(SALTA).- La llegada de Javier Milei a Salta estuvo rodeada de un llamativo hermetismo. El presidente aterrizó este miércoles en el aeropuerto Martín Miguel de Güemes, procedente de Catamarca, pero su presencia quedó reducida a una escala para cambiar de avión. La mayoría de los medios locales informó sobre el movimiento de aeronaves, sin profundizar en las razones políticas de una visita que nunca llegó a concretarse.
El avión presidencial aterrizó a las 12.46, seis minutos después del horario previsto. Según la información difundida, se desplegó un importante operativo de seguridad a cargo de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Incluso se restringió la posibilidad de tomar fotografías y realizar filmaciones del arribo. Una circunstancia que terminó alimentando el hermetismo alrededor de un acontecimiento que, por su relevancia institucional, merecía mayor información pública.
El contraste resulta difícil de ignorar. Apenas unas horas antes, Javier Milei había desarrollado una agenda oficial en Catamarca junto al gobernador Raúl Jalil, con recorridas por instalaciones mineras y actividades vinculadas a inversiones millonarias. En Salta, en cambio, no hubo una recepción institucional anunciada, una conferencia de prensa ni una actividad programada. Tampoco trascendieron precisiones oficiales sobre eventuales saludos con dirigentes políticos.
Los principales medios salteños comenzaron a informar sobre el aterrizaje y el posterior regreso a Buenos Aires. Sin embargo, las publicaciones se concentraron principalmente en los aspectos operativos del traslado presidencial. Quedó prácticamente sin respuesta una pregunta de evidente interés político: ¿por qué Javier Milei decidió pasar por una provincia gobernada por uno de sus aliados sin dedicarle siquiera una actividad pública?
Gustavo Sáenz, Emilia Orozco y una escala políticamente incómoda
La ausencia de una actividad presidencial adquiere otra dimensión cuando se observa la relación entre Gustavo Sáenz y La Libertad Avanza. El gobernador mantiene canales de diálogo con la Casa Rosada y acompañó distintas iniciativas nacionales, mientras que Emilia Orozco representa un sector libertario enfrentado al oficialismo provincial. Una fotografía conjunta podría haber dejado al descubierto las contradicciones de una relación política cada vez más compleja.
Tampoco debe pasarse por alto que una visita presidencial exige decisiones que van más allá del protocolo. ¿Quién recibe al mandatario? ¿Gustavo Sáenz, como gobernador de la provincia, o Emilia Orozco, como referente del espacio presidencial? ¿Qué lugar ocupa Alfredo Olmedo? Cada respuesta supone un mensaje político. Evitar una actividad pública también evita tener que resolver esas disputas frente a las cámaras.
Lo llamativo es que tampoco hubo demasiadas preguntas públicas sobre esas ausencias. La cobertura de buena parte de la prensa salteña dejó el acontecimiento reducido a un cambio de aeronave, cuando la decisión de no desarrollar actividades en Salta contrastaba claramente con el tratamiento institucional recibido por el Presidente en Catamarca. No hace falta atribuir intenciones ocultas para advertir que esa diferencia merece una explicación.
Javier Milei estuvo en Salta, pero su paso dejó más interrogantes que certezas. No se informó oficialmente de un encuentro con Gustavo Sáenz, tampoco de contactos con los principales referentes libertarios y las restricciones para obtener imágenes limitaron el registro público del arribo. La pregunta permanece abierta: ¿fue simplemente una escala técnica o la manera más conveniente de evitar una fotografía políticamente incómoda?





