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Salta

Pedro García Castiella: entre el show de «Springfield» y el sistemático lavado de manos institucional

La estrategia de García Castiella fue clara: culpar al pasado y a terceros por los errores propios.

Pedro García Castiella
Pedro García Castiella

SALTA.- (Por Renato Ocampo) La reciente entrevista del procurador general Pedro García Castiella deja un sabor amargo: el de un funcionario que prefiere la descalificación mediática y la ironía antes que asumir las falencias de un sistema judicial que él mismo lidera. En un despliegue de cinismo político, Castiella comparó la realidad de Salta con una caricatura, mientras se despegaba de cualquier responsabilidad por los escándalos que rodean al caso Cordeyro y la fallida investigación de Jimena Salas.

En una intervención que buscó más el impacto retórico que la rendición de cuentas, el Procurador General de Salta, Pedro García Castiella, decidió atacar a los sectores sociales que claman por justicia. En lugar de ofrecer respuestas institucionales sólidas sobre las irregularidades en la causa de Jimena Salas, el funcionario optó por la burla: «Lo que pasa en Salta… ni en Springfield habría ocurrido ni se le hubiera ocurrido al autor de esta pira cómica a los Simpson». Con esta frase, Castiella no solo minimiza el dolor de los involucrados, sino que ridiculiza el escenario político y judicial de la provincia que el gobernador Gustavo Sáenz intenta presentar como un modelo de institucionalidad.

El «manual» de la irresponsabilidad

La estrategia de Castiella fue clara: culpar al pasado y a terceros por los errores propios. Al referirse al rol del ex comisario Vicente Cordeyro y el polémico DVD con pruebas que «apareció» convenientemente tarde, el Procurador se lavó las manos con una frase lapidaria: «Yo procurador no tengo la culpa de que Vicente Cordeyro haya en el año 2019… aportado esa información».

Para Castiella, la culpa siempre es de otro. En su afán por proteger su gestión, no dudó en arremeter contra la administración anterior de la Procuración, afirmando que «se haya cegado en la pista del viudo y descartar todo toda otra cosa». Sin embargo, omitió explicar por qué, bajo su mando, la justicia sigue pareciendo un laberinto de «chanchullos» que solo salen a la luz cuando la presión mediática es insoportable.

Un procurador que «no tapa», pero tampoco aclara

Aunque Castiella asegura que «no he venido a tapar ni a esconder chanchullos de otras gestiones debajo de la alfombra», su discurso destila una soberbia que choca con la realidad de las calles. Al referirse a las marchas que cuestionan la condena de Javier Saavedra, las calificó de absurdas, insistiendo en que el propio Vicente Cordeyro fue quien «aportó a la investigación el dato de la familia Saavedra». Según el Procurador, Cordeiro actuó con «absoluta bonomía de bien» al entregar un DVD con fotos de «el perrito, los vehículos y Saavedra».

Esta defensa cerrada de ciertos actores policiales, mientras tilda de «frivolidad» los fallos técnicos de otros tribunales, demuestra una preocupante parcialidad. Castiella parece más interesado en ganar la batalla cultural en los medios que en garantizar procesos transparentes. Su afirmación de que «las instituciones tienen mucho por lo que dar la cara» suena a una confesión de parte para un sistema que, bajo su tutela, parece estar más cerca de la ficción de Springfield que de la justicia real que Salta exige.

Castiella ha dejado claro que, ante la duda, su respuesta será el ataque. Pero en una Salta donde la política y la justicia caminan por la cuerda floja, el Procurador debería recordar que los ciudadanos no buscan guionistas de comedias, sino funcionarios capaces de garantizar la verdad sin excusas de «herencia recibida».