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Opinión

¿Qué pasó en Salta que hasta Fernando Mazzone se anima?

El titular de la Asociación Docente Provincial se lanza a la gobernación en plena polémica por los sesenta colegios fantasmas y con críticas feroces dentro de su propio gremio.

Fernando Mazzone - ADP
Fernando Mazzone - ADP

(SALTA).-( Por Diego Nofal)- En Salta muchos se preguntan qué pasó para que Fernando Mazzone se anime a postularse como gobernador en pleno año electoral y desafiar al sentido común de la política provincial. El titular de la Asociación Docente Provincial no solo parece un político amateur, sino que tampoco es querido dentro de su propio gremio, donde recibe críticas constantes y feroces.

En los últimos días se conoció la noticia de la existencia de sesenta colegios fantasmas con docentes nombrados ocupando cargos que no les corresponden y que generan gastos enormes a la provincia. Mazzone dejó pasar la noticia como quien oye llover y ahora se sospecha que gran parte de esos docentes son votantes de Fernando Mazzone según denuncias internas del gremio.

Quien inició la demanda por estos colegios fantasmas, Celia Alankay, asegura que el gremialista tiene gente de su entorno nombrada en esos lugares inexistentes y que la maniobra beneficia a su carrera política. Tal vez estas triquiñuelas de hacer ingresar docentes a colegios inexistentes le sirvan para ganar el gremio, pero no le alcanzarán para ganar la provincia porque los votantes salteños castigan estas cosas.

Fernando es hermano de Liliana Mazzone, una reconocida política local que construyó su carrera con polémicas, pero que supo negociar lugares importantes en listas y cargos públicos con una habilidad envidiable. A diferencia de la hábil Liliana, Fernando es un inútil político que no puede mantener el orden ni en su sindicato, se maneja de manera tosca y sus allegados presentan denuncias contra docentes que no comparten su línea.

Que Fernando Mazzone se postule para candidato a gobernador es un chiste de mal gusto, aunque él lo tome como una epopeya personal y una misión histórica sin sonrojarse. De hecho empecé a insistirle al almacenero de mi casa para que lance su postulación, porque tiene más tacto político y altura moral que cualquier sindicalista de esta provincia.

En las próximas horas vamos a hacer un sorteo entre los periodistas de El Intra Salta para saber cuál de nosotros lanzará su postulación a la máxima magistratura provincial. Les aseguro que cualquiera de nosotros saca más votos que Mazzone, incluso el que redacta obituarios con nostalgia y no tiene carisma ni para vender rifas en una escuela.

El problema no es solo la candidatura improvisada de un gremialista cuestionado, sino la señal de que en Salta cualquier nombre puede subirse a un atril sin ideas ni equipos. Los docentes que sufren descuentos, traslados y presiones internas miran a Mazzone con una mezcla de ironía y cansancio porque conocen de cerca su gestión gremial y sus silencios cómplices.

Tal vez Fernando Mazzone crea que su apellido le abre puertas, pero Liliana ya demostró que la astucia política no se hereda por parentesco ni por conveniencia familiar. Mientras la hábil Liliana negocia silencios y espacios de poder, el inútil Fernando acumula denuncias y candidaturas imposibles que avergüenzan a propios y ajenos en toda la provincia.

Los salteños merecen candidatos serios, no aventureros gremiales que confunden un sindicato con un trampolín electoral y una provincia con un botín para repartir entre allegados sin ningún pudor. Si Fernando Mazzone se anima a gobernar Salta, entonces cualquier almacenero, periodista o vecino distraído también puede animarse y quizás lo haga mejor con menos denuncias y más decencia.