SALTA – Lo que debía ser una jornada festiva e institucional por la llegada del tren a Campo Quijano mutó rápidamente en un grotesco cuadro de miopía política. El fallido intento del dirigente y diputado provincial Roque Cornejo por ignorar al gobernador Gustavo Sáenz terminó convirtiéndose en un verdadero búmeran que dejó, una vez más, al descubierto el escaso vuelo táctico de la dirigencia local de La Libertad Avanza. En su afán por escenificar un antagonismo para la foto militante, la tropa salteña terminó recibiendo un disciplinamiento en vivo y en directo desde la cúspide del poder nacional.
El video del cruce no deja margen para especulaciones ni sobreinterpretaciones. En el preciso instante en que Cornejo pretendía presentar de manera excluyente a los legisladores provinciales libertarios ante la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, el mandatario salteño irrumpió con un firme «Qué tal, buen día, el Gobernador de Salta». Secundado por las diputadas Socorro Villamayor y Frida Fonseca, Sáenz se retiró del lugar marcando el desaire con un implacable «Es muy mal educado». Sin embargo, el golpe letal para la dirigencia libertaria local no vino del oficialismo provincial, sino del propio gabinete nacional. Lejos de secundar el ninguneo, Pettovello detuvo en seco a los referentes locales con una orden contundente: «Se saluda al gobernador». Ante la mirada desorientada de dirigentes como Franco Lastra, la funcionaria remató con una advertencia sin atenuantes que resonó de inmediato en los despachos de Balcarce 50: «El que maltrata al gobernador se la va a tener que ver conmigo».
El episodio expuso de forma descarnada el abismal divorcio que existe entre las urgencias territoriales de una dirigencia provinciana obsesionada con la figuración mediática y el pragmatismo que exige la conducción del Estado nacional. Mientras la tropa salteña confunde la construcción política con el agravio adolescente y la descalificación personal, la administración de Javier Milei necesita garantizar gobernabilidad, tejer mayorías parlamentarias y sostener pactos fiscales indispensables para la marcha macroeconómica. En esa arquitectura del poder real, Gustavo Sáenz no es un adversario a defenestrar en una estación de tren, sino un actor institucional central para la Casa Rosada.
Este severo llamado de atención a la dirigencia libertaria no constituye un hecho aislado ni producto de la euforia del momento. Es la continuidad de una línea política clara y explícita. Meses atrás, la propia Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, debió intervenir de manera tajante para frenar las embestidas verbales de la diputada María Emilia Orozco contra el mandatario provincial, dejando un mensaje inequívoco en la tropa salteña: Sáenz es un aliado estratégico de la gestión nacional. La reincidencia de la dirigencia local en desconocer esta premisa revela no solo inexperiencia, sino una torpeza geopolítica alarmante.
La política real no se edita en las redes sociales ni se resuelve con altanería de cabotaje; se teje sobre la base de conveniencias mutuas, números concretos y pactos de gobernabilidad. Salta necesita del gobierno nacional para garantizar recursos e infraestructura, pero el gobierno nacional necesita imperiosamente de gobernadores con musculatura propia y volumen político para sostener su gobernabilidad. Camino al 2027, el episodio de Campo Quijano dejó un mensaje devastadoramente claro para la tropa local: en el tablero del poder real, la Casa Rosada jamás permitirá que el capricho y el amateurismo de un puñado de dirigentes provinciales pongan en jaque los acuerdos de fondo con quienes realmente garantizan el gobernatorio nacional.