos

SALTA.- (Por Diego Nofal) La pluma del gobernador Gustavo Sáenz aún no había terminado de secar el emblemático decreto de austeridad cuando la realidad ya estaba escribiendo su propio borrador tragicómico en los pasillos de la administración pública. Ese documento establecía con toda solemnidad que, por al menos 180 días, ninguna persona podría ingresar a la órbita estatal y que cada centavo debía cuidarse como un tesoro familiar. Sin embargo, parece que el texto solo aplicaba a quienes no conocen los atajos burocráticos, porque Nicolás Demitrópulos, el coordinador general de la gobernación, decidió organizar una silenciosa fiesta de bienvenida con más de mil invitados directos a la caja provincial.

Uno se pregunta cómo es posible que tremenda caravana de nuevos empleados haya atravesado las puertas del Estado sin que sonaran todas las alarmas del edificio gubernamental, y la respuesta es tan sencilla como brillante en su pillería administrativa. La maniobra consistió en tomar un enorme lote de contratos temporales, esas formas flexibles que tiene el gobierno de contratar personal completamente en negro, y transformarlos mágicamente en designaciones temporarias con apenas un chasquido de dedos reglamentario. Es un pase de magia contable que convierte la precariedad absoluta en una estabilidad prácticamente perpetua sin que nadie pueda pestañear demasiado fuerte en el intento.

El truco del malabarismo legal es casi digno de un festival de ilusionismo, porque la figura de la designación provisoria es en los hechos casi un sinónimo del antiguo sueño de la planta permanente con olor a café estatal y aguinaldo asegurado. Su verdadera genialidad radica en que este tipo de nombramiento se renueva automáticamente sin necesidad de mucho más trámite burocrático ni de ningún contubernio político demasiado escandaloso en los pasillos de la Casa de Gobierno. Bastaba con que el expediente adecuado cayera en las manos correctas para que la austeridad del gobernador quedara reducida a un simpático consejo decorativo enmarcado en alguna oficina vacía del centro cívico provincial.

En los mentideros políticos se comenta con una sonrisa pícara que la mayoría de los agraciados con esta maravillosa metamorfosis contractual pertenecen a la actual gestión y a su círculo de afinidades inconfesables. No obstante, como en toda buena historia con enredos administrativos, las fuentes señalan que siempre hay dos o tres especímenes sueltos que venían arrastrando contratos basura desde la época de Juan Manuel Urtubey. Estos sobrevivientes de la precariedad crónica han visto pasar varios gobiernos mientras esperaban pacientemente su turno para dejar de facturarle al estado como monotributistas camuflados de empleados con obligaciones reales y ningún derecho tangible.

Para los flamantes designados, la noticia es sin lugar a dudas un motivo de celebración íntima que probablemente incluye brindis con vino patero y la compra de un segundo juego de llaves para el nuevo casillero en la obra social estatal. Ahora tendrán aportes jubilatorios que antes solo existían en sus sueños, cobertura médica sin la angustia de los hospitales colapsados y la prestigiosa ART pagada religiosamente por un estado que, según el decreto vigente, no estaba en condiciones de afrontar ninguna erogación extraordinaria. Pero, como decimos en mi pago natal, “vo’ vite como son los vago’” y resulta que los vagos te cuelan por la ventana mil gastos en un solo día.

La pregunta inevitable que sobrevuela toda esta ingeniería de recursos humanos es si el gobernador Gustavo Sáenz estará realmente al tanto de que sus subordinados directos le pasan por encima de sus decisiones ejecutivas sin siquiera el gesto cortés de una consulta previa. Porque si no es así, alguien debería explicarle con dibujitos de monigotes que su propio coordinador general armó un puente aéreo para que cientos de personas, que hasta ayer le facturaban al estado o directamente no existían en los registros formales, hoy gocen de todos los beneficios negados por su propia firma estampada en un papel oficial.

A esta altura del partido, donde los ciclos políticos se miden en actos de despedida y fotos con poses de estadista responsable, empiezo a sospechar que el único que trabaja seriamente por la reelección de Gustavo Sáenz es el mismísimo Gustavo Sáenz con su agenda de inauguraciones y sus discursos de tono moderado. El resto de su elenco estable parece un acto de descuidistas en plena función de teatro matinal, manoteando todo lo que pueden del mostrador público antes de decir adiós con una inclinación de cabeza y una última firma que les garantice algún plus. Lo preocupante no es la viveza criolla con olor a mate frío, sino que el capitán del barco no termine de advertir que la tripulación ya está subastando los salvavidas mientras él revisa el catalejo mirando el horizonte de su futuro político.

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.