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Opinión

El nombre de Juan Manuel Urtubey se cuela entre los intendentes del PJ e incomoda al saenzismo

La convocatoria a la unidad del peronismo salteño empezó con un llamativo acto fallido que nadie quiere admitir en voz alta.

Juan Manuel Urtubey

SALTA (Por Diego Nofal).- La convocatoria a la unidad del peronismo salteño empezó con un llamativo acto fallido que nadie quiere admitir en voz alta. Marcelo Moisés, presidente del Foro de Intendentes, dejó flotando el nombre de Juan Manuel Urtubey justo antes de una cumbre que se vendió como el gran reencuentro partidario. El jefe comunal de Cerrillos soltó la referencia con una cautela tan estudiada que parecía un guiño ensayado frente a los micrófonos más atentos de la prensa local.

La frase textual del dirigente resonó con una ambigüedad que vale la pena desmenuzar sin apuro ni eufemismos de ocasión. “Unidad no se trata de cerrar o abrir puertas sino de sentarnos todos a dialogar” declaró Moisés cuando le preguntaron específicamente por el ex mandatario provincial. La definición, en apariencia inclusiva, cayó como un balde de agua helada sobre las expectativas del sector que responde ciegamente a Gustavo Sáenz.

Muchos intendentes del interior observan el presente con una nostalgia que combina la sequía de recursos y el recuerdo de las vacas gordas. Los tiempos de Urtubey significaron obra pública constante, giros adicionales casi automáticos y una caja municipal lo suficientemente holgada para mantener contentos a empresarios amigos y proveedores locales. Todo ese andamiaje financiero se desmoronó hace varios años y el horizonte no muestra señales de recuperación mientras el gobierno nacional mantenga su decisión de suspender la obra pública de manera definitiva.

Así las cosas, los jefes comunales no extrañan exactamente al ex gobernador sino aquel Estado generoso que irrigaba fondos sin demasiadas preguntas incómodas. El problema surge cuando alguien debe explicar que la llave de aquella prosperidad repentina fue precisamente la gestión que hoy algunos quieren borrar del mapa justicialista. La paradoja resulta tan evidente como el silencio nervioso que sobrevoló la reunión cuando el nombre volvió a la superficie.

En la misma mesa donde se pronunció la palabra prohibida apareció Gastón Galíndez para ajustar el cerrojo con una rapidez digna de quien conoce todos los atajos del poder provincial. Este dirigente que construyó su carrera política prácticamente bajo el ala protectora de Juan Manuel Urtubey se ha convertido en el guardián más estricto de la ortodoxia saenzista. Su mensaje fue tan claro como lapidario, la unidad partidaria queda exclusivamente reservada para quienes respondan sin matices al gobernador Gustavo Sáenz.

Seamos sinceros porque la hipocresía nunca construyó nada duradero dentro del movimiento justicialista. El mandatario provincial no demuestra ningún interés genuino por el PJ ni por los votos que ese sello pueda aportarle a su proyecto político. La última elección nacional dejó una enseñanza brutal e inapelable, la única figura con peso propio dentro del saenzismo es el propio Gustavo Sáenz y cada campaña donde él pone la cara funciona mientras las ausencias del líder se traducen en derrotas estrepitosas.

A quienes realmente les aterra la posible reaparición de Juan Manuel Urtubey es a aquellos que alguna vez estuvieron a su lado y luego decidieron darle la espalda sin demasiados remordimientos. La pelea de fondo no enfrenta a peronistas contra radicales ni a oficialistas contra opositores tradicionales, esto se redujo a una pulseada íntima entre urtubecistas y saenzistas que ni siquiera necesitan al partido para subsistir. Si Gustavo Sáenz se presenta con su propio sello provincial sumará exactamente la misma cosecha electoral que obtendría bajo las siglas del justicialismo.

Si Juan Manuel Urtubey reaparece con el PJ o con aquel sello de Fuerza Patria que un dirigente de tercera línea inscribió hace dos décadas también recolectará un capital político muy similar en las urnas. La lectura definitiva resulta tan incómoda como reveladora para ambos bandos enfrentados, si Urtubey y Sáenz no confluyen en la misma línea partidaria les resultará muy difícil competir contra La Libertad Avanza. A menos que Gustavo Sáenz termine dando la sorpresa y acepte, como susurran los rumores más persistentes, ser el candidato del partido que conduce el Presidente de la Nación.

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
@turconofal.