(Por Diego Nofal) Salta.- Qué milagro tan oportuno el de la senadora Flavia Royón, que después de haber facilitado el camino para que las mineras pisen los glaciares salteños ahora se convierte en una defensora acérrima del medio ambiente. La conversión ecológica de Royón es tan repentina como sospechosa, y llega justo cuando los mercados de carbono prometen ser un negocio millonario a nivel global. “El mercado de carbono es una gran oportunidad para la Argentina y una gran oportunidad de financiamiento y desarrollo”, declaró la exsecretaria de Energía con una sonrisa que no logra ocultar la contradicción.
Esa misma sonrisa la acompañó cuando votó a favor de la reforma de la Ley de Glaciares, una modificación que, según sus críticos, fue hecha a medida de las grandes transnacionales mineras. La senadora defendió entonces la iniciativa asegurando que “no se está entregando el agua, sino que se refuerza la protección”, aunque los ambientalistas señalaron que la reforma elimina la prohibición automática de actividades extractivas en zonas periglaciares.
Resulta admirable cómo Royón logra conciliar en su discurso dos posiciones tan opuestas, como si fueran las dos caras de una misma moneda que siempre cae del lado del dinero. Por un lado, promueve un proyecto de ley para establecer el marco regulatorio del mercado de carbono en Argentina, creando el Registro Nacional de Reducción de Emisiones y estableciendo estándares de monitoreo y verificación. Por el otro lado, fue la misma persona que impulsó el RIGI para facilitar la instalación de proyectos mineros altamente contaminantes, argumentando que “no tenemos más tiempo que perder” y que el régimen es necesario aunque no sea perfecto.
El abogado ambientalista Enrique Viale la acusó de tener “un pie en el Senado y otro en el directorio de empresas proveedoras mineras”, una imagen que describe perfectamente su doble militancia. Royón integra como vocal comisiones clave de Minería, Energía y Combustible, lo que le permite defender los intereses mineros desde adentro del propio Congreso.
La senadora sostuvo que Argentina tiene un potencial enorme en materia de carbono a través de proyectos de agricultura regenerativa, biochar y deforestación evitada. Sin embargo, al mismo tiempo, su voto favorable a la reforma de glaciares redujo el Inventario Nacional de Glaciares, limitándolo a sectores considerados estratégicos y dejando numerosas zonas sin protección legal. Esa reducción del inventario no es un detalle menor, porque precisamente en esas zonas “no estratégicas” es donde las mineras quieren instalar sus proyectos extractivos.
El proyecto Taca Taca, que Royón promovió activamente cuando fue secretaria de Minería, es un ejemplo perfecto de esta lógica perversa. La minera First Quantum Minerals necesita agua para explotar el cobre en la puna salteña, y esa agua solo puede venir de los glaciares o de un acueducto de más de 70 kilómetros. Royón sabe todo esto, pero prefiere mirar hacia otro lado mientras habla de sostenibilidad y desarrollo productivo.
Los mercados de carbono movilizaron más de 107.000 millones de dólares a nivel mundial durante 2025, y Argentina no quiere quedarse afuera de ese pastel. Royón explicó que su proyecto busca “dar un marco general para darle a nuestro país condiciones para que se pueda desarrollar este mercado” y participar de los mercados internacionales.
La pregunta que deberían hacerse los salteños es si esta repentina conciencia ecológica llegó para quedarse o si se irá tan rápido como llegó, apenas se apruebe la ley que regule el negocio del carbono. La coherencia no parece ser una prioridad para la senadora, pero el oportunismo sí lo es, y eso es lo único que realmente ha demostrado a lo largo de su carrera. Mientras los glaciares siguen derritiéndose en la puna, Royón sigue acumulando votos y negocios, convencida de que el ambiente es solo un mercado más por explotar.