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Opinión

La Libertad Avanza en Salta entre Orozco, Olmedo y un desplante Nacional

La ausencia de dirigentes nacionales y la restricción al contacto con medios expusieron tensiones internas durante el congreso juvenil libertario.

La Libertad Avanza Salta
La Libertad Avanza Salta

(SALTA).- (Por Diego Nofal)- El reciente congreso de la juventud de La Libertad Avanza en Salta sirvió para evidenciar la grieta interna que separa a la conducción nacional de los referentes locales como Emilia Orozco y Alfredo Olmedo. La cena de gala se convirtió en un escenario vacío de figuras nacionales, mostrando una distancia sideral entre la Casa Rosada y las bases del norte argentino. Los jóvenes militantes esperaban ver a algún ministro, pero el único invitado de peso fue el influencer Iñaki Gutiérrez, quien ya no goza de la mejor fama en el ecosistema libertario. La falta de funcionarios de primera línea fue un mensaje tan claro como el agua, y ese mensaje dice que nadie quiere venir a Salta.

El desaire hacia Emilia Orozco y Alfredo Olmedo fue tan notorio que hasta el más distraído de los asistentes pudo percibir que algo no encajaba en el relato oficial del partido. Todos sabemos que estos dirigentes están más lejos del poder central que el propio gobernador Gustavo Sáenz, a quien suelen criticar con vehemencia desde los micrófonos locales. Sin embargo, lo que ocurrió en el congreso superó cualquier especulación política y se convirtió en una muestra de desprecio institucional hacia la provincia. La dirigencia nacional decidió no pisar suelo salteño, dejando a los organizadores con una responsabilidad que no pudieron llenar con discursos vacíos ni con promesas incumplibles. Fue un acto de ausencias, donde los silencios gritaron más fuerte que los aplausos.

El congreso terminó siendo un masturbatorio gigantesco de gente halagándose mutuamente sin nada de doctrina política mucho menos de formación partidaria. La Libertad Avanza no tiene doctrina, es simplemente un montón de ideas sueltas que se fueron acomodando y aggiornando con el correr del gobierno. Así pasamos de la dolarización a una supuesta competencia de monedas que no es tal, y del cierre del Banco Central a una norma bastante laxa que puede ser modificada por cualquier congreso posteriormente. Los jóvenes asistentes esperaban formación, pero se encontraron con un festival de eslóganes sin contenido y promesas que no resisten el más mínimo análisis económico. La falta de sustancia ideológica es la marca registrada de un espacio que nació al calor de las redes sociales y no de las aulas universitarias.

Pero el detalle más grave y preocupante fue la prohibición expresa de hablar con los medios de comunicación locales durante todo el desarrollo del evento. Yo me pregunto a qué le tienen miedo, si no pueden contestar las preguntas de los periodistas o si temen que se les enrostre las mentiras que ha lanzado descaradamente este gobierno. Este ataque contra el periodismo, que empezó con el kirchnerismo, se profundizó con La Libertad Avanza y es la peor formación que podemos darle a los chicos. Hacerles creer que la libertad de expresión y la libertad de prensa son ataques al gobierno es una de las actitudes más antidemocráticas que ha tenido la Argentina. Y créanme que en un país que ha enfrentado suspensiones democráticas, decir esto es muchísimo, porque sabemos bien a dónde llevan esos discursos de censura y control de la información.

Los jóvenes militantes fueron tratados como menores de edad incapaces de sostener un diálogo con la prensa, lo que revela un profundo desprecio por su capacidad crítica y su formación política. Si esa es la forma en la que están enseñándoles a ingresar a la política, vamos directo a la aniquilación de las libertades individuales de las que tanto habla el presidente de la nación. La estrategia de aislar a los participantes del contacto periodístico busca construir una burbuja de pensamiento único donde solo resuene la voz oficial y se descalifique cualquier otra mirada. Esa técnica autoritaria no es nueva, pero duele verla aplicada con tanta naturalidad por quienes dicen defender la libertad por encima de todas las cosas. La paradoja es tan evidente que resulta casi cómica, si no fuera porque estamos hablando de la formación de los futuros dirigentes del país.

Por si fuera poco, el congreso careció de la más mínima estructura de debate o intercambio de ideas, convirtiéndose en un monólogo interminable de referentes menores. Las exposiciones se limitaron a leer discursos escritos por asesores que nunca pisaron Salta, sin espacio para preguntas ni para el más leve atisbo de controversia. Los jóvenes, que deberían ser el motor del cambio, fueron reducidos a meros espectadores de un show político diseñado para las redes sociales y los videos de TikTok. La participación real fue nula, y la ilusión de pertenecer a un movimiento transformador se desvaneció ante la evidencia de un aparato verticalista y cerrado. La juventud quedó reducida a un adorno fotogénico para las publicaciones oficiales, sin voz ni voto en las decisiones que supuestamente los afectan.

La ausencia de los grandes nombres del gobierno nacional confirma que La Libertad Avanza ve a Salta como un territorio secundario, útil para las elecciones pero irrelevante para la toma de decisiones estratégicas. Orozco y Olmedo quedaron expuestos como figuras decorativas, sin poder real ni capacidad de convocatoria a nivel nacional, y eso es un golpe duro para sus aspiraciones políticas. Mientras tanto, la militancia base sigue ilusionada con un cambio que parece cada vez más lejano y que se diluye en las internas y los desplantes de la cúpula porteña. El congreso fue un espejo de lo que es este espacio político: mucho ruido, pocas nueces y una estructura que se sostiene más por la fe que por los hechos concretos. Salta merece dirigentes que la respeten y que no la utilicen como escenario para sus frustraciones personales.

En definitiva, el congreso de la juventud libertaria en Salta dejó más dudas que certezas y un regusto amargo entre quienes esperaban algo distinto a un simple acto de campaña. La prohibición de hablar con la prensa, la falta de referentes nacionales y la vacuidad de los discursos son síntomas de una enfermedad política que ya conocemos. La diferencia es que ahora el enfermo se viste de modernidad y libertad, pero los síntomas son los mismos de siempre: autoritarismo, desprecio por el disenso y uso de los jóvenes como carne de cañón electoral. Ojalá que los chicos que participaron saquen sus propias conclusiones y no repitan los errores de quienes los utilizan para sus propios fines. Mientras tanto, Salta sigue esperando respuestas que no llegaron, y el tiempo político se agota sin que nadie parezca darse cuenta.