(SALTA).- La legisladora nacional Emilia Orozco busca instalarse como alternativa al gobierno de Gustavo Sáenz. Se presenta como una dirigente capaz de enfrentar aquello que otros callan y construye su candidatura sobre una promesa de independencia. Pero esa condición no se demuestra con discursos: se prueba cuando aparece un tema incómodo.
La senadora opina con frecuencia sobre Javier Milei, la inseguridad y las disputas nacionales. Sin embargo, frente a ciertos episodios de Salta, su voz pierde la intensidad habitual. Si desde la oposición ya existen asuntos sobre los que no puede o no quiere hablar, cabe preguntarse qué autonomía tendría para gobernar.
No hace falta saber quién la condiciona para advertir el problema. Puede tratarse de relaciones personales, acuerdos partidarios, intereses electorales o instrucciones de su espacio. También podría ser una decisión propia para proteger alianzas. Cualquiera sea la razón, su rebeldía empieza a exhibir límites demasiado visibles.
La contradicción aparece con la denuncia sobre la Unidad Educativa N.º 7160. La presentación cuestiona una estructura de más de 300 cargos, posibles adicionales, superposiciones y el destino de recursos públicos. El expediente llegó a la Unidad de Delitos Económicos Complejos, que solicitó documentación al Ministerio de Educación.
La ministra Cristina Fiore negó que exista una “escuela fantasma”. Explicó que los cargos de establecimientos cerrados pueden ser reasignados para cubrir necesidades en otras instituciones. La investigación continúa abierta y, hasta el momento, no determinó la existencia de delitos ni estableció responsabilidades individuales.
Orozco no necesitaba condenar a nadie ni dar por ciertas las acusaciones. Podía reclamar transparencia, pedir que se exhibieran los nombramientos y exigir explicaciones sobre cada peso destinado a educación. Pero eligió no intervenir en una controversia que involucra directamente a la provincia que representa.
Los gobiernos nacionales cambian y los intereses de Salta no siempre coinciden con los de la Casa Rosada. Una dirigente condicionable difícilmente pueda gobernar con libertad. Si Orozco no demuestra independencia desde la oposición, será difícil creer que podrá ejercerla bajo las presiones mucho mayores de una Gobernación.